viernes, 3 de julio de 2026

LOS SECRETOS DEL AGUA

Cuando un libro me gusta, lo relleno de notas y glosas. Es mi forma de leer.

Notas sobre "CONJUNCIÓN DE LAS AGUAS", de GOYA GUTIERREZ

 

Edic. Contrabando

Colección Marte

Valencia, 2025

76 páginas

Prólogo Neus Aguado

 

El agua se adapta a la orografía del paisaje al igual que el alma se adapta al relieve de la vida. A veces, agua y alma ahogan. A veces hacen que todo salte por los aires. Y a veces es la vida la que se vuelve líquida como ambas. Agua y alma se asimilan en fluidez y cambio, adaptabilidad y purificación. “El agua es generadora de vida, purificadora y regenerativa”, dice Neus Aguado (agua es su nombre también) en su magnífico prólogo. Goya Gutiérrez hace de la poesía el cauce que apacigua el agua interna y el margen donde rezuman las palabras de arcilla para modelar el conocimiento. La palabra poética, lo más cercano al flujo anímico, asume sus propiedades. Como dijo Lao Tse: “Nada hay en el mundo más blando y débil que el agua, pero nada la supera para vencer lo duro”. El agua y alma, siempre en proceso de convertirse en algo distinto. Como también la palabra.

Palabras que aquí fluyen sueltas, liberadas de signos, pero encauzadas en un río de versos. Agua interna que discurre serena y luego salta en chorro, habitada por peces de lucidez y locura, ninfas de duda y certeza. Arrastrando los secretos del agua.

Agua que se remansa y se congela dentro del corazón. O embiste su ola antigua de deseo. Se desagua, cae al fondo. Se precipita. Se derrama. Agua bendita que bautiza y nombra, que exorciza el miedo y envejece tranquila. A menudo pesan en el ánimo sus gotas, pesan sobre tu espíritu como el tiempo sobre tus huesos. Agua hecha niebla que se infiltra en tu memoria. Agua azul como tu sangre cuando te vuelves sirena, tornasolada como tu plumaje cuanto te vuelves pájaro. Agua de mar que esconde galeones hundidos, calaveras de ahogados.

Y, “A contracorriente”, segunda parte del poemario, el agua inversa regresa a la fuente, remonta desde el valle hacia el cielo. El agua se hace árbol en un claro del bosque. Se hace gota de lluvia ácida. Acaricia el misterio que encierra tu cuerpo y, en un remanso, encuentras agua clara para tus manos, tu garganta, tu palabra. Somos agua, materia diluida fluyendo en la consciencia como fluye la música en un verso. Cuando el invierno la enfría, surgen aves oníricas transparentes, puntiagudas como estalactitas. Son las estatuas de hielo en que se vuelve el tiempo recordado. Tras el frío y las heladas, el calor evapora el presente y su memoria, la historia y sus actores. El agua es a la vez el tsunami que arrasa todas tus moradas y el deseo que reflota todos tus bosques. El agua siempre cuida del retoño y lo hace florecer, porque sin ella no crecen los paraísos.

En el profundo lago del inconsciente, solo cabe nadar hacia la ya impasible transparencia. De la oscuridad hacia la luz.

Al llegar a la tercera parte “Conjunción de las aguas”, la palabra se hace luz, como antaño el verbo se hizo carne. La lluvia ha limpiado la palabra, que se vuelve esperanza y gratitud por la vida exuberante. Como en los versos de Walt Withman: “…que prosigue el poderoso drama, / y que puedes contribuir con un verso”.

Y salimos del río, renovados, serenos, en el poema XI:

 

Conjuguemos las aguas     tamicemos sus hebras

Nombremos las Palabras

en las que aún creamos

pronunciemos                          un conjuro poético

para que el mundo sane

y de las grietas brote                             el líquido arbolado

del hallazgo que nos restituye

de nuestra casa interna

frente a cualquier quebrantamiento

 


       (Ángela Mallén. Vitoria-Gasteiz, 21 marzo 2026)