Cuando pienso en Patricia Furlong y en su programa La Fiaca, recuerdo a mi amiga Elsa, la que me enseñó el concepto de "mujer brava". Ese tipo de persona cuya conciencia es un radar que abarca un radio de muchos kilómetros y recibe sus señales con mucha intensidad. Ella detecta en profundidad. Actua en consecuencia. No se inhibe. De ahí su fuerza generosa y esa emoción que llena su voz. Gracias, querida Fiaca.
miércoles, 12 de mayo de 2021
La FiaCa
Cuando pienso en Patricia Furlong y en su programa La Fiaca, recuerdo a mi amiga Elsa, la que me enseñó el concepto de "mujer brava". Ese tipo de persona cuya conciencia es un radar que abarca un radio de muchos kilómetros y recibe sus señales con mucha intensidad. Ella detecta en profundidad. Actua en consecuencia. No se inhibe. De ahí su fuerza generosa y esa emoción que llena su voz. Gracias, querida Fiaca.
viernes, 7 de mayo de 2021
VERDE PEZ BURBUJEANTE
(De: Entretanto, en algún lugar. Ángela Mallén.El Desvelo Ediciones, 2020)https://eldesvelo.es/producto/entretanto-en-algun-lugar/
Fue justo en aquella larga noche de finales de junio cuando sentí la llamada del mar. Si esto te ocurre, y ocurre pocas veces, es prácticamente imposible ignorarlo. Quien haya pasado por esta situación, me comprenderá.
A pesar de mi carácter taciturno e irresoluto, en cuanto amaneció -era un día de cielo limpio como si la creación acabara de estrenarse en exclusiva para mí-, me puse manos a la obra: preparé un par de bocadillos de queso con tomate, un par de piezas de fruta bien lavada y un botellín de agua fría. Lo puse todo dentro de la nevera pequeña y me fui andando hasta el puerto. No llevaba móvil ni otras zarandajas; sólo íbamos mi neverita y yo. La casa de alquiler donde estábamos pasando el verano no quedaba lejos del embarcadero, a unos veinte minutos a pie. Aquella era una zona muy turística, donde podías encontrar pintorescos pueblos con sabor medieval para dar paseos placenteros y calas paradisíacas donde tomar un buen baño tranquilo. Eugenio y yo solíamos recorrerlas por las mañanas, bien temprano, o ya a la caída de la tarde. Todo el santo día íbamos en bañador. Yo llevaba un pareo como máxima indumentaria, y el sombrero para proteger la cabeza. Unas vacaciones como es debido.
Cuando llegué aquella mañana al embarcadero, estaban los pescadores preparando sus barcas y aparejos. Yo no tengo idea de las artes de pesca, como tampoco me interesa nada que tenga que ver con la caza. No me gustan los ojos alerta de los cazadores ni las manos rudas del pescador. Procuro ahorrarme el olor de la sangre y la mirada muerta de los animales.
CONTINÚA en Revista AGITADORAS
sábado, 3 de abril de 2021
TAM-TAM
Este es el año de las paradojas. Sabíamos que la realidad imita a la ficción, pero lo que no sabíamos es que la realidad también imita a la ciencia-ficción. Ahora que lo sabemos, seguimos prefiriendo la ciencia-ficción frente a la ciencia real. Por eso no paramos de ver series cada vez más largas y distópicas en las plataformas que imitan a las salas de cine.
Este es el año de la inacción. Nadie fabrica nada, salvo FFP2, FFP3, gel hidroalcohólico y armarios de todos los tamaños.
Este es el año de las mezclas. Combinando lo real con lo “irreal” resulta lo surreal. Si lo irreal se fusiona con lo “real” llegamos a lo infrarreal. Y eso no es todo, lo Infrarreal sumado a lo suprarreal dan lo hiperreal. Ya lo dudaba el psicólogo Paul Watzlawick en inglés: How real is real, y en alemán: Wie wircklich ist die Wircklichkeit. El libro quedó traducido al castellano por “¿Es real la realidad?”, con lo cual la duda cuantitativa sobre los grados se tornaba duda metafísica. Yo estaba en desacuerdo con esta traducción. Sin embargo, este año me parece tan acertado el traductor como el autor.
Este es año de la revelación. Nunca se había enfrentado la humanidad a tan altas cuotas de desenmascaramiento. Se diría que estamos aprendiendo a relacionar lo cotidiano con lo apocalíptico, lo emocional con lo irracional y el discernimiento con las farragosas leyes del azar.
Este es el año de la confusión. Antes nos gustaba quedarnos con lo genuino, pero tras décadas de manipulación informativa se hizo imposible distinguir el original de la copia porque no te lo vendían con su sello de calidad. Los comunicadores empezaron a jugar con la comunicación instaurando aquel invento interesado que dio en llamarse “desinformación” justo allá por los años del auge informativo. A mayor proliferación de medios de comunicación de masas, más virulencia desinformativa. Hasta llegar a la aberración de las fake news que se transmiten como esporas por las redes sociales y los portales de noticias. El caso es que hemos pasado del gusto por lo verdadero a la dependencia de lo velado.
Pero los publicistas de todos los mundos se encuentran ahora en estado de hibernación doméstica y su metabolismo creativo ha descendido a niveles de vendedores de palanganas. Los periodistas no logran la velocidad de procesamiento necesaria para retransmitir la variabilidad de las noticias con su tergiversación incluida. Los tertulianos carecen en sus hogares de la verborrea que les insuflan las radios y las televisiones. Los políticos no estaban acostumbrados a la mascarilla, sino a la mascarada; por eso se les escapa a veces la verdad. Y eso nos inquieta. Porque hace tiempo que no nos gusta la verdad, y menos que nos la comuniquen quienes antes eran tan amables de fabricarnos una realidad bonita que imitaba a la ficción. Una realidad ajustable a las veleidades del consumidor. En este año feo, la verdad está en manos de comunicadores aficionados.
Watzlawick, el héroe a quien tuve la dicha de conocer en persona, nos dejó por escrito que la comunicación crea lo que llamamos realidad:
“La historia de la humanidad enseña que apenas hay otra idea más asesina y despótica que el delirio de una realidad “real” (entendiendo, naturalmente, por tal, la de la propia opinión), con todas las terribles consecuencias que se derivan con implacable rigor lógico de este delirante punto de partida. La capacidad de vivir con verdades relativas, con preguntas para las que no hay respuesta, con la sabiduría de no saber nada y con las paradójicas incertidumbres de la existencia, todo esto puede ser la esencia de la madurez humana y de la consiguiente tolerancia frente a los demás. Donde esa capacidad falta, nos entregaremos de nuevo, sin saberlo, al mundo del inquisidor general y viviremos la vida de rebaños, oscura e irresponsable, sólo de vez en cuando con la respiración aquejada por el humo acre de la hoguera de algún magnífico auto de fe o por el de las chimeneas de los hornos crematorios de algún campo de exterminio.”
El mundo se nos esté yendo de las manos porque no nos cabe en la cabeza su complejidad. Por eso la comunicación, en la era de la comunicación, debería volver a la sencillez, beneficio y contundencia del tam-tam. Deberíamos decirnos lo que vemos y aceptar que no vemos lo mismo porque no alcanzamos a ver más que pequeñas partes; que no veo lo que ves porque tu realidad es tu opinión y porque nuestras verdades son tan relativas y a la vez tan valiosas que dan ganas de reír, llorar y gritar en este pequeño planeta perdido en el gran misterio.
Queridos y queridas negacionistas,
relativistas, fundamentalistas, fatalistas o conformistas, quizás sea éste el año
de nuestra maduración. Eso implicaría convertirnos en guardianes de nuestras
pepitas de verdad.
sábado, 27 de marzo de 2021
MÁS IMPORTANTE QUE IMPORTANTE
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| Imagen: Ricardo Carpani |
Llevo toda la vida diciendo que soy poca cosa. La gente me regaña. Mi madre me reñía, mis amigos me riñen. ¿Cómo puedes decir eso? Te quitas mérito. Te ofendes a ti misma. Es obsceno.
No os pongáis así, digo yo. Si comparas lo que tienes dentro con lo que hay
fuera, uno es poco. A mí me parece mentira que alguien se las dé de importante,
que alguien se crea grande. Se confunde ser con ser-grande. Cuanto más grande,
más eres. Eres más grande que grande. Así piensan muchos que, rizando el rizo,
confunden ser con tener y tener con tener-importancia. Se confunde comprender
con comprehender.
Soy una miaja de algo cambiante. Cómo puede alguien creerse más que eso.
Quizás porque eso es lo que le recomienda la publicidad: Porque tú lo
vales. ¿Qué vales? ¿Por cuánto te vendes? A lo mejor hemos llegado al
meollo: hay que ponerse en venta y buscar un sobreprecio, un margen para el
regateo al que te verás sometido. Una plusvalía.
Soy una chispita de algo indefinido, incógnito, inabarcable. Y el otro
también, y el otro, y el otro. Nadie sabe de qué clase de sustancia somos esa
diminuta porción. ¿Dónde ves tú la importancia del tamaño, la cantidad, la
medida? ¿Dónde? Soy, eres, y somos un pelín de lo mismo: de esa extrañísima,
fabulosa materia que se deja personalizar y siempre adquiere matices
asombrosos.
No entiendo a los hinchas de sí mismos, a los practicantes del yoísmo. La
única manera de estar en el mundo para mí es siendo una pequeña egoescéptica,
pasmada ante la multiplicidad.
viernes, 5 de marzo de 2021
¡Corten!
Clicar aquí: Lectura de Ángela Serna
viernes, 11 de diciembre de 2020
Baobab
miércoles, 25 de noviembre de 2020
SILENCIO
EL SILENCIO TE HACE CÓMPLICE.
En la voz de Juan Luís Deza, mi poema “Silencio” se vuelve pura emoción.
(Este es el vídeo con el que el Área de Igualdad de la Diputación de Valencia conmemora este año 2020 el 25N, bajo el lema EL SILENCIO TE HACE CÓMPLICE. El equipo artístico y técnico: Óscar Vidal (soundpainting), Albert García Sauri y Esther (danza), Adriana Sena Alcover (chello), Albert (piano) Juan Luis Deza (rapsodia), Ángela Mallén (poema), Israel Sánchez Beato (director fotografía), Gracia Navarro Alcover (coordinación).
"... la crudeza de unos datos desoladores que desde 2003 dejan 1.071 mujeres asesinadas en España a manos de sus parejas o exparejas, 38 de ellas en lo que llevamos de año, a fecha 30 de octubre. Frente a esta lacra social que desde 2013 se ha cobrado la vida de 37 menores, la Diputación reitera su apoyo a todas las víctimas, directas e indirectas, e insiste en visibilizar a los maltratadores, contra los que resulta determinante la implicación social." (DE AQUÍ. El Periódico)
sábado, 17 de octubre de 2020
"Ella vive en el traje que se está haciendo"
Letras para el Arte. Museo ARTIUM. Vitoria-Gasteiz
Se han cumplido cinco años desde aquel diálogo poético con la obra "Ella vive en el traje que se está haciendo", de Eva Lootz. Guardo muy buen recuerdo de este día, y también agradecimiento a la profesora y artista de euritmia Caridad Jiménez*, quien me acompañó para establecer no sólo un diálogo con la imagen de Lootz sino también una verdadera conversación con el movimiento, el sonido y la palabra. Gracias además a ARTIUM, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, por invitarme al espacio "Letras para el Arte" y cedernos su auditorio e infraestructura. Y quiero mencionar a Elena Roseras, responsable de Biblioteca y Documentación, por su profesionalidad y buen hacer.
*(La euritmia es una forma de meditación occidental basada en lo arquetípico del sonido).
martes, 22 de septiembre de 2020
FRÍO
Impresionante lectura de la poeta Ángela Serna del poema que le dediqué a mi madre en el libro La noche en una flor de Baobab. Le estoy muy agradecida a mi querida y admirada Ángela por prestarle a estos versos su voz y su emoción.
sábado, 5 de septiembre de 2020
Presentación de "Entretanto, en algún lugar"
Todos los protocolos se cumplieron: mascarillas, distancia, gel, asepsia. El aforo reducido se completó y el libro se presentó. Los ojos lectores y escritores se miraron.
Gracias al público por su presencia, a pesar de tantos pesares. Y agradecemos también la implicación de los responsables culturales en la librería FNAC (David en San Sebastián y Ana en Bilbao) para que la actividad resultara segura.
jueves, 3 de septiembre de 2020
Primeros encuentros en ¿la realidad?
PRESENTACIÓN EN FNAC DE SAN SEBASTIÁN Y DE BILBAO
lunes, 31 de agosto de 2020
ÁGORA (Papeles de arte gramático)
viernes, 26 de junio de 2020
HastA enContraRNos . . .
jueves, 4 de junio de 2020
EntreTanto, en Algún LuGar
Nuevo libro. Nueva normalidad. Todo nuevo.
El libro se llama Entretanto, en algún lugar. La editorial, El Desvelo Ediciones. La portada es de Victoria O´May. El prólogo es de Julia Otxoa. Entre tantas personas queridas y admiradas, "lo nuevo" ya tiene para mí una gran cantidad de "bueno". Gracias.
El libro es de cuentos (o no tan cuentos). Algunos son pequeños y traviesos. Otros son ya mayores. En todos hay una parte fresca y otra madura. Espero que cada cual encuentre el suyo y se lo quede.
"Las nubes negras con borde amarillo
se rompieron contra las montañas como si fueran cáscaras de huevo, y la luz se
desparramó hecha clara y yema dentro del valle. Yo todavía seguía electrizado e
imantado. Podría pensarse que mi cuerpo era de hierro y níquel.
Lo había visto un cuarto de hora
antes, en el área de servicio de la autopista A-8, mientras esperaba turno en
la cola de la cafetería self-service. Era delgado y huesudo como un insecto
palo. Su cara triangular reforzaba el efecto de lepidóptero, su nariz griega
le añadía un porte digno, y sus cejas oscuras resultaban un acento, una tilde
para subir el énfasis de su expresión neutra. Llevaba jeans negros y un jersey
pegado de cuello perkins gris marengo. Esperaba su turno en posición
tan erecta que podría servir su espalda para nivelar la pared. Una figura apenas
real, poco humana. Desde su estatura no miraba a nadie ni parecía concentrado
en nada. Se limitaba a permanecer elevado en el aire del autoservicio como si
los cuatro puntos cardinales lo sujetaran y lo enderezaran. Yo no era capaz de
despegar mis ojos del insecto palo. Imaginé cómo sería tocarlo, lo mismo que
un niño siente el impulso de atrapar una lagartija solo para apreciar su
pequeña naturaleza diferente. Imaginé sus aristas cortando mis dedos igual que
un cuchillo afilado. Porque eran filos sus huesos, no ángulos. Toda una
hipérbole de la ligereza y del riesgo. No quería mirarlo más por si él bajaba
su vista y me atrapaba en mi silla como un insecto mayor atrapa a la mosca de
un lengüetazo. Por eso le lanzaba pequeños vistacitos mientras me fumaba un
cigarro a grandes bocanadas. Al ver que él seguía en calma, empecé a
demorarme en detalles cada vez más nimios: los ojos en forma de hoja de roble,
la media melena ondulada del color de la hojarasca seca, los largos dedos con
los que tecleó una sola vez en el móvil. Y también una vez solo tropezaron sus
ojos de roble con los míos. Un microsegundo, si existe esa medida. Fue un
instante en el que me sentí más consciente por dentro que por fuera.
Desapareció la carne y se tocaban mis neuronas, humores y cartílagos como si
mi cuerpo fuera un paisaje de cielo, tierra y agua.
Puede que recordar ese
estremecimiento me impeliera a maniobrar para bajar de la autopista y desandar
la decena larga de kilómetros hasta regresar a la estación de servicio.
Mientras tanto me preguntaba por qué razón se envalentonaba mi yo cuando iba
subido a un vehículo. Ante el mundo detenido, sucumbía. Quizás mi espíritu se
petrificaba ante las normas. Ahora estaba en modo tregua. Podía escuchar mis
pensamientos por encima del ruido del coche, de la autopista y del mundo que
nunca calla. Podía escuchar también cómo mi corazón acelerado se adelantaba a
mis actos. No podía imaginar nada más allá de volver a mirar al bicho, y quizás
rozar alguno de sus filos. Me parecía que el aire habría de llenarse de un gas
ligero, más semejante al helio que al nitrógeno. Helio y oxígeno. Me parecía
factible pasarme el resto de mis días rozando las aristas, flotando en la vida.
Por eso tenía que jugármela.
Y volví allí. Y no tuve que
rebuscar ni sufrir. Lo vi sentado en un escalón de la entrada al bar, con las
finas y largas patas encogidas como a punto de dar un salto. Cualquiera diría
que estaba esperándome.
Se
acababa marzo. La arboleda que crecía a la orilla de la autopista empezaba a
revivir con ese color de verdura fresca que enciende los sentidos. Yo estaba
de pie junto a la puerta del coche cuando los ojos en forma de hoja de roble
cayeron flotando sobre los míos. Y después de demorarse en mirarme, los ojos
de roble miraron en dirección a la arboleda".
jueves, 28 de mayo de 2020
Jueves de DomiNGo.
Hemos
dado un paseo por los humedales de Salburua para visitar a los amigos ciervos,
quienes, al vernos, continuaron rumiando su menú de hierba más fresca y
crecida que nunca. Hoy hace tarde de domingo, aunque sea jueves. La gente pasea por los anillos verdes y también por la
ciudad, alegres y relajados, vestidos de domingo, aunque sea jueves. Ya no vamos de trapillo como
durante los meses de confinamiento, cuando nadie se vestía para los demás, sino
para bajar al súper o a la farmacia con la ropa de andar por casa, o con una
camiseta y unos pantalones viejos para tirar. Hoy ya no. La ciudadanía ha
despertado de su extraño y atemorizado letargo y ha elegido la ropa que se iba
a poner. Los colores concuerdan y la cabeza va erguida. Aunque la mascarilla
borre la boca, la sonrisa llega hasta los ojos, cejas y frente. No sólo la boca
dibuja la sonrisa. Y a pesar de la imagen distópica de la gente con mascarilla,
nadie teme al apocalipsis bajo el sol. La ciudad ha perdido los tonos plomizos y en
el ánimo no resuena el acorde sostenido de órgano como en las películas futuristas
catastróficas. Necesitamos volver a la normalidad, como dicen unos; o a la
subnormalidad, como dicen los “graciosos”. Pronto haremos balances, estudios,
películas, retrospectivas, revisiones analíticas, prospecciones, documentales,
etcétera. Pero mucho me temo que un porcentaje de gente severamente alto lo haya
borrado de su disco duro para seguir creyendo que la “normalidad” de antes
existe todavía y es un valor seguro. Y cuando digo “antes” me refiero a toda la
vida. Eso explicaría que en los foros del poder hayamos vuelto a los tiempos de
la segunda República, a la crueldad, el exabrupto y la desfachatez beligerante de quienes no admiten la alternancia en los gobiernos.
No puedo dar la cara (entera) ante tanto despropósito.
Muchos habíamos caído en la tentación
de tener esperanzas en que el escarmiento de la pandemia y el tiempo de reflexión e introspección nos
rehabilitaran y predispusieran a una nueva forma mejorada(más creativa, respetuosa y sosegada) de ocupar un lugar en el mundo. Sin embargo, ni por esas. Estamos abocados a reincidir y estamos hechos a la fealdad del estancamiento. La pregunta del millón es: ¿qué
dosis de Covid-19 u otras catástrofes o plagas habrán de asolarnos antes de que la humanidad asuma sus errores?
lunes, 4 de mayo de 2020
Bajo el Cielo Limpio
A través de mi ventana veo pasar los trenes fantasma, veo pasar a un hombre cabizbajo que parece conducido por su perro, y veo pasar las nubes cuyas formas ya nadie interpreta con mirada soñadora. En la ciudad detenida sólo escucho las campanas que doblan y el zumbido de un falso silencio hecho de una nueva sonoridad de intramuros.
El virus con nombre de Pokémon ha roto el encantamiento de la humanidad. Tras su alerta todos vemos al emperador desnudo. No era verdad que el progreso no tenga límites, que siempre se pueda acumular más riqueza y alcanzar mayor velocidad. Ni siquiera era verdad el bienintencionado crecimiento sostenible. El emperador está desnudo y la humanidad puede verlo ahora que el bicho con nombre de Pokémon ha roto el embrujo de Jafar, Maléfica o Cruella de Vil. Qué tristeza parecernos a los productos de la factoría Disney.
Nadie había imaginado cómo suena el mundo detenido. Ni siquiera tu pequeña ciudad detenida, tu barrio, tu bloque de viviendas donde los niños juegan en sordina. Ahora ya lo sabemos todos. Nuestros ojos han despertado. El zumbido del silencio nos sobrecoge. Y en el vacío extraño que provoca la inacción, los pensamientos alcanzan una profundidad que nunca se lograba con la velocidad. El pensamiento es un proceso quieto. La verdad es esa evidencia que emerge de una ciudad detenida bajo el cielo limpio.




















