viernes, 5 de marzo de 2021

¡Corten!

Se acerca el 8 de marzo y hay que preparar la voz.
Lectura que hace la poeta Ángela Serna del cuento CORTEN, páginas 66 y 67 de "Entretanto en algún lugar" (A. Mallén. Ed. El Desvelo, 2020). En su voz todas las palabras cobran sentido, intención y vigor. Y una vez más, aquí queda patente su inagotable generosidad. Gracias, querida amiga.

Clicar aquí: Lectura de Ángela Serna



viernes, 11 de diciembre de 2020

Baobab

Del poemario "La noche en una flor de Baobab", publicado por Andrómina en el año 2009.
Este vídeo fue creado para la página web del Ateneo de Córdoba.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

SILENCIO



EL SILENCIO TE HACE CÓMPLICE. 

En la voz de Juan Luís Deza, mi poema “Silencio” se vuelve pura emoción. 

(Este es el vídeo con el que el Área de Igualdad de la Diputación de Valencia conmemora este año 2020 el 25N, bajo el lema EL SILENCIO TE HACE CÓMPLICE. El equipo artístico y técnico: Óscar Vidal (soundpainting), Albert García Sauri  y Esther (danza), Adriana Sena Alcover (chello), Albert (piano) Juan Luis Deza (rapsodia), Ángela Mallén (poema), Israel Sánchez Beato (director fotografía), Gracia Navarro Alcover (coordinación).

"... la crudeza de unos datos desoladores que desde 2003 dejan 1.071 mujeres asesinadas en España a manos de sus parejas o exparejas, 38 de ellas en lo que llevamos de año, a fecha 30 de octubre. Frente a esta lacra social que desde 2013 se ha cobrado la vida de 37 menores, la Diputación reitera su apoyo a todas las víctimas, directas e indirectas, e insiste en visibilizar a los maltratadores, contra los que resulta determinante la implicación social." (DE AQUÍ. El Periódico)


Todo esto ha sucedido hoy. Pero mañana habrá que seguir luchando contra el silencio cómplice. Hagamos que éste no sea un día de ruido, sino de concienciación y firmeza para cambiar una realidad que nos atañe a tod@s.

sábado, 17 de octubre de 2020

"Ella vive en el traje que se está haciendo"

Letras para el Arte. Museo ARTIUM. Vitoria-Gasteiz

Se han cumplido cinco años desde aquel diálogo poético con la obra "Ella vive en el traje que se está haciendo", de Eva Lootz. Guardo muy buen recuerdo de este día, y también agradecimiento a la profesora y artista de euritmia Caridad Jiménez*, quien me acompañó para establecer no sólo un diálogo con la imagen de Lootz sino también una verdadera conversación con el movimiento, el sonido y la palabra. Gracias además a ARTIUM, Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, por invitarme al espacio "Letras para el Arte" y cedernos su auditorio e infraestructura. Y quiero mencionar a Elena Roseras, responsable de Biblioteca y Documentación, por su profesionalidad y buen hacer.

*(La euritmia es una forma de meditación occidental basada en lo arquetípico del sonido). 

VÍDEO 

   
                            (El Correo, 26-5-15)



martes, 22 de septiembre de 2020

FRÍO

Impresionante lectura de la poeta Ángela Serna del poema que le dediqué a mi madre en el libro La noche en una flor de Baobab. Le estoy muy agradecida a mi querida y admirada Ángela por prestarle a estos versos su voz y su emoción. 



sábado, 5 de septiembre de 2020

Presentación de "Entretanto, en algún lugar"


Todos los protocolos se cumplieron: mascarillas, distancia, gel, asepsia. El aforo reducido se completó y el libro se presentó. Los ojos lectores y escritores se miraron. 








Y por un ratito, o dos, todo fue un poco más ligero. El editor Javier Fernández Rubio (El Desvelo Ediciones), el escritor Juan L. de la Cruz y la diseñadora Victoria 
O´May me acompañaron y arroparon.
Gracias al público por su presencia, a pesar de tantos pesares. Y agradecemos también la implicación de los responsables culturales en la librería FNAC (David en San Sebastián y Ana en Bilbao) para que la actividad resultara segura.


lunes, 31 de agosto de 2020

ÁGORA (Papeles de arte gramático)


Acabo de recibir ejemplar impreso de ÁGORA, revista de crítica y creación literaria. Preciosa edición e inmejorable compañía. Muy agradecida a su director, Fulgencio Martínez, por incluirme en una iniciativa que alegra y emociona en estos tiempos grises y mustios.


Para ver la edición digital, pincha aquí:  Revista ÁGORA










viernes, 26 de junio de 2020

HastA enContraRNos . . .

Hasta el momento de encontrarnos en algún lugar cara a cara, y mirarnos a los ojos, o cerrar los ojos para escucharnos... Entretanto... 

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jueves, 4 de junio de 2020

EntreTanto, en Algún LuGar

Nuevo libro. Nueva normalidad. Todo nuevo. 
El libro se llama Entretanto, en algún lugar. La editorial, El Desvelo Ediciones. La portada es de Victoria O´May. El prólogo es de Julia Otxoa. Entre tantas personas queridas y admiradas, "lo nuevo" ya tiene para mí una gran cantidad de "bueno". Gracias.
El libro es de cuentos (o no tan cuentos). Algunos son pequeños y traviesos. Otros son ya mayores. En todos hay una parte fresca y otra madura. Espero que cada cual encuentre el suyo y se lo quede.



Hoy voy a contaros el cuento de El insecto palo (página 50)

"Las nubes negras con borde amarillo se rompieron contra las montañas como si fueran cáscaras de huevo, y la luz se desparramó hecha clara y yema dentro del valle. Yo todavía seguía electrizado e imantado. Podría pensarse que mi cuerpo era de hierro y níquel.

Lo había visto un cuarto de hora antes, en el área de servicio de la autopista A-8, mientras espe­raba turno en la cola de la cafetería self-service. Era delgado y huesudo como un insecto palo. Su cara triangular reforzaba el efecto de lepidóptero, su na­riz griega le añadía un porte digno, y sus cejas oscu­ras resultaban un acento, una tilde para subir el énfa­sis de su expresión neutra. Llevaba jeans negros y un jersey pegado de cuello perkins gris marengo. Espe­raba su turno en posición tan erecta que podría ser­vir su espalda para nivelar la pared. Una figura ape­nas real, poco humana. Desde su estatura no miraba a nadie ni parecía concentrado en nada. Se limita­ba a permanecer elevado en el aire del autoservicio como si los cuatro puntos cardinales lo sujetaran y lo enderezaran. Yo no era capaz de despegar mis ojos del insecto palo. Imaginé cómo sería tocarlo, lo mis­mo que un niño siente el impulso de atrapar una la­gartija solo para apreciar su pequeña naturaleza dife­rente. Imaginé sus aristas cortando mis dedos igual que un cuchillo afilado. Porque eran filos sus huesos, no ángulos. Toda una hipérbole de la ligereza y del riesgo. No quería mirarlo más por si él bajaba su vis­ta y me atrapaba en mi silla como un insecto mayor atrapa a la mosca de un lengüetazo. Por eso le lanza­ba pequeños vistacitos mientras me fumaba un ciga­rro a grandes bocanadas. Al ver que él seguía en cal­ma, empecé a demorarme en detalles cada vez más nimios: los ojos en forma de hoja de roble, la me­dia melena ondulada del color de la hojarasca seca, los largos dedos con los que tecleó una sola vez en el móvil. Y también una vez solo tropezaron sus ojos de roble con los míos. Un microsegundo, si existe esa medida. Fue un instante en el que me sentí más consciente por dentro que por fuera. Desapareció la carne y se tocaban mis neuronas, humores y cartíla­gos como si mi cuerpo fuera un paisaje de cielo, tie­rra y agua.

Puede que recordar ese estremecimiento me im­peliera a maniobrar para bajar de la autopista y des­andar la decena larga de kilómetros hasta regresar a la estación de servicio. Mientras tanto me pregun­taba por qué razón se envalentonaba mi yo cuando iba subido a un vehículo. Ante el mundo detenido, sucumbía. Quizás mi espíritu se petrificaba ante las normas. Ahora estaba en modo tregua. Podía es­cuchar mis pensamientos por encima del ruido del coche, de la autopista y del mundo que nunca calla. Podía escuchar también cómo mi corazón acelerado se adelantaba a mis actos. No podía imaginar nada más allá de volver a mirar al bicho, y quizás rozar al­guno de sus filos. Me parecía que el aire habría de llenarse de un gas ligero, más semejante al helio que al nitrógeno. Helio y oxígeno. Me parecía factible pasarme el resto de mis días rozando las aristas, flo­tando en la vida. Por eso tenía que jugármela.

Y volví allí. Y no tuve que rebuscar ni sufrir. Lo vi sentado en un escalón de la entrada al bar, con las finas y largas patas encogidas como a punto de dar un salto. Cualquiera diría que estaba esperándome.

Se acababa marzo. La arboleda que crecía a la orilla de la autopista empezaba a revivir con ese co­lor de verdura fresca que enciende los sentidos. Yo estaba de pie junto a la puerta del coche cuando los ojos en forma de hoja de roble cayeron flotando so­bre los míos. Y después de demorarse en mirarme, los ojos de roble miraron en dirección a la arboleda".

 

Ver en AGITADORAS



  


jueves, 28 de mayo de 2020

Jueves de DomiNGo.

Hemos dado un paseo por los humedales de Salburua para visitar a los amigos ciervos, quienes, al vernos, continuaron rumiando su menú de hierba más fresca y crecida que nunca. Hoy hace tarde de domingo, aunque sea jueves. La gente pasea por los anillos verdes y también por la ciudad, alegres y relajados, vestidos de domingo, aunque sea jueves. Ya no vamos de trapillo como durante los meses de confinamiento, cuando nadie se vestía para los demás, sino para bajar al súper o a la farmacia con la ropa de andar por casa, o con una camiseta y unos pantalones viejos para tirar. Hoy ya no. La ciudadanía ha despertado de su extraño y atemorizado letargo y ha elegido la ropa que se iba a poner. Los colores concuerdan y la cabeza va erguida. Aunque la mascarilla borre la boca, la sonrisa llega hasta los ojos, cejas y frente. No sólo la boca dibuja la sonrisa. Y a pesar de la imagen distópica de la gente con mascarilla, nadie teme al apocalipsis bajo el sol. La ciudad ha perdido los tonos plomizos y en el ánimo no resuena el acorde sostenido de órgano como en las películas futuristas catastróficas. Necesitamos volver a la normalidad, como dicen unos; o a la subnormalidad, como dicen los “graciosos”. Pronto haremos balances, estudios, películas, retrospectivas, revisiones analíticas, prospecciones, documentales, etcétera. Pero mucho me temo que un porcentaje de gente severamente alto lo haya borrado de su disco duro para seguir creyendo que la “normalidad” de antes existe todavía y es un valor seguro. Y cuando digo “antes” me refiero a toda la vida. Eso explicaría que en los foros del poder hayamos vuelto a los tiempos de la segunda República, a la crueldad, el exabrupto y la desfachatez beligerante de quienes no admiten la alternancia en los gobiernos.

No puedo dar la cara (entera) ante tanto despropósito.

Muchos habíamos caído en la tentación de tener esperanzas en que el escarmiento de la pandemia y el tiempo de reflexión e introspección nos rehabilitaran y predispusieran a una nueva forma mejorada(más creativa, respetuosa y sosegada) de ocupar un lugar en el mundo. Sin embargo, ni por esas. Estamos abocados a reincidir y estamos hechos a la fealdad del estancamiento. La pregunta del millón es: ¿qué dosis de Covid-19 u otras catástrofes o plagas habrán de asolarnos antes de que la humanidad asuma sus errores?

  

lunes, 4 de mayo de 2020

Bajo el Cielo Limpio

A través de mi ventana veo pasar los trenes fantasma, veo pasar a un hombre cabizbajo que parece conducido por su perro, y veo pasar las nubes cuyas formas ya nadie interpreta con mirada soñadora. En la ciudad detenida sólo escucho las campanas que doblan y el zumbido de un falso silencio hecho de una nueva sonoridad de intramuros.

El virus con nombre de Pokémon ha roto el encantamiento de la humanidad. Tras su alerta todos vemos al emperador desnudo. No era verdad que el progreso no tenga límites, que siempre se pueda acumular más riqueza y alcanzar mayor velocidad. Ni siquiera era verdad el bienintencionado crecimiento sostenible. El emperador está desnudo y la humanidad puede verlo ahora que el bicho con nombre de Pokémon ha roto el embrujo de Jafar, Maléfica o Cruella de Vil. Qué tristeza parecernos a los productos de la factoría Disney.

Nadie había imaginado cómo suena el mundo detenido. Ni siquiera tu pequeña ciudad detenida, tu barrio, tu bloque de viviendas donde los niños juegan en sordina. Ahora ya lo sabemos todos. Nuestros ojos han despertado. El zumbido del silencio nos sobrecoge. Y en el vacío extraño que provoca la inacción, los pensamientos alcanzan una profundidad que nunca se lograba con la velocidad. El pensamiento es un proceso quieto. La verdad es esa evidencia que emerge de una ciudad detenida bajo el cielo limpio.



DiONiSiA Bajo Otros CiELOS

La poderosa mirada de Dionisia García se desliza sobre el paisaje "Bajo otros cielos".




Leer aquí: BAJO OTROS CIELOS

miércoles, 15 de abril de 2020

NO dESeO saLIR del PALIMPSESTO,



Cómo salir del palimpsesto
Ángela Serna
(Prólogo de Elsa López)
L.U.P.I. 2019
113 páginas


Se abre el telón. Son Calderón y Shakespeare. Penélope abre su ventana y escucha el cielo sobre el teatro del mundo. Alguien explora lo más liviano de la semiótica. Es Umberto Eco. Los lenguajes no son reinos que instauran las palabras. Ellas no reinan. Ellas son lo que vuela y lo que se asienta. Una poeta indaga en el proceso de sedimentación y en la aventura del arrastre. Es Ángela Serna. Mucho más allá del juego de los contrarios y del afán de la acumulación, la poeta soporta ser consciente del tránsito. Resiste. Rastrea la huella mínima que, siendo efímera, contribuye a marcar los caminos. El camino es la unión. El camino lleva al cruce. Todo es camino y caminar. El caminante interioriza y anota. Aventura, valor, precisión. El azul es caída. Reposo y caída. Cielo y mares. De eternidad en eternidad. Tanto en el tránsito de la nube como en la pirueta de la ola. Igual que una crisálida abriéndose a las puertas del mar. Y la voz se adelgaza para buscar no sólo la belleza, sino también la pureza. Por tanto, hay destilación. No sólo busca la poeta el dibujo que deja en el aire lo ausente, sino que busca su perfume también. Y su melancólica melodía. Desde la orilla, sólo me llega / la voz de un viejo sauce llorando. ¿Qué importa el dolor entonces? El dolor que ya era se vuelve sustrato, medio y vía. Hay reparación. Es Flaubert. Es preciso franquear los límites para rescatar ...Nos devolverá la locura / la cordura de creer / que fuimos un tiempo / dueños / de nuestras / infracciones... Hay que rizar el rizo de lo más azul para hallar lo más luminoso. Tanto en la singladura como en el vuelo. Avanzamos lentamente   confiando / al aire lo que es del aire. / Al mar lo que es del mar. Se cierra el telón y la lectora, emocionada, comprende que regresa de un viaje y de un reposo. Guarda en su memoria la odisea compartida en el laberinto de la palabra. Conoce un nuevo color, otra tonalidad más rica y matizada en el lecho del palimsesto. Y todo es agradecimiento y gozo. Y la lectora no desea salir del palimpsesto.


sábado, 4 de abril de 2020

BAJO OTROS CIELOS

BAJO OTROS CIELOS (Versos viajeros: un recorrido poético por la geografía) es una magnífica iniciativa en formato de plataforma poética que nos invita a viajar de otro modo, ahora que el mundo se ha detenido. Muy agradecida por incluir mis escritos sobre Berlín y París.










domingo, 8 de marzo de 2020

bONSÁiS



Más pequeñas aún eran tus manos,
venosas y morenas;
más pequeñas aún que dos bonsáis,
que dos árboles complejos, contraídos.

Amasaban pestiños, panes de harina blanca,
tortas de piñonate. Tus manos
pelaban ajos tiernos, patatas tempraneras,
largas pencas de acelga.
Planchaban dobladillos, las mangas y los cuellos.
Encalaban la casa por encima del friso.
Lavaban los visillos, las dos colchas morunas,
las medias con costura.
Limpiaban las orejas del sillón.
Cosían los ojales, jaretas y festones.
Zurcían calcetines.
Bordaban iniciales en la mantelería, tus manos.

Buscaban sus abrazos a mi espalda:
dos ardillas partiendo su avellana.
Me dieron el adiós con La muerte del cisne. Tus manos.
Con el largo pañuelo de Isadora Duncan.

Bajé de tus bonsáis a una calle agitada.
Era un día de agosto.
La puerta de casa se cerró. Lacró. Selló. Borró.

(De La noche en una flor de baobab)

miércoles, 27 de noviembre de 2019

PoesiApp


Tentativas de definición de este libro:

PoesiApp, de Juan L. de la Cruz (AAediciones, 2019), es una bitácora de la vida, un cuaderno de viaje que se retransmite de modo poético por WhatsApp. Se trata sin duda de un género nuevo.

Son las notas de una vuelta al mundo sin salir del alma y un informe de regresos sin que el viaje cese.

PoesiApp es un microtratado filosófico de oscura pureza y de antigua ternura.

Una propuesta comunicativa que reúne fábulas en formato tweet, confesiones del tamaño de un aforismo, odas a la belleza que funcionan como un eslogan, perlas de plegarias, píldoras de opinión, mensajes S.O.S retóricos y tratados filosóficos hiperbreves.

PoesiApp es un despliegue conceptual escrito a ritmo taquigráfico con lenguaje sincopado.

Un poemario que te descargas como una aplicación y se lo instala el lector como un programa para reformatear su pensamiento en clave poética. 

La poesía es una vieja dama que nunca se ha muerto. Que lleva miles de años viva. Y no sabemos si es una hechicera, o una vampiresa, o una diosa, o una activista, o una prostituta, o una niña rubia, o una delegada comercial, o una camionera, o una agente de seguros, o una profesora de Berkeley. O todas a la vez. Siempre ha latido en los corazones aventureros. Siempre ha soñado en los ojos de los Ulises y de las Penélopes. Se alzaba con los puños de las revoluciones. Ha sabido rezar odas, pronunciar sonetos, cantar romances, componer liras, dibujar caligramas, esgrimir epopeyas, lanzar pareados, llorar epitafios, musicar la vida y preservar el alma. De este modo llegó hasta nuestro presente, sin permitir que las edades del mundo la debiliten.

Su fuerza grabó la piedra, garabateó pergaminos, conoció la imprenta. Pero ahora, en este milenio nuestro de electricidad y de silicona, su fuerza anidó en un móvil y tomó la red. Y rejuveneció una vez más. Y se reencarnó en PoesíaApp.

Imagina al poeta caminando de puntillas por las teclas de su smartphone, como si sus dedos fueran bailarinas que pulsaran la poesía de tecla en tecla, de ladrillo en ladrillo. Imagina al poeta adelgazando sus dedos para que puedan pinzar poesía. Letra por letra, como si fueran insectos que no deben dejar de volar en streaming por el software de tu cabeza, por el hardware oculto en tu corazón.

Enhorabuena al poeta por bailar en la nube con esta vieja dama eternamente joven.

(Palabras de Ángela Mallén en la presentación de PoesiApp, de Juan L. de la Cruz. Vitoria-Gasteiz, 25 de noviembre 2019. Salón de grados UPV)





viernes, 8 de noviembre de 2019

EL ENOJO DE LA CLASE POLÍTICA

                  Wäre es da nicht doch einfacher,
die Regierung löste das Volk auf und
wählte ein anderes?

(¿No sería en ese caso más simple
para el gobierno disolver al pueblo
y elegir a otro?)
(Die Lösung / La solución.
Bertolt Brecht)


El pueblo español está castigado a repetir cien veces las Elecciones. Porque no se ha preparado bien el tema y no ha contestado correctamente a la pregunta. Una pregunta fácil, con pocas alternativas.

Es cierto que las nuevas tendencias políticas internacionales han penetrado en la red nacional haciendo que las opciones se multipliquen y con ello se haga un poco más compleja la tarea de acertar la respuesta. También debería tenerse en cuenta que los nuevos representantes políticos son jóvenes e inexpertos y no han sabido explicar del todo bien la lección. Pero, por muchas excusas y pretextos que el pueblo busque o elabore, nunca será eximido de este severo castigo. ¿Cuándo entenderán las personas convocadas a las urnas que lo que está en juego queda por encima de sus insignificantes mentalidades? No se puede votar a la ligera, de manera caprichosa, dejándose llevar por el colorido de las insignias o el atractivo de los programas. Hay que saber separar el grano de la paja. Hay que prepararse el tema.

Y, como no podía ser de otra manera, la clase política está enojada, muy decepcionada. No esperaban tener que darle al pueblo un suspenso general. Es evidente que los partidos no pueden arriesgarse a un nuevo fracaso en sus estrategias, y por eso, el pueblo ha debido pasar de ser sólo sufrido a ser también castigado. Un castigo ejemplar, para que el electorado aprenda de una vez a repartir y dosificar bien sus votos. De seguir la gente como hasta ahora, haciendo el burro y el vago, la clase política presentará una nueva iniciativa según la cual serán los partidos quienes elijan la papeleta que depositaría en las urnas cada miembro de su electorado. De hecho, con el primer bloque que logre la mayoría para formar Gobierno, dicha iniciativa podría convertirse en proyecto de Ley que entraría en vigor tras registrarse en el Congreso y ser ratificada por el Senado.  Por último, y para dejarlo todo bien atado, el claustro de líderes políticos determina, por mayoría cercana a la unanimidad, que sólo en el caso de que el resultado de futuras Elecciones fuera incorrecto y por ello mereciera la calificación de INSUFICIENTE, se disolvería al pueblo y se elegiría a otro. Quizás andemos cerca de tener que aceptar la sugerencia de Bertolt Brecht.

martes, 1 de octubre de 2019

eN LA LuZ dE La “HERMOSA NADA”

Bartleby Editores. Madrid 2019. 112 pág.
Primero se da una atmósfera, y de ella devienen los mundos. Esa es la lógica de toda génesis. Y así también parece haberse generado el espléndido poemario de Rosa Lentini, “Hermosa nada”. Tenemos una atmósfera psíquica, a cuya luz trabaja el pensamiento sobre una urdimbre orgánica. Tenemos una partitura lírica compuesta de aullidos lejanos y susurros internos. Tenemos un enjambre de conceptos semánticamente depurados que logra una imaginería figurativa y desfigurativa a la manera de Francis Bacon. Sin embargo, aunque estemos en la fórmula de Bacon en lo que se refiere a lo inquietante e intenso, somos invitados a evocar la abstracción poética de Dubuffet y el purismo geométrico de Piet Mondrian. El lector recibe de este modo una propuesta multidisciplinar: poesía de lenguaje icónico -casi fílmico por su composición escenográfica- y también una partitura que expresa con energía el eco de la tristeza y con dulzura el resplandor de la memoria, del modo en que un cuarteto de cuerda interpreta el Opus 10 de Claude Debussy.

Hay mucho de anglófilo en la obra de Lentini. Algo que nos hace pensar en un intercambio de aliento con ciertas poetas americanas, como si de algún modo Sharon Olds pensara en Rosa Lentini mientras escribía “Vuelvo a mayo de 1937”. También Tess Gallagher podría estar haciéndole un guiño cuando habla de “escribir con la mente profunda” o cuanto dice “Por un momento, la profundidad del mundo / me devuelve la mirada.” Y es que “Hermosa nada” nos plantea un catálogo de la memoria bajo el resplandor de las epifanías. Lo cotidiano, su objetividad de aristas, el silencio de escenario vacío y la memoria que opera de manera desnuda, cruda, analítica, en busca de una trascendencia sigilosa.

Rosa Lentini nos entrega un trabajo de precisión a la manera de Wisława Szymborska cuando ésta escribía: “Pobres difuntos, inocentes difuntos, engañados, falibles, ineptamente precavidos…”. A lo que Lentini responde desafiante: “La piel que me impedía crecer cae al suelo” (pág.9). Y entonces levanta la mirada, ese gesto, y da con ella en la diana más recóndita del otro, en su brillo, su oscuridad, su núcleo, su muerte. Saber mirar universos interiores, de eso se trata aquí. Traducir el diálogo mudo que emprenden las miradas difíciles. Conversar con las sombras: la madre que se une a las aves del silencio, el padre y su “salto hacia el gran río”. Dramaturgia contenida por un hilván maestro y el bosquejo de una escenografía en la bruma. “Nada está menos en calma que el tiempo detenido/ de un cuarto de hospital” (Pág.18). Constatar que los colores del cielo tiñen las emociones. Probar una tesis: hay que crear un alma para hablar con los ausentes. Un alma que duda entre lo divinizado y lo mineral. Porque las gigantes estatuas sucumben a la fragilidad y luego a la transparencia. Porque la familia, anhelo de caricias, corazones en formol, se vuelve liquen entre las brechas. “Día tras día invento la historia de su amanecer y de su ocaso” (Pág.41). Durante muchas páginas continúa el monólogo de seda abriéndose paso en una naturaleza boscosa de evocaciones y sombras chinescas. Hasta que cae el luto de gigantes en la lejanía, “todo gigante es un ser alejado”, y ya estamos en sus grandes manos.

“Hermosa nada” es una apuesta audaz y milimétricamente calculada. Como una carambola sobre terciopelo negro. Un viaje a un no-lugar donde reposan “las almas con sus recuerdos grabados a fuego” (pág. 62). Toda esa intensidad en calma, todo ese  trabajo de tensión-distensión que emprende la voz poética para analizar y comprender, como quien desmonta y luego ensambla un artilugio complejo  en busca del misterio de su movimiento. Tal vez obediente a lo que nos dijo María Zambrano: “La poesía descubre con la voz el secreto”.

Una poesía “con poder catártico”, dice de ella Ricardo Cano Gaviria; situada “en los confines de la narrativa”, añade Ana Nuño. “Una poesía con mayúscula, en la que todo tiende a ser tentativa de consumación”, opina Javier Lostalé. “Intensa palabra poética, sea en el deslumbramiento o en la desolación”, escribe J.A. Masoliver Ródenas. En todo caso, Lentini establece ante el lector un diálogo elíptico brillante con las siluetas de Mallarmé, Celan y Pizarnik “Renacido a partir de nada, o de casi nada / el sueño de una mudanza que se pierde / sobre un océano sin ruidos” (Pág. 39).

Escribió Chantal Maillard: “Sin embargo, / sin embargo…/… La lucidez es una chispa, un / estado de conciencia / en las multiplicadas estancias… /…Yo soy el infinito proyecto de mí misma / por encima de mí / me sobrevuelo”.  Rosa Lentini se sobrevuela en su “Hermosa nada”, por encima de las estancias y del autoconcepto. No expresa exactamente la calma, sino la vuelta a la calma después de destilar, asimilar, balancear y estabilizar el material simbólico de un paisaje anímico recorrido a vista de pájaro “mientras la noche esconde en la noche su lámpara de hielo” (Pág 98).

Y se hizo la luz de la “hermosa nada”.

domingo, 16 de junio de 2019

Abedul o mAgnolio

Obra en madera de Marcelo Díaz
Toda calle debería tener una esquina con su bar, y una pizzería con su toldo, y un vendedor de cupones con sus gafas negras, y un músico itinerante de patas largas, y una heladería, y un estanco, y una ferretería, y una hilera de castaños a los que, por primavera, se les ponga la cabeza redonda llena de flores blancas en forma de zarcillos o de endibia; y un perro husmeando, y una fuente pequeña, redonda, clásica, con diosas.
No concibo esta calle dura y rapada; esta calle sin niños cargantes, ni abuelos con la vida hirviéndole debajo de la boina, ni señoras con dos bolsas de plástico, ni un gato desconfiado debajo de un coche, ni portales con portera, ni patios, ni azoteas, ni una parada de autobús con una papelera desfondada. De cuando en cuando pasa por aquí una dama de alcurnia taconeando o algún quinceañero recién duchado que viene del polideportivo con piscina cubierta. El resto de la tropa pasa en coche y se los tragan los garajes.
Mi calle es de acero y hormigón. Si las cuentas, hay cuarenta y cinco farolas diseñadas como para jugar a tiro al plato. Hay edificios sobrios, edificios emblemáticos y edificios inteligentes. Hay un edificio todo de cristal. Hay hábitats laborales y escenarios familiares. No hay ni un nido.
Y aquí estoy. Nadie viene a olerme. Nadie me echa su aliento, ni su lágrima, ni su papel de chicle, ni su parrafada, ni su pis. No escucho el bullicio, ni el runrún, ni el canto del músico melancólico, ni el chorrito de la fuente a la hora de la siesta. Para esto es preferible vivir en la fría Escandinavia.
El concejal de urbanismo firmó el proyecto urbanístico en su fase terminal: “…perseguimos la funcionalidad, la sobriedad, la modernidad... conjunto armonioso..., equilibrio de formas y materiales..., líneas definidas..., espacios diáfanos..., y un referente natural:  abedul o magnolio con seto recortado de boj”.

No hay más que hablar. Por exigencias del proyecto, en esta calle mía tan seca sólo vive un árbol: yo. Esquelético. Enclenque. Depre. ¿Abedul o magnolio? Ya ni me acuerdo.

(De Bolas de Papel de Plata. Vitoria 2014)

En AGITADORAS