martes, 8 de junio de 2021

Notas de un Paseo por "La Biblioteca del Caminante"

         Biblioteca del caminante, de Julia Otxoa (Poesía visual 1993-2009)


He visitado muchas veces la Biblioteca del caminante y he ido tomando notas. Aquí están:

Son los pies que necesita la sabiduría para caminar. 

Y las botas que pisan fuerte sin tener que tocar tierra.

Son los mundos que se ven en este mundo si es que miras.

Es pan para los pobres de espíritu y para los pobres de solemnidad. 

Pan para que comulguen, se purifiquen y se nutran.

Utensilios para desmontar (y montar) conceptos.

El significado del insignificante.

El secreto que intentan velar las manchas.

La muerte de cierta espera(nza) vana.

El arte de rev/belar(se).

La prueba de que existen artilugios vegetales.

Es un manual de uso alternativo de las máquinas ordinarias para cuando el mundo cambie.

Estrambotes extras para las leyes que parecen conclusas.

Un nuevo sistema de micropesos y cronomedidas para examinar los estamentos oficiales.

Una detallada topografía de los lugares que visitan los ojos cuando salen de sus órbitas.

El cosmos que Julia Otxoa desvela 

con su demostrada habilidad para el manejo de los espejos mágicos.

                                                                         Ver en "AGITADORAS"

miércoles, 12 de mayo de 2021

La FiaCa


Cuando pienso en Patricia Furlong y en su programa La Fiaca, recuerdo a mi amiga Elsa, la que me enseñó el concepto de "mujer brava". Ese tipo de persona cuya conciencia es un radar que abarca un radio de muchos kilómetros y recibe sus señales con mucha intensidad. Ella detecta en profundidad. Actua en consecuencia. No se inhibe. De ahí su fuerza generosa y esa emoción que llena su voz. Gracias, querida Fiaca.

FB Patricia Furlong

La Fiaca. Radio Vitoria (eitb.eus)

viernes, 7 de mayo de 2021

VERDE PEZ BURBUJEANTE

(De: Entretanto, en algún lugar. Ángela Mallén.
El Desvelo Ediciones, 2020)
https://eldesvelo.es/producto/entretanto-en-algun-lugar/

 

 

Fue justo en aquella larga noche de finales de junio cuando sentí la llamada del mar. Si esto te ocurre, y ocurre pocas veces, es prácticamente imposible ignorarlo. Quien haya pasado por esta situación, me comprenderá.

A pesar de mi carácter taciturno e irresoluto, en cuanto amaneció -era un día de cielo limpio como si la creación acabara de estrenarse en exclusiva para mí-, me puse manos a la obra: preparé un par de bocadillos de queso con tomate, un par de piezas de fruta bien lavada y un botellín de agua fría. Lo puse todo dentro de la nevera pequeña y me fui andando hasta el puerto. No llevaba móvil ni otras zarandajas; sólo íbamos mi neverita y yo. La casa de alquiler donde estábamos pasando el verano no quedaba lejos del embarcadero, a unos veinte minutos a pie. Aquella era una zona muy turística, donde podías encontrar pintorescos pueblos con sabor medieval para dar paseos placenteros y calas paradisíacas donde tomar un buen baño tranquilo. Eugenio y yo solíamos recorrerlas por las mañanas, bien temprano, o ya a la caída de la tarde. Todo el santo día íbamos en bañador. Yo llevaba un pareo como máxima indumentaria, y el sombrero para proteger la cabeza. Unas vacaciones como es debido.

Cuando llegué aquella mañana al embarcadero, estaban los pescadores preparando sus barcas y aparejos. Yo no tengo idea de las artes de pesca, como tampoco me interesa nada que tenga que ver con la caza. No me gustan los ojos alerta de los cazadores ni las manos rudas del pescador. Procuro ahorrarme el olor de la sangre y la mirada muerta de los animales. 

           CONTINÚA en Revista AGITADORAS

 

sábado, 3 de abril de 2021

TAM-TAM

 

Este es el año de las paradojas. Sabíamos que la realidad imita a la ficción, pero lo que no sabíamos es que la realidad también imita a la ciencia-ficción. Ahora que lo sabemos, seguimos prefiriendo la ciencia-ficción frente a la ciencia real. Por eso no paramos de ver series cada vez más largas y distópicas en las plataformas que imitan a las salas de cine.

Este es el año de la inacción. Nadie fabrica nada, salvo FFP2, FFP3, gel hidroalcohólico y armarios de todos los tamaños.

Este es el año de las mezclas. Combinando lo real con lo “irreal” resulta lo surreal. Si lo irreal se fusiona con lo “real” llegamos a lo infrarreal. Y eso no es todo, lo Infrarreal sumado a lo suprarreal dan lo hiperreal. Ya lo dudaba el psicólogo Paul Watzlawick en inglés: How real is real, y en alemán: Wie wircklich ist die Wircklichkeit. El libro quedó traducido al castellano por “¿Es real la realidad?”, con lo cual la duda cuantitativa sobre los grados se tornaba duda metafísica. Yo estaba en desacuerdo con esta traducción. Sin embargo, este año me parece tan acertado el traductor como el autor.

Este es año de la revelación. Nunca se había enfrentado la humanidad a tan altas cuotas de desenmascaramiento. Se diría que estamos aprendiendo a relacionar lo cotidiano con lo apocalíptico, lo emocional con lo irracional y el discernimiento con las farragosas leyes del azar.

Este es el año de la confusión. Antes nos gustaba quedarnos con lo genuino, pero tras décadas de manipulación informativa se hizo imposible distinguir el original de la copia porque no te lo vendían con su sello de calidad. Los comunicadores empezaron a jugar con la comunicación instaurando aquel invento interesado que dio en llamarse “desinformación” justo allá por los años del auge informativo. A mayor proliferación de medios de comunicación de masas, más virulencia desinformativa. Hasta llegar a la aberración de las fake news que se transmiten como esporas por las redes sociales y los portales de noticias. El caso es que hemos pasado del gusto por lo verdadero a la dependencia de lo velado.

Pero los publicistas de todos los mundos se encuentran ahora en estado de hibernación doméstica y su metabolismo creativo ha descendido a niveles de vendedores de palanganas. Los periodistas no logran la velocidad de procesamiento necesaria para retransmitir la variabilidad de las noticias con su tergiversación incluida. Los tertulianos carecen en sus hogares de la verborrea que les insuflan las radios y las televisiones. Los políticos no estaban acostumbrados a la mascarilla, sino a la mascarada; por eso se les escapa a veces la verdad. Y eso nos inquieta. Porque hace tiempo que no nos gusta la verdad, y menos que nos la comuniquen quienes antes eran tan amables de fabricarnos una realidad bonita que imitaba a la ficción. Una realidad ajustable a las veleidades del consumidor. En este año feo, la verdad está en manos de comunicadores aficionados.

Watzlawick, el héroe a quien tuve la dicha de conocer en persona, nos dejó por escrito que la comunicación crea lo que llamamos realidad:

“La historia de la humanidad enseña que apenas hay otra idea más asesina y despótica que el delirio de una realidad “real” (entendiendo, naturalmente, por tal, la de la propia opinión), con todas las terribles consecuencias que se derivan con implacable rigor lógico de este delirante punto de partida. La capacidad de vivir con verdades relativas, con preguntas para las que no hay respuesta, con la sabiduría de no saber nada y con las paradójicas incertidumbres de la existencia, todo esto puede ser la esencia de la madurez humana y de la consiguiente tolerancia frente a los demás. Donde esa capacidad falta, nos entregaremos de nuevo, sin saberlo, al mundo del inquisidor general y viviremos la vida de rebaños, oscura e irresponsable, sólo de vez en cuando con la respiración aquejada por el humo acre de la hoguera de algún magnífico auto de fe o por el de las chimeneas de los hornos crematorios de algún campo de exterminio.” 

El mundo se nos esté yendo de las manos porque no nos cabe en la cabeza su complejidad. Por eso la comunicación, en la era de la comunicación, debería volver a la sencillez, beneficio y contundencia del tam-tam. Deberíamos decirnos lo que vemos y aceptar que no vemos lo mismo porque no alcanzamos a ver más que pequeñas partes; que no veo lo que ves porque tu realidad es tu opinión y porque nuestras verdades son tan relativas y a la vez tan valiosas que dan ganas de reír, llorar y gritar en este pequeño planeta perdido en el gran misterio.

Queridos y queridas negacionistas, relativistas, fundamentalistas, fatalistas o conformistas, quizás sea éste el año de nuestra maduración. Eso implicaría convertirnos en guardianes de nuestras pepitas de verdad.

Ver en AGITADORAS

sábado, 27 de marzo de 2021

MÁS IMPORTANTE QUE IMPORTANTE

 

Ricardo Carpani

Llevo toda la vida diciendo que soy poca cosa. La gente me regaña. Mi madre me reñía, mis amigos me riñen. ¿Cómo puedes decir eso? Te quitas mérito. Te ofendes a ti misma. Es obsceno.

No os pongáis así, digo yo. Si comparas lo que tienes dentro con lo que hay fuera, uno es poco. A mí me parece mentira que alguien se las dé de importante, que alguien se crea grande. Se confunde ser con ser-grande. Cuanto más grande, más eres. Eres más grande que grande. Así piensan muchos que, rizando el rizo, confunden ser con tener y tener con tener-importancia. Se confunde comprender con comprehender. 

Soy una miaja de algo cambiante. Cómo puede alguien creerse más que eso. Quizás porque eso es lo que le recomienda la publicidad: Porque tú lo vales. ¿Qué vales? ¿Por cuánto te vendes? A lo mejor hemos llegado al meollo: hay que ponerse en venta y buscar un sobreprecio, un margen para el regateo al que te verás sometido. Una plusvalía.

Soy una chispita de algo indefinido, incógnito, inabarcable. Y el otro también, y el otro, y el otro. Nadie sabe de qué clase de sustancia somos esa diminuta porción. ¿Dónde ves tú la importancia del tamaño, la cantidad, la medida? ¿Dónde? Soy, eres, y somos un pelín de lo mismo: de esa extrañísima, fabulosa materia que se deja personalizar y siempre adquiere matices asombrosos.

No entiendo a los hinchas de sí mismos, a los practicantes del yoísmo. La única manera de estar en el mundo para mí es siendo una pequeña egoescéptica, pasmada ante la multiplicidad.


viernes, 5 de marzo de 2021

¡Corten!

Se acerca el 8 de marzo y hay que preparar la voz.
Lectura que hace la poeta Ángela Serna del cuento CORTEN, páginas 66 y 67 de "Entretanto en algún lugar" (A. Mallén. Ed. El Desvelo, 2020). En su voz todas las palabras cobran sentido, intención y vigor. Y una vez más, aquí queda patente su inagotable generosidad. Gracias, querida amiga.

Lectura de Ángela Serna



viernes, 11 de diciembre de 2020

Baobab

Del poemario "La noche en una flor de Baobab", publicado por Andrómina en el año 2009.
Este vídeo fue creado para la página web del Ateneo de Córdoba.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

SILENCIO



EL SILENCIO TE HACE CÓMPLICE. 

En la voz de Juan Luís Deza, mi poema “Silencio” se vuelve pura emoción. 

(Este es el vídeo con el que el Área de Igualdad de la Diputación de Valencia conmemora este año 2020 el 25N, bajo el lema EL SILENCIO TE HACE CÓMPLICE. El equipo artístico y técnico: Óscar Vidal (soundpainting), Albert García Sauri  y Esther (danza), Adriana Sena Alcover (chello), Albert (piano) Juan Luis Deza (rapsodia), Ángela Mallén (poema), Israel Sánchez Beato (director fotografía), Gracia Navarro Alcover (coordinación).

"... la crudeza de unos datos desoladores que desde 2003 dejan 1.071 mujeres asesinadas en España a manos de sus parejas o exparejas, 38 de ellas en lo que llevamos de año, a fecha 30 de octubre. Frente a esta lacra social que desde 2013 se ha cobrado la vida de 37 menores, la Diputación reitera su apoyo a todas las víctimas, directas e indirectas, e insiste en visibilizar a los maltratadores, contra los que resulta determinante la implicación social." (DE AQUÍ. El Periódico)


Todo esto ha sucedido hoy. Pero mañana habrá que seguir luchando contra el silencio cómplice. Hagamos que éste no sea un día de ruido, sino de concienciación y firmeza para cambiar una realidad que nos atañe a tod@s.

sábado, 17 de octubre de 2020

"Ella vive en el traje que se está haciendo"

Letras para el Arte. Museo ARTIUM. Vitoria-Gasteiz

Se han cumplido cinco años desde aquel diálogo poético con la obra "Ella vive en el traje que se está haciendo", de Eva Lootz. Guardo muy buen recuerdo de este día, y también agradecimiento a la profesora y artista de euritmia Caridad Jiménez*, quien me acompañó para establecer no sólo un diálogo con la imagen de Lootz sino también una verdadera conversación con el movimiento, el sonido y la palabra. Gracias además a ARTIUM, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, por invitarme al espacio "Letras para el Arte" y cedernos su auditorio e infraestructura. Y quiero mencionar a Elena Roseras, responsable de Biblioteca y Documentación, por su profesionalidad y buen hacer.

*(La euritmia es una forma de meditación occidental basada en lo arquetípico del sonido). 

VÍDEO 

   
                            (El Correo, 26-5-15)



martes, 22 de septiembre de 2020

FRÍO

Impresionante lectura de la poeta Ángela Serna del poema que le dediqué a mi madre en el libro La noche en una flor de Baobab. Le estoy muy agradecida a mi querida y admirada Ángela por prestarle a estos versos su voz y su emoción. 



miércoles, 9 de septiembre de 2020

Entre palabras anda el juego


Presentación
ENTRE TANTO, EN ALGÚN LUGAR
(Palabras de Juan L. de la Cruz)

Bilbao – FNAC
4 de septiembre de 2020

         Un minúsculo regalo con atisbos de inmensidad. Entre tanto significa tiempo. En algún lugar significa espacio. Ahí está todo. En el espacio-tiempo. En el tiempo-espacio. En el universo creado, construido con palabras. Mil. Dos mil. Tres mil palabras que se abren, que ascienden, que ahondan. Palabras limitadas que, por mor -por amor- de la matemática poética se resuelven en infinito.
         Este librito en prosa abriga mucho poema. El lenguaje es poético. Muchos personajes y muchas situaciones lo son, también. Poéticos. Ya lo hemos dicho: la autora. Y, por ende, el lector: éste se contagia de poesía, enferma de fantasía, de realidad, de belleza. El inapeable carácter poético de los textos los eleva a la categoría de fragmentos, de fragmentos de un todo. Cada cuento es -en delicioso ejercicio arquitectónico- independiente e interdependiente, un uno y un otro, flanco y blanco. El libro, pues: un libro de cuentos, un cuento de libros. Un poema.
         Entre tanto, en algún lugar es, además -quizá por todo ello-, un juguete literario, un entretenimiento lúdico. Un alarde de estilo. Destreza, fogueo y gimnasia verbal. Maniobras metafóricas, pirotecnia adjetival, caminata de vocablos sorprendentes y traviesos en pie de chanza. En efecto: una vena de humor -dramático, tantas veces- recorre la sangre lírica de esta teoría de fragmentos.
         Fragmentos, como no puede ser de otra frontera, de extensión variable. Desde el microrrelato hasta el cuento corto. O más largo. El infinito, claro, para decirse, precisa de su talla justa. Ángela Mallén, por tanto: modista de palabras, sastre del sinfín. Por si fuera poco. Por si fuera poca. Por si fuera roca.
         En el iceberg que es este libro -¡tanto libro en sólo uno!-, hondean -con hache de profundidad- puntos de vista narrativos muy originales; perspectivismo; homenajes al cine americano; pícaros acentos desubicados; rastros cervantinos; huellas bíblicas; metaliteratura y crítica literaria; jocosas referencias a la vacuidad televisiva, a la modernidad insubstancial…
         Y sabiduría. Mucha sabiduría. Entre tanto, en algún lugar descubrimos, también, un ensayo, filosofía plena, malleniana alta profundidad. Leyendo aprendo a aceptar las preguntas sobre las respuestas, la posibilidad sobre la certeza. Aprendo que hay que contar historias para que el tiempo no se aburra en su eternidad. Aprendo que nadie mira a una anciana excepto si se cae o se muere. Aprendo que la errada clave del siglo XX, del XXI, es la velocidad. Aprendo que no sé quién me ha regalado el tiempo; ni quién me lo quita. Aprendo que todo se va quedando lejos y dentro a la vez. Aprendo que es mejor investigar en lo blando. Aprendo que el silencio de los ausentes suena como si le dieras un trancazo a un cerdo que chilla. Aprendo que he de elegir cómo te llamas: Rosa, Felisa, Lorena, Pilar, Marta, Gala, Adela, Berta o Soraya. Aprendo que el formidable cajero chino de una tienda de chinos es, todo en uno -¡todo en uno!-, tendero, dependiente, reponedor, jefe de sección, director de mercadotecnia, asesor financiero, contable y apoderado general. Aprendo que el dolor del daño, del daño insolente y arrugado, es filoso, incongruente e inútil. Aprendo que hay que procurar no ahorrar, sino ahorrarse el dolor. Aprendo a valorar las cualidades perrunas de gozo, dignidad y fidelidad. Aprendo que un libro nuevo, un libro bueno, huele a tinta fresca; pero también huele a algo más: a esplendor, a corazón, a interior. Aprendo que mis amigos, al final, son ángeles, Ángela, diablos, vírgenes, zombis, androides, unicornios y parias. Aprendo que en los no-lugares (aeropuertos, estaciones, hoteles) se interrumpen muchas historias. Aprendo por qué la eternidad se va abriendo como una compuerta, como un telón, como una hernia. Aprendo a desentrañar perfumes: tomillo, genista, romero o quizá mirra, o sándalo, o almendras recién tostadas… Aprendo el color único de la camelia, el alelí, la violeta, la pasionaria, el nomeolvides, el pensel, la caléndula, el jacinto, la zábila. Aprendo que sólo hay que alejar un poco el objetivo para que lo múltiple se convierta en homogéneo. Aprendo a experimentar la belleza del estómago. Aprendo la importancia de la rotundidad: una ensaimada gigante, la escotilla de un batiscafo, un cernidor de oro, la tapadera de una alcantarilla, la rueda de un molino manchego, un charco con forma de palangana. Aprendo a identificar el perfil de un ciprés, el aliento de la nitroglicerina, la solemnidad de un cristo de montaña -inmaterial y equívoca como los neutrones-. Aprendo que la edad es no saber separar un verano de otro porque el tiempo se ha hecho, ya, de una pieza. Aprendo la monotonía. Aprendo a mantener tensa la musculatura de la sospecha. Aprendo a ser, a intentarlo, de carne y luz.  Aprendo que vivo la vida dormido. Durmiendo. Durmiéndome. Aprendo que todo es malo. Aprendo que en el confort reside la brutalidad. Aprendo que un monstruo gelatinoso me persigue a todas partes. Aprendo a tener el alma cortada.
 Muchas gracias.
(Juan L. de la Cruz) 



sábado, 5 de septiembre de 2020

Presentación de "Entretanto, en algún lugar"


Todos los protocolos se cumplieron: mascarillas, distancia, gel, asepsia. El aforo reducido se completó y el libro se presentó. Los ojos lectores y escritores se miraron. 








Y por un ratito, o dos, todo fue un poco más ligero. El editor Javier Fernández Rubio (El Desvelo Ediciones), el escritor Juan L. de la Cruz y la diseñadora Victoria 
O´May me acompañaron y arroparon.
Gracias al público por su presencia, a pesar de tantos pesares. Y agradecemos también la implicación de los responsables culturales en la librería FNAC (David en San Sebastián y Ana en Bilbao) para que la actividad resultara segura.


lunes, 31 de agosto de 2020

ÁGORA (Papeles de arte gramático)


Acabo de recibir ejemplar impreso de ÁGORA, revista de crítica y creación literaria. Preciosa edición e inmejorable compañía. Muy agradecida a su director, Fulgencio Martínez, por incluirme en una iniciativa que alegra y emociona en estos tiempos grises y mustios.


Para ver la edición digital, pincha aquí:  Revista ÁGORA










viernes, 26 de junio de 2020

HastA enContraRNos . . .

Hasta el momento de encontrarnos en algún lugar cara a cara, y mirarnos a los ojos, o cerrar los ojos para escucharnos... Entretanto... 

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jueves, 4 de junio de 2020

EntreTanto, en Algún LuGar

Nuevo libro. Nueva normalidad. Todo nuevo. 
El libro se llama Entretanto, en algún lugar. La editorial, El Desvelo Ediciones. La portada es de Victoria O´May. El prólogo es de Julia Otxoa. Entre tantas personas queridas y admiradas, "lo nuevo" ya tiene para mí una gran cantidad de "bueno". Gracias.
El libro es de cuentos (o no tan cuentos). Algunos son pequeños y traviesos. Otros son ya mayores. En todos hay una parte fresca y otra madura. Espero que cada cual encuentre el suyo y se lo quede.



Hoy voy a contaros el cuento de El insecto palo (página 50)

"Las nubes negras con borde amarillo se rompieron contra las montañas como si fueran cáscaras de huevo, y la luz se desparramó hecha clara y yema dentro del valle. Yo todavía seguía electrizado e imantado. Podría pensarse que mi cuerpo era de hierro y níquel.

Lo había visto un cuarto de hora antes, en el área de servicio de la autopista A-8, mientras espe­raba turno en la cola de la cafetería self-service. Era delgado y huesudo como un insecto palo. Su cara triangular reforzaba el efecto de lepidóptero, su na­riz griega le añadía un porte digno, y sus cejas oscu­ras resultaban un acento, una tilde para subir el énfa­sis de su expresión neutra. Llevaba jeans negros y un jersey pegado de cuello perkins gris marengo. Espe­raba su turno en posición tan erecta que podría ser­vir su espalda para nivelar la pared. Una figura ape­nas real, poco humana. Desde su estatura no miraba a nadie ni parecía concentrado en nada. Se limita­ba a permanecer elevado en el aire del autoservicio como si los cuatro puntos cardinales lo sujetaran y lo enderezaran. Yo no era capaz de despegar mis ojos del insecto palo. Imaginé cómo sería tocarlo, lo mis­mo que un niño siente el impulso de atrapar una la­gartija solo para apreciar su pequeña naturaleza dife­rente. Imaginé sus aristas cortando mis dedos igual que un cuchillo afilado. Porque eran filos sus huesos, no ángulos. Toda una hipérbole de la ligereza y del riesgo. No quería mirarlo más por si él bajaba su vis­ta y me atrapaba en mi silla como un insecto mayor atrapa a la mosca de un lengüetazo. Por eso le lanza­ba pequeños vistacitos mientras me fumaba un ciga­rro a grandes bocanadas. Al ver que él seguía en cal­ma, empecé a demorarme en detalles cada vez más nimios: los ojos en forma de hoja de roble, la me­dia melena ondulada del color de la hojarasca seca, los largos dedos con los que tecleó una sola vez en el móvil. Y también una vez solo tropezaron sus ojos de roble con los míos. Un microsegundo, si existe esa medida. Fue un instante en el que me sentí más consciente por dentro que por fuera. Desapareció la carne y se tocaban mis neuronas, humores y cartíla­gos como si mi cuerpo fuera un paisaje de cielo, tie­rra y agua.

Puede que recordar ese estremecimiento me im­peliera a maniobrar para bajar de la autopista y des­andar la decena larga de kilómetros hasta regresar a la estación de servicio. Mientras tanto me pregun­taba por qué razón se envalentonaba mi yo cuando iba subido a un vehículo. Ante el mundo detenido, sucumbía. Quizás mi espíritu se petrificaba ante las normas. Ahora estaba en modo tregua. Podía es­cuchar mis pensamientos por encima del ruido del coche, de la autopista y del mundo que nunca calla. Podía escuchar también cómo mi corazón acelerado se adelantaba a mis actos. No podía imaginar nada más allá de volver a mirar al bicho, y quizás rozar al­guno de sus filos. Me parecía que el aire habría de llenarse de un gas ligero, más semejante al helio que al nitrógeno. Helio y oxígeno. Me parecía factible pasarme el resto de mis días rozando las aristas, flo­tando en la vida. Por eso tenía que jugármela.

Y volví allí. Y no tuve que rebuscar ni sufrir. Lo vi sentado en un escalón de la entrada al bar, con las finas y largas patas encogidas como a punto de dar un salto. Cualquiera diría que estaba esperándome.

Se acababa marzo. La arboleda que crecía a la orilla de la autopista empezaba a revivir con ese co­lor de verdura fresca que enciende los sentidos. Yo estaba de pie junto a la puerta del coche cuando los ojos en forma de hoja de roble cayeron flotando so­bre los míos. Y después de demorarse en mirarme, los ojos de roble miraron en dirección a la arboleda".

 

Ver en AGITADORAS



  


jueves, 28 de mayo de 2020

Jueves de DomiNGo.

Hemos dado un paseo por los humedales de Salburua para visitar a los amigos ciervos, quienes, al vernos, continuaron rumiando su menú de hierba más fresca y crecida que nunca. Hoy hace tarde de domingo, aunque sea jueves. La gente pasea por los anillos verdes y también por la ciudad, alegres y relajados, vestidos de domingo, aunque sea jueves. Ya no vamos de trapillo como durante los meses de confinamiento, cuando nadie se vestía para los demás, sino para bajar al súper o a la farmacia con la ropa de andar por casa, o con una camiseta y unos pantalones viejos para tirar. Hoy ya no. La ciudadanía ha despertado de su extraño y atemorizado letargo y ha elegido la ropa que se iba a poner. Los colores concuerdan y la cabeza va erguida. Aunque la mascarilla borre la boca, la sonrisa llega hasta los ojos, cejas y frente. No sólo la boca dibuja la sonrisa. Y a pesar de la imagen distópica de la gente con mascarilla, nadie teme al apocalipsis bajo el sol. La ciudad ha perdido los tonos plomizos y en el ánimo no resuena el acorde sostenido de órgano como en las películas futuristas catastróficas. Necesitamos volver a la normalidad, como dicen unos; o a la subnormalidad, como dicen los “graciosos”. Pronto haremos balances, estudios, películas, retrospectivas, revisiones analíticas, prospecciones, documentales, etcétera. Pero mucho me temo que un porcentaje de gente severamente alto lo haya borrado de su disco duro para seguir creyendo que la “normalidad” de antes existe todavía y es un valor seguro. Y cuando digo “antes” me refiero a toda la vida. Eso explicaría que en los foros del poder hayamos vuelto a los tiempos de la segunda República, a la crueldad, el exabrupto y la desfachatez beligerante de quienes no admiten la alternancia en los gobiernos.

No puedo dar la cara (entera) ante tanto despropósito.

Muchos habíamos caído en la tentación de tener esperanzas en que el escarmiento de la pandemia y el tiempo de reflexión e introspección nos rehabilitaran y predispusieran a una nueva forma mejorada(más creativa, respetuosa y sosegada) de ocupar un lugar en el mundo. Sin embargo, ni por esas. Estamos abocados a reincidir y estamos hechos a la fealdad del estancamiento. La pregunta del millón es: ¿qué dosis de Covid-19 u otras catástrofes o plagas habrán de asolarnos antes de que la humanidad asuma sus errores?

  

lunes, 4 de mayo de 2020

Bajo el Cielo Limpio

A través de mi ventana veo pasar los trenes fantasma, veo pasar a un hombre cabizbajo que parece conducido por su perro, y veo pasar las nubes cuyas formas ya nadie interpreta con mirada soñadora. En la ciudad detenida sólo escucho las campanas que doblan y el zumbido de un falso silencio hecho de una nueva sonoridad de intramuros.

El virus con nombre de Pokémon ha roto el encantamiento de la humanidad. Tras su alerta todos vemos al emperador desnudo. No era verdad que el progreso no tenga límites, que siempre se pueda acumular más riqueza y alcanzar mayor velocidad. Ni siquiera era verdad el bienintencionado crecimiento sostenible. El emperador está desnudo y la humanidad puede verlo ahora que el bicho con nombre de Pokémon ha roto el embrujo de Jafar, Maléfica o Cruella de Vil. Qué tristeza parecernos a los productos de la factoría Disney.

Nadie había imaginado cómo suena el mundo detenido. Ni siquiera tu pequeña ciudad detenida, tu barrio, tu bloque de viviendas donde los niños juegan en sordina. Ahora ya lo sabemos todos. Nuestros ojos han despertado. El zumbido del silencio nos sobrecoge. Y en el vacío extraño que provoca la inacción, los pensamientos alcanzan una profundidad que nunca se lograba con la velocidad. El pensamiento es un proceso quieto. La verdad es esa evidencia que emerge de una ciudad detenida bajo el cielo limpio.



DiONiSiA Bajo Otros CiELOS

La poderosa mirada de Dionisia García se desliza sobre el paisaje "Bajo otros cielos".




Leer aquí: BAJO OTROS CIELOS

miércoles, 15 de abril de 2020

NO dESeO saLIR del PALIMPSESTO,



Cómo salir del palimpsesto
Ángela Serna
(Prólogo de Elsa López)
L.U.P.I. 2019
113 páginas


Se abre el telón. Son Calderón y Shakespeare. Penélope abre su ventana y escucha el cielo sobre el teatro del mundo. Alguien explora lo más liviano de la semiótica. Es Umberto Eco. Los lenguajes no son reinos que instauran las palabras. Ellas no reinan. Ellas son lo que vuela y lo que se asienta. Una poeta indaga en el proceso de sedimentación y en la aventura del arrastre. Es Ángela Serna. Mucho más allá del juego de los contrarios y del afán de la acumulación, la poeta soporta ser consciente del tránsito. Resiste. Rastrea la huella mínima que, siendo efímera, contribuye a marcar los caminos. El camino es la unión. El camino lleva al cruce. Todo es camino y caminar. El caminante interioriza y anota. Aventura, valor, precisión. El azul es caída. Reposo y caída. Cielo y mares. De eternidad en eternidad. Tanto en el tránsito de la nube como en la pirueta de la ola. Igual que una crisálida abriéndose a las puertas del mar. Y la voz se adelgaza para buscar no sólo la belleza, sino también la pureza. Por tanto, hay destilación. No sólo busca la poeta el dibujo que deja en el aire lo ausente, sino que busca su perfume también. Y su melancólica melodía. Desde la orilla, sólo me llega / la voz de un viejo sauce llorando. ¿Qué importa el dolor entonces? El dolor que ya era se vuelve sustrato, medio y vía. Hay reparación. Es Flaubert. Es preciso franquear los límites para rescatar ...Nos devolverá la locura / la cordura de creer / que fuimos un tiempo / dueños / de nuestras / infracciones... Hay que rizar el rizo de lo más azul para hallar lo más luminoso. Tanto en la singladura como en el vuelo. Avanzamos lentamente   confiando / al aire lo que es del aire. / Al mar lo que es del mar. Se cierra el telón y la lectora, emocionada, comprende que regresa de un viaje y de un reposo. Guarda en su memoria la odisea compartida en el laberinto de la palabra. Conoce un nuevo color, otra tonalidad más rica y matizada en el lecho del palimsesto. Y todo es agradecimiento y gozo. Y la lectora no desea salir del palimpsesto.