domingo, 29 de marzo de 2015

En la ciudad babilónica

La vida nos ha reunido, a Maite y a mí, de nuevo. Y nosotras hemos hecho posible, de nuevo, la amistad. Por eso hemos juntado nuestros trabajos: su cuadro y mi poema. Y eso nos hace conscientes de cuánto significa la mirada amiga. Cuánto contiene. Cuánto comparte.
Entrad a ver nuestra preciosa criatura:  
Espacio LUKE


viernes, 20 de marzo de 2015

El hombre del saco


El hombre del saco (fragmento de Los caminos a Karyukai)

Los hechos son sonoros, pero entre los hechos
hay un susurro.  Y ese susurro
es lo que me impresiona.
Clarice Lispector

Me aventuré a bajar a esta ciudad quieta donde percibo el peligro incitante de las cárceles abiertas y de los versos de Paul Celan.  El sol no ha salido ni una vez siquiera en todo este día inseparable del cielo nublado. Una lluvia aceitosa abrillanta las calles vacías y unta de sebo el ánimo.  Ante la escalerilla neoclásica de la estación se extiende una explanada de primorosos jardines nutridos de fosfatos y de nitratos. Debo caminar muchos metros bajo un manto inclemente de lluvia hasta alcanzar la primera marquesina,  muy barroca,  de un hotelito con portero uniformado.  Sobre mi cabeza flota alguien que soy yo, sigue mis pasos, me observa.  Si no fuera porque no veo una fuente angelical de luz, diría que me he muerto.

Por el centro de la calle se acerca un tranvía decorado con frutas exóticas y eslóganes publicitarios:  Silhouette, Gerne Brille tragen.  Arrastra un sonido que parece un ulular. De improviso embrida y, entre chirridos y chispas, nace un hombre.  El hombre brota de la lluvia. Veo salir su flaca pierna y su anguloso rostro de ojos empañados que parecen no mirar, o no pretender ver, o no creerse lo turbio que ve.  Si digo que sale,  es porque sale: de lo obscuro a la precaria claridad.  Emerge de la borrasca, con un pitillo mojado entre los labios, y murmurando algo en el idioma alemán.   A mí no se dirige, ni me percibe.  O mi rastro no es el que sigue, o soy  etérea.  Sobre el lienzo gris del cielo boreal, se van pintando sus rasgos en un óleo tenebrista que no aclarará hasta los meses primaverales de bonanza y de luz. Embriagado, tambaleante y lloroso. ¡Qué imagen fijada en la desolación! Me acerco a él como a una paloma herida.  No lo arrullo por no ahuyentarlo,  pero me corporizo y lo salvo cortésmente:

_ Kommen Sie! Die Straßenbahn hätte Sie fast überfahren.

Las palabras te llevan a las presas, nunca fallan.  La vida se llena de indicios a seguir si detectas palabras.   Soy galgo viejo, Isadora. Todo comienza por la pituitaria y fluye como un compuesto hormonal, bien áspero como la piel del cinabrio, o bien dulce como la papaya. Este caso es la excepción: tengo que explicar a un hombre que surge de la calle nublada, sin presentimiento, ni indicio previo, ni palabra que desentrañar. Se presenta el pobre hombre inodoro e innombrable.

A tientas sí es posible descifrar. Los ciegos hablan de volúmenes y de sensaciones minimalistas. Los sordos también conocen música gráfica e iconos sonoros,  aprenden a extraer palabras del aire como los magos sacan los naipes. Pero sin olfato, todo se tambalea.  Vives sin preludios, sumiéndote, rehuyendo, perdida en un laberinto coloro, sabroso y caído del cielo. Lo mismo que este pobre hombre en el que embarranco y para cuya definición no dejó huella que olisquear. No dispongo de las palabras. No están terminadas o no fueron empezadas.  Nadie las deseó ni las encargó, ¿quién iba a querer emplearlas,  ni para quién iban a ser? Palabras sin husmo, mal negocio. Atar cabos, conectar cables sueltos, machihembrar. De algún modo tendré que componer la crónica del hombre mórbido y  solo, visto y no visto.

_ Stützen Sie sich auf meine Schulter.
 
Nadie más se acerca, nadie penetra en el círculo de la compasión.  Se deslizan por las líneas adyacentes. Las monjitas nos enseñaban a ser misericordiosas. No magnánimas, sino misericordiosas. Señoritas caritativas y luego señoronas caritativas.  Atentas al necesitado, a ver quién lo socorría antes, quién hacía más el bien, quién se ganaba la canastilla. Pero yo me comprometo porque llevo en mi bolso un billete de tren. Mi coartada perfecta. Mi gran escapada. Lo acerco renqueando y tambaleándonos hasta el bar de la estación, que está a pocos metros. Desando lo andado, regreso a la madriguera.  Acompañar al desvalido a una mesa de bar se parece a ser madre. Dilatas. El desvalido busca tu vientre. Puede que se alimente de tu placenta. Y siempre te hablará de ella

Su ella tiene nombre de walkiria.  Reingard se llama, al igual que las hadas germánicas de cuerpos como armarios, aún cuando por la cintura parece que Reingard se cimbrea como los juncos meridionales. Le oigo pronunciar su nombre como quien alcanza a saciar su sed.  Se lo lleva muchas veces a la boca enjugándose los labios:

_Reingard es tan estúpida que no entiende nada de nada, ¿sabe usted? La inmadura de Reingard ya escarmentará.  Reingard no sabe elegir a su hombre. No tiene idea de eso. No voy a contestar a la llamada de esa loca de Reingard…  Ahora dice que a Italia, un sitio como otro.  Primero a Italia y luego adónde,  con  Pietro, que no es mejor que otro.  Míreme,  ¿soy yo mejor?  Nadie es mejor.  Reingard puede irse con quién quiera a donde le dé la gana. Ya puede irse Reingard a presumir a otra parte. Conmigo que no cuente. Tres años son por lo menos dos mil días. En todos me pedía algo. Dos mil cositas para Reingard,  que si esto que si aquello.  Reingard ya estará hablando en italiano. A ella qué más le da: italiano o mandarino o Plattdeutsch. Se pone a hablar y nadie sabe que nació en Pekín. Lejos, ¿eh? No está mal. Pues de allí viene la maldita, de exportación. Se la trajo su madre de pequeña. Ella dice que no se acuerda, pero bien que habla con los chinos y bien que conserva la piel de china. Por la noche tenía los dedos brillantes la primera vez que la toqué. Su madre se llama igual, pero yo a esa no quería ni verla. Ella a mí menos. Querría un samurai para su muñequita. ¡Que se la lleven los demonios de la China!. Yo a Reingard la llamaba mi Gar, mi “gar nichts”. La tomaba entre los brazos y se me quedaba en “gar nichts”, en un “lychee”. Se me venía como un gato,  y era más lista que el hambre. ¡Sabe Dios por dónde anda!, no sé ni si estará en Florencia. Yo fui a Florencia con todos los del Departamento, hace cinco años, o cuatro. Hasta los médicos se apuntaron, y unos cuantos pacientes, los más potables. A los pacientes los enfermeros los llamamos clientes, porque siempre hay que darles la razón. Todos estuvimos por Florencia bebiendo Amaretto y viendo iglesias. Por allí andará mi Gar. Pietro le dirá Rigardina, o Reinnetta. A lo mejor a ella le gusta que la vuelvan a bautizar. A lo mejor se hartó de que yo la llamara Gar, aunque bien que se reía, como todos los chinos. Yo creyendo que toda la gracia era mía y lo mismo se estaba riendo igual que siempre. Ya estará otra vez dando sus clasecitas. Ella dice que no le gusta vivir de nadie, que se arregla sola. Pues andando. Cuando llegaba reventada de las clases me decía: “dame un masajito”. Eso también sería  la influencia oriental, ni lo había pensado. Y yo me ponía hasta contento, lo que es la costumbre. Me decía: “parece que estás haciendo un Strudel, ji, ji, ji”. Su risita que enseguida me hacía efecto. Y nos poníamos a jugar mi Gar y yo como dos pequineses. Sabe Dios qué se le habrá  perdido en Florencia, a mi Reingad… 

­- Reingard es nombre de walkiria.  _Se lo digo para robarle el nombre de la boca. ¿Reingard estará ya reconstituida y musculosa?  ¿Su cimbreo se habrá vuelto pavoneo? Los hombres altos son los más abatidos.  Parecen de trapo cuando sufren y adelgazan.  Dan ganas de sustentarlos y apuntalarlos.  Es de buen samaritano servirles de articulación y de consuelo.  Tomo su mano izquierda entre las dos mías.  A él sólo puede curarle una geisha la complacencia perdida.  Mi sonrisa es tan sedante como un frufrú, perdura más tiempo que una dinastía.  

_ Me voy. Aquí ya no se me ha perdido nada.  _Le está diciendo a la pared el pobre enfermero con la única sonrisa que tiene.  Sus ojos  pasan en un vehículo por un puente eléctrico de cobre. Se le forman unas arruguitas en las comisuras de la boca, donde guarda besos muertos y mariposas asfixiadas.  -He repartido las cosas de estos tres años,  ¿para qué las quiero? Los muebles se los llevaron los del ayuntamiento y los libros se los he dado a los clientes. De todas formas sólo me los leía por darle a ella conversación. De los cedés no me gustaba ni uno, tanto violín. Me llevo este saco de plástico con un tubo de su pasta dentífrica. Mi Gar nicht se cepillaba los dientes cuatro o cinco veces al día, y luego se limpiaba con hilo de seda los dientes pequeños separaditos. Esta pasta de dientes es la suya. Huele a como ella se reía… 

No deja de perorar el hombre del saco.  Ahora le compro un billete de lejanías.  Puede que el ticket le devuelva la sobriedad o puede que haga de él un efecto chinesco.    En todo caso permaneceré a su lado hasta que se lo lleve dentro el tren que circula entre la esperanza y el miedo. ¿Qué otra cosa se puede hacer?  Es noche cerrada.   Todavía sigue farfullando el hombre, pero ya no le acuden palabras para revelar la imagen de su desdicha ni para describir los ojos de Reingard, que son grises como un agua helada en cuyo seno se conservan bacterias que dan la vida y bla, bla, bla. Yo le he supurado esas palabras. Yo, que seré en su memoria un ángel de borrachera,  un desenlace cuya cara nunca se ha visto.  De haber querido, podría haber sido su demonio. Dejárselo al tranvía, que despertara de los vahídos, que se confrontara con la ridícula relatividad de su pérdida. La china se le fue a Florencia. A Florencia,  un sitio concreto e incluso hermoso. El hombre plañidero no ha tenido que desplazarse al tanatorio.  No ha tenido que mirarle la jeta a la eternidad.

Este bar guarda cierta semejanza con las cantinas de los puertos, con los tangos y con los tugurios de Montparnasse. Hay mucho hombre y alguna mujer pintarrajeada. Por encima de los medios visillos ahumados puedo ojear el reloj de la estación. Parece que las ventanas lleven gafas de leer.  Acaban de dar las doce. ¡Pues no hace ya tiempo que la noche ha caído!  Ahí llega mi tren. Es un expreso de los que me gustan, de los que cantan y se mecen como un barco de nombre extranjero: el Eilzug nach Freiburg. Todo lo que me va a quedar del enfermero borracho, incluso la parte minuciosa de su Reingard, cabe en este boceto de candilejas.


sábado, 28 de febrero de 2015

Lirios de agua

La palabra no es de nadie y es de todos. Nos llena y nos vacía. Nos une y nos individualiza. Cada palabra contiene un pasado, construye un puente e inventa un porvenir. La palabra conserva potencia bélica y poderes curativos. Roza nuestros labios, conoce el camino a nuestro corazón. No arrojemos las palabras como proyectiles, juntémoslas como pedacitos de espejo que reflejan los mundos. La palabra nos hace crecer delicadamente, como crecen los lirios de agua. 

Diego Rivera





jueves, 18 de diciembre de 2014

La rEvista Áurea

Acabo de recibir La Revista Áurea. Es un honor para mí compartir páginas con poetas que admiro y respeto. Muchas gracias por incluirme.

    

jueves, 11 de diciembre de 2014

BolaS de Papel de PLata en EspacioLukE

Los escenarios de la realidad producen en ocasiones la experiencia del extrañamiento, cuando las cosas apenas tienen significado y cobran un punto onírico. En otras ocasiones la realidad nos presenta una imagen nítida y los habitantes de esa realidad se vuelven nuestros confidentes y nos revelan sus secretos y parecen pedirnos perdón, absolución, amor.


lunes, 1 de diciembre de 2014

GrAciAs

De vez en cuando menguo. ¿Eso es posible?, se pregunta cualquiera mirándome de arriba abajo. "Posible" es una mala palabra, porque da pie y una no sabe nunca a qué da pie la palabra "posible". (Esa puerta trasera. Esa gatera. "Posible"). Menguo y menguo hasta más no poder. Un ratón es mayor que yo. Una pulga incluso. No sabría explicarlo, si alguien quisiera preguntármelo. Pero cuando me falta un tris para desaparecer, o quizás después de desaparecer, alguien agita ante mí un cristalito, un espejito. Y de la nada, de dentro de la nada, emerge mi reflejo. ¿Qué hago yo aquí? Esta es otra pregunta peligrosa, sin embargo me la formulo porque me envalentono por haber renacido. El peligro estimula para enfrentarse al jardín de senderos que se bifurcan. Los ojos se abren como por primera vez y todo comienza de nuevo. Gracias a Luis Arturo Hernández.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

tarDe dE liBroS



Lectura: VOCES del MÁS-AL-NORTE. 
Lugar: Librería Primado, (Avd. Primado Reig, 102. Valencia)
Día: Viernes 7 de Noviembre
Hora: 19:30



Tarde de libros. Y los libros nunca te dejan solo, aunque los escribas en soledad y los leas en soledad. Ellos te llevan más lejos: a lugares remotos, profundos, internos o imaginados. Ellos te llevan más cerca de ti mismo y de tu gente, más cerca de tu verdad y de tu sueño. Ellos viven en ti, por ti y para ti. 

Gracias a la Librería Primado por ser tierra franca para los libros. Gracias por ser una librería con librero dentro (Miguel), algo tan raro y valioso como una ostra con perla. Gracias a tod@s por acompañarnos.

Los autores somos Juan L. de la Cruz, Roberto Lastre y yo. Esta vez hemos escrito prosa poética, novela y narrativa breve.





domingo, 2 de noviembre de 2014

LecTuRa


Estoy agradecida a Joaquín Lloréns por esta lectura atenta e intuitiva. Hemos compartido horas de ese extraño tiempo en el que vemos cosas.

miércoles, 1 de octubre de 2014

PreSentacióN De bOlas dE PapeL dE pLata

BOLAS DE PAPEL DE PLATA (Arte Activo Ediciones, Vitoria-Gasteiz, 2014)  se presentó el 25 de septiembre en el Museo de Bellas Artes de Vitoria. Acompañaron a la autora el escritor y editor Roberto Lastre, el profesor y poeta Juan L. de la Cruz y el pintor José Velázquez de Castro.





 Bolas de Papel de Plata es un libro de narrativa breve, o quizás podría decir intuitiva. Son pequeños cuentos que proceden de pequeños impactos sobre la percepción y sobre la emoción. El mundo es a veces bobo y de colores; otras veces profundo y oscuro; otras, trasparente y naiv. A veces la memoria despierta con su inmenso ojo azul. A veces la ciudad es un cuadro impresionista o puntillista. El formato cuento breve es adecuado para reproducir este cliqueo y parloteo de la realidad. Como si el tweet pudiera tener una página o dos.

Los escenarios de la realidad producen en ocasiones la experiencia del extrañamiento, cuando las cosas apenas tienen significado y cobran un punto onírico. En otras ocasiones la realidad nos presenta una imagen nítida y los habitantes de esa realidad se vuelven nuestros confidentes y nos revelan sus secretos y parecen pedirnos perdón, absolución, amor.

Muchos de los relatos de este libro suceden en un vehículo.  Me interesan los vehículos, esas máquinas que fabrican un tiempo entre espacios y que sirven para cambiar los universos. También me interesan las ciudades, las urbes. Esas colmenas, pajareras, granjas de individuos extraños.


En Bolas de Papel de Plata hay cuentos que tienen que ver con las temperaturas, como si fueran producto de la destilación, el deshielo, la combustión. Hay cuentos escritos a ras del suelo, a pie de calle; otros son un vuelo rasante, como la conciencia flotante que no se posa del todo sobre el suelo. Hay cuentos acerca de la ciudad, ese mecano memorioso. Acerca del ruido ambiente. Sobre las miradas que se cruzan.

El escenario. 
Los previos. 
El público. 
La presentación. 
Y final feliz. 
Gracias a tod@s. 























miércoles, 10 de septiembre de 2014

He vUeltO

He vuelto. Este verano he tenido que duplicarme como me enseñó Hermione Granger para poder superar todas las pruebas. Si te desplazas a gran velocidad en el espacio desaparece el tiempo (atmosférico) porque las estaciones sólo se perciben si permaneces en el mismo punto geográfico. En el condado de Kent vivimos un principio de verano de tres días, al cuarto nos sorprendieron las lluvias otoñales de Holanda y al quinto ya era invierno en las inmediaciones de Salzburgo. Toda Alemania fue primaveral, en Francia nos plantamos en septiembre, en Vitoria estábamos a finales de noviembre, en Valencia regresamos a julio y en Sevilla se nos hizo pleno agosto. Me recuerdo traficando con chaquetas, desmangados, paraguas y bikinis.

No he vuelto morena. Sigo pálida, maldita sea. El tiempo no está claro. El mundo que he visto me preocupa. Es hermoso pero me preocupa. Ya hablaremos de todo esto.

Imagen: Norbert Kniat

viernes, 15 de agosto de 2014

la BodA deL tiEmpo iNsulaR


El 26 de julio se celebró una boda en la isla donde los hechos ocurren una hora antes y todo dura una hora más. Por eso los invitados tuvieron que tomar un enorme barco en el que cuando se llega a tierra todavía es una hora menos y todo el mundo recibe sesenta minutos regalados. Se dice que ese tiempo lo pesca el gran barco justo en el brazo de mar que separa la tierra conocida de la isla mágica. Nadie sabe cómo lo hace ni a qué prodigioso procedimiento recurre. Lo que sí es sabido es que lo encuentra bamboleándose plácidamente en un sedativo rumor amortiguado de motores.
Como es natural, el tiempo que entrega el barco deberá devolverlo el viajero en el crucero de vuelta. Aunque bien es cierto que sólo reclama el tiempo externo cuantificable y no el interiorizado. Porque el tiempo interno –dice el gran barco- se vuelve íntimo e imperecedero.
Todo lo cual tiene la siguiente lectura:
Los novios se casaron en un tiempo insular elaborado en el fondo del océano. Lo entretejen las sirenas de cabellos ondulados como las olas (cuyos cantos sólo pueden entenderse debajo del agua), los delfines del Atlántico y los peces que se iluminan a la caída de la tarde. Posiblemente sea ese el mejor tiempo de todos. Tiempo mágico y azul. Profundo y esplendorosamente habitado.  
Y dicen que vivirán unidos y felices quienes en el tiempo insular celebran su matrimonio con júbilo y amor.
Así sea.



miércoles, 16 de julio de 2014

de Cara A la paReD

"De cara a la pared", último poemario de Mikel Varas.

¿Que tenemos aquí?
Poesía dicha a la cara. Como quien se confiesa. Como quien te canta las cuarenta. Como quien te mira dulcemente a los ojos. 
Poesía escrita contra las cuerdas, contra el viento, contra la lluvia, sobre el muro de las lamentaciones. Con spray de grafitero, con el humo de una avioneta, con el dedo de un niño sabio.
La poesía que llevan dentro los autobuses urbanos, las bocas de las alcantarillas, los móviles de los enamorados, los zurrones de los carteros, las jaulas del circo, los ojos de los ilegales, las luces de la noche, el silencio profundo del mar, la silueta de las nubes.

miércoles, 9 de julio de 2014

Factor Z. Sevilla, Casa de la Provincia

FACTOR Z
 abrazados a un eucalipto

(pinturas de melchor zapata y fernando parrilla
textos de ángela mallén)

En Alcolea ardía el aire, quemaba el agua, cantaban los gatos y se multiplicaban las mariposas de la luz. En la plaza nacía un verso para cada oreja y sonaba una palabra para cada corazón. Porque las palabras son del mismo pueblo que la fantasía, el recuerdo y la música matemática y astral de las chicharras.

Mientras abuela Manuela cosía chorizos, salchichones y morcillas e iba recitando romanzas de otro siglo, Melchor pintaba la cabra de los húngaros, las mujeres del almanaque o la niña con sombrero de paja; y el primo Fernando y yo hacíamos teatro para los niños de la calle Arriba, de la calle Abajo o de la calle de La Laguna. Nos comprábamos polos de menta y regaliz del duro en la plaza y le dábamos una peseta a Macedonio para que se la gastara en vino peleón. Hasta la plaza sólo se aventuraban las niñas temerarias porque los niños de entonces daban pellizcos debajo de la falda. Teníamos tesoros: una goma de saltar, bolitas de cristal prodigioso y cromos de niñas pulcras -como las de la Enciclopedia Álvarez de Doña Carmela la maestra- que se ganaban dando manotazos en el suelo de ladrillo colorado. Teníamos costras en las rodillas y la ropa llena de lamparones. Jugábamos a poner una tienda, a corre que te pillo, a matar geranios de los patios o a mandar pelotas a los tejados. De vez en cuando pasaba un hombre  que regresaba del campo en bicicleta. Era la hora de la siesta. Y cuando tocaba la campana para misa de tarde, ya nos habíamos bañado en el lebrillo grande y yo llevaba puestas mis sandalias nuevas de charol.

La poesía de Alcolea está hecha de emoción, tanto la sublime y clásica como la modesta y popular. Porque la poesía puede ser naif, intelectualista, experimentalista o neoclásica, pero en nuestro pueblo la vivimos alegres como el día de la Virgen, solemnes como en una ceremonia de iniciación, y, siempre, con placer y respeto.


Volamos. Disfrutamos. Y estamos muy atentos a todo lo pequeño.

martes, 24 de junio de 2014

BolaS de paPel plAteaDo

AAE. Vitoria, 2014
Actos, sucesos, casos.
Una ráfaga de bolas fortuitas. Las vemos caer. Fallan. Atinan. Hieren. Las pisamos y explotan como minas antipersonales de sinsentido. Saltan astillas. Alguien lame sus heridas. Recopilamos  fragmentos que desencadenan hipótesis. Imaginamos historias acerca de una realidad inestable y bélica, cuentos de soldados inocentes y atónitos.
Penetrante y recia,
la realidad nos acribilla en la calle. Bolas para los transeúntes que corren de una trinchera a otra, de un árbol a otro árbol, de semáforo en semáforo.  Peligrosa, seductiva, hipnótica, ajena a las emociones que provoca su cliqueo.
Fugaces, volátiles,
bolas de fantasía anidan en el núcleo de una conjetura; pesan en la obscuridad de una alcantarilla, caen en el borde de un número primo, oscilan en la estrategia de un perturbado, centellean en el fondo de un escaparate.
Bolas de papel de plata caen sobre la ciudad.
Munición de realidad. Perdigones de quimera. Son para disparar. Para jugar. Para guardar. O para luego.





sábado, 10 de mayo de 2014

PoeSía de TodoS


La poesía es el arte marcial de la literatura. Porque en su lucha con la emoción utiliza la disciplina mental. Porque el poeta se ejercita como un samurai incruento y se hace el harakiri incruento y busca la economía de movimiento y busca vencer mediante la suavidad.

En cada poeta hay una persona emocionada, pero también analítica, pero también minuciosa: como el último monje tibetano, como un relojero de cucús, como un artesano del vidrio.

Igual que el vidrio se trabaja el verso: promediando las temperaturas, empleando la química del color y la alquimia de la transparencia. Para escribir un poema, hay que alcanzar el punto de maleabilidad, el punto candente. Pero una vez compuesto, el poema es un objeto frío. Y el poeta es un muñeco roto. El lector es quien vivifica al poeta y quien revitaliza el poema. Le da ritmo, melodía, armonía y alma nueva.

Por eso, tan  importante como el buen poeta es el buen lector, o lectora. El buen escuchador. O escuchadora.

Ágora C.Empr.Centro Medieval de Vitoria