Dos mil quince pasa a la historia. A la universal y a la particular. Tuvo momentos para todos nosotros: para la memoria, para la intimidad, para el aprendizaje. Quiero compartir con vosotros este recuerdo: Diálogo con Eva Lootz en el ARTIUM (Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo), con Caridad Jiménez.
sábado, 9 de enero de 2016
jueves, 3 de diciembre de 2015
CONTORNOS
Limitación y libertad. Interior-exterior. Ex ex. In in.
La ciudad es un mapa de sombras, texturas, redes. La mirada se
desliza por todos sus contornos. La voz acompaña a
la mirada: El suelo y sus líneas. El cielo con sus
cables. La torre, su larga sombra. El caminante y su
tiempo interno...
CONTORNOS es una colaboración del arquitecto Sebastián Bayo Oñoro
(imagen) y la escritora Ángela Mallén (textos). Se estrenó el pasado mes de
mayo en el ámbito del III Festival de Poesía de Vitoria-Gasteiz.
jueves, 19 de noviembre de 2015
Estrellas y barcos
La
literatura sirve para para redefinir al héroe, para rediseñar objetos, para encontrar hermanos, para
añadir planetas, para que se abran ojos, para encender las flores, para
prolongar un sueño, para que las sirenas escuchen, para que las conciencias
despierten, para que los niños se duerman...
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| cómo atar una estrella a un barco. ám |
lunes, 12 de octubre de 2015
HaY uN PueBLo QuE FLota
Hay un pueblo que flota
en nuestra conciencia.
Hay un pueblo que flota
en el mundo, en este planeta, en las autopistas, en las estaciones
intermodales, en las esquinas de las ciudades junto a los anuncios de telefonía
móvil, muy cerca de las nuevas catedrales en forma de banco y multinacional.
Hay un pueblo que flota
en nuestra época.
La época en que los
mendigos dicen la verdad aunque nadie en este mundo los vea, y los presidentes
compiten por engañar a millones y millones de ciudadanos en los picos de share o cuota de audiencia.
Hay un pueblo que flota
porque no encuentra tierra bajo sus pies.
Flota porque todos fueron
ahuyentados como ratas. Fumigados. Descabezados.Flotan porque todos
tienen miedo. Porque tienen hijos. Porque tienen hambre. Porque tienen fe.
Porque tienen vergüenza. Porque tienen lágrimas. Porque tienen años. Porque
tienen derecho. Porque tienen dignidad.Flotan porque no son
ladrones. Porque no son carroñeros. Porque no son asesinos. Porque no son
iluminados. Porque no son dioses de barro. Porque no son muñecos de trapo.
Y no saben mentir como los
presidentes. Y no necesitan Olimpo como los dioses. Y no quieren matarse como
depredadores.
Hay un pueblo que encalla en las fronteras. Que no encuentra alojamiento ni en las ciudades ni en los campos. Cogidos de la mano, con los hijos en brazos y los viejos a rastras. Con sus pañuelos, sus chándals, sus bolsas de plástico, sus mochilas mugrientas. Buscando un parque en Belgrado, en Malta o en Budapest; un tren en Bicske o en Salzburgo; un papel en Munich o en Malmö.
Hay un pueblo que flota aunque tiene raíces. Aunque no tiene alas. Desafía las leyes de la física, de la lógica, de la moral. Los mendigos muestran la verdad en sus ojos y los justos, en su corazón. Los presidentes esconden las soluciones en sus palacios, tras sus banderas, bajo sus llaves.
Hay un pueblo que flota en nuestra memoria. En nuestro historia. En nuestro conocimiento.
jueves, 10 de septiembre de 2015
TanGoS de AgoSTo
I
Mi
vocecita con la que me enfado, me explico, me pongo romántica… dice que en
cuanto salimos del país cambiamos de alma. Él conducía, puesto que yo
pertenezco a la estirpe de los sin carnet. Nos habíamos llevado a Tom Waits,
que nos cantaba el temario completo de “Rain dogs”. En aquella carretera todo
el mundo tenía un camión, y yo miraba las nubes en forma de ratita Ratatouille y
de lechón. Aquello era un película en 3D: las nubes flotaban, las colinas se
desdoblaban, los arcenes se despegaban del paisaje y los insectos se suicidaban
contra el parabrisas. Los árboles y letreros parecía que se iban a salir de la
pantalla. El pensamiento se disparaba. Sin embargo el pensamiento hay que
usarlo con discreción…
Llegamos
a un lugar donde se escuchaba el tic-tac del reloj de la cocina y un cacareo a
lo lejos sonaba como dentro de la cabeza No sonaba nada más. Era el silencio del campo en el que las hojas
de los árboles se balanceaban. Algún pequeño crujir, casi inaudible, de algún
ente incorpóreo caminando sobre la tarima del salón. Eso era todo.
Y
seguimos. En aquella otra carretera se alternaban los campos de cereales y los
bosquecillos. Había algún que otro puesto de carretera con sombrilla roja donde
ciertos coches se detenían para tomar refrescos o un poco de fruta. La mies
estaba recogida en haces cilíndricos sobre los prados verdes donde asomaban la
flor amarilla y la flor blanca.
Otra
vez los pastos.
Los
aspersores expulsando una curva de agua tornasolada. Las vacas rubias desnudas,
sin su traje de vaca. Las nubes, ya sueltas como globos de helio, anunciando el
sur. La línea de camiones, el moderno convoy que reposta las áreas comerciales.
Y los unifamiliares rancheras, cabriolet… todos de color coche (gama de grises,
blancos, rojos, azules metalizados).
En
el viaje todos somos mortadelos transformers,
camaleones de blandiblú, peones, cortesanas…
Hasta que regresamos por el mismo camino. Mi vocecita de pez en la arena que se
arrastra en busca del mar comenta que la vida es un mosquito tigre. Una fiera
minúscula, psicodélica, tragicómica. Circular.
De
nuevo en mi país oigo que alguien dice: “un abrazote guapetona”. Y siento una inexplicable
comprensión gaseosa.
II
Para Itziar
Ella
conoce el sueño lúcido: vivir en la simultaneidad los planos de la realidad.
Sus capas. La conciencia transversal. La gran transparencia. Percibir la vida
como desde el interior de un vehículo en marcha y como en un pastel de milhojas
translúcidas.
¿Cuántas
capas? ¿Son muchas las capas? No sé. No me apetece contarlas. Algo así dijo, o
lo pensó al menos. No fue así como lo dijo. Era agosto y el calor igualaba
todos los agostos. Todos aquello meses que ahora parecían encadenados.
Montados. Concatenados. Sin otros meses de por medio. Sólo agostos. ¿Sólo
agostos? Tú alucinas. En la cabeza se juntan todos los calores. Todos los
veranos. Todos los viajes de agosto recorriendo carreteras que son el mundo de
los vehículos, el mundo alargado y estrecho por el que desplazan su existencia
tripulada. La morfología, la estética, la dinámica de un interminable
laberinto. Puentes, señales, líneas de asfalto. Siempre adelante. El mayor
bien, la velocidad. La ley más implacable: la limitación. Siempre avanzando
con el destino en la cabeza, en el GPS, en el corazón. Los árboles flanqueando
y desapareciendo para siempre. Un segundo en la conciencia de alguien y quién
sabe si después sumergirse en la insignificancia hasta que otra conciencia
viajera los despierte. La efímera conciencia de las autovías. Su conciencia
perceptiva de nube. Su monótona carencia de resistencia.
Publicación en "Agitadoras"
Publicación en "Agitadoras"
LA CÓLERA ANTIRRADICAL (de junio)
Esta
mañana me he levantado con la cólera de Aguirre en la cabeza. Tú ya sabes a qué
cólera me refiero. Esa cólera que Aguirre dibuja con una sonrisa de Joker de
Gothman. Una cólera redundante, furiosa,
con saña, que se le reconcentra en la voz suavemente firme de ilustre señora
condesa iracunda, desdeñada y abochornada. La cólera que le sale por los ojos
como por dos negras tuberías de pvc. Tendrías que verla, alucinada y voraz,
predicando apocalípticamente para convencernos de que su adversaria Manuela Carmena,
que quiere “romper el sistema
democrático y occidental”, no llegue a la alcaldía de Madrid. Porque Manuela
Carmena pretende acabar ella sola, tú imagínate, ella sola, acabar con la
democracia occidental. Destrozar la democracia “desde el radicalismo”, desde su
radicalidad jurista, de juez emérita. Destruir este país que ha sido edificado
desde la Nobleza y desde la Grandeza. Destruirlo desde la radicalidad hiperbólica.
Desde la radicalidad espantosa. Demoler una democracia tan linda, tan
estupenda, tan monísima, tan primorosa, tan chévere, tan justa para la gente de
bien que viste bien y no afea las calles cuando vienen turistas; tan divertida
para las fiestas de cumpleaños con globos y las cenorras con langostinos; tan
sencillita para desviar millones de euros a los paraísos fiscales quitándoselos
a los enfermos que de todas formas se van a morir; tan apropiada para tantos
periodistas majísimos que machacan, vilipendian y tergiversan a los radicales; tan
comprensiva con tantos compañeros que (¡quién lo iba a sospechar!) malversan,
defraudan, prevarican, manipulan con premeditación y miente con desparpajo; tan
majísima para los jóvenes que sólo podrán desarrollar su proyecto vital en el
extranjero; tan chula para los parados de eterna duración que subsisten
humillados y confusos. Destruir
semejante monada de democracia desde la apestosa radicalidad de una mujer que
ni siquiera tiene asesores corruptos con quienes pactar cositas interesantes.
Una mujer que sin apenas ir a la peluquería quiere arruinar la democracia de
este país de arruinados feos, antiestéticos y chillones que tanto molestan,
aunque “son poquísimos”, cuando vienen a agitarlos los radicales “pagados pa
meter follón”.
¿Tú
te acuerdas de cuando Enrique Tierno Galván decía que “radicalizarse es perder
el miedo” porque es volver a la raíz. Y tampoco vendría mal recordar unas
palabras de Adela Cortina "Gracias a los inconformistas (del
mundo filosófico y de la vida cotidiana), a los que no se resignan con el derecho vigente, la política
meramente pragmática y la religión domesticada, los que siguen
empeñados en la idea de que debe ser de otro modo, porque nuestro mundo práctico no
tiene -ni en el Este ni en el Oeste- altura humana. Gracias a ellos
sabemos que sigue existiendo una aspiración en el hombre, llamada moral".
O también estas otras de José Luis López Aranguren: “¿Qué tienen que ver
con la sociedad civil los nuevos movimientos sociales alternativos, los
jóvenes -y maduros- en paro, los marginados de toda especie, las minorías más o
menos étnicas y, con frecuencia, nacionalismos, etcétera? Sólo por ingenuidad o
por voluntad de confusión puede suponerse incluido el conjunto de la sociedad
en el grupo privilegiado de quienes detentan unos nuevos poderes fácticos,
sociales, sí, pero que se sustraen a toda responsabilidad social”. Y no
olvidemos tampoco, por favor, la razón poética de María Zambrano, su voluntad
de unir el pensamiento, la emoción y la vida…
Quizás
haya llegado la hora de volver a los viejos maestros para desenmascarar a las
viejas glorias defensoras de “nuestro sistema constitucional de democracia
occidental”, un sistema viciado y vaciado de todo el contenido que le otorgaron
los verdaderos socialdemócratas españoles y europeos. Quizás no haya otro
camino que “radicalizarse” a lo Tierno Galván. Pese a la cólera de Aguirre.
Tú
dirás, qué me está contando esta mujer.
Pues eso.
lunes, 25 de mayo de 2015
LetRas pAra Las ArtEs
Día 26 de mayo 2015, 19.30 h.
ARTIUM - Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, Vitoria-Gasteiz
Diálogo con la obra: "Ella vive en el traje que se está haciendo", de Eva Lootz
ARTIUM - Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo, Vitoria-Gasteiz
Diálogo con la obra: "Ella vive en el traje que se está haciendo", de Eva Lootz
Nos acompaña la profesora y artista de euritmia Caridad Jiménez.
(La euritmia es una forma de meditación dinámica occidental basada en lo arquetípico del sonido).
viernes, 22 de mayo de 2015
cOntOrnOs...
...sucedió la tarde del miércoles 20 en la Sala Dendaraba. La lluvia no disuadió al público. La imagen y la palabra exploraron las líneas, los rincones, las siluetas, las sombras. La colaboración con Sebastián Bayo y Magoo, un lujo. El trabajo tuvo sentido. Gracias.
sábado, 16 de mayo de 2015
El VieRnEs de JuLiA
El viernes día 8 fue de Julia Otxoa. Me gustó mucho presentarla en Vitoria, en el ámbito del festival "Poetas en Mayo", porque muchos de mis conciudadanos y amigos pudieron disfrutar de su poesía y de su personalidad. Considero una suerte cuando puedo ser parte de las buenas cosas de la vida.
Transcribo a continuación una parte de dicha presentación:
"Julia Otxoa es austera y lírica como la meditación de
un monje ante un amanecer rojo. La obra de Julia Otxoa es luminosa, necesaria,
como el fósforo que se enciende en una cueva. Toda su obra tiene que ver con la
luz. Una luz que proviene de
una fuente de lucidez. Julia Otxoa tiene
la perplejidad de una niña sabia y la extrañeza que embarga al viajero. Vivir es caminar en lo distinto, dice ella, porque elige la orilla, el margen para ser y escribir. Por eso defiende la precariedad para
desplegar su expresividad concisa y poderosa. Escribe: Permanecer en la inquietud, permanecer en la inquietud... Apaciento mi sombra en los lugares más
inseguros del pensamiento. Oigo crecer mi osamenta cada día, mi infancia no ha
terminado… Escribe: El desasosiego de
ver crecer el desierto, /hace temblar en agosto el corazón de los manzanos. Inquietud y desarraigo, crecimiento y
desasosiego. Y es que un mundo mirado con extrañeza hace que el lugar común se
vuelva un lugar para ti. Julia Otxoa lo
sabe. Y por eso busca la cuerda floja, el riesgo de la frescura, busca las
pequeñas huellas de los insectos, la percepción intima de los tiempos. Sabe que
los microcosmos son inestables y nos comunica el deleite de presenciarlos, el
deber de cuidarlos, la modestia de saberse, como todos, transeúnte.
Por todo ello, la obra de Julia Otxoa es sutilmente
iconoclasta, tiernamente irónica, modestamente digna. Una luz lenta que ilumina
el inquietante fatalismo del azar, la batalla contra la soberbia de la injustica,
el tiempo del caminante o el vuelo de la libélula. Una luz que se adentra en la
niebla donde se extravían los barcos. Esa luz es un faro que guía
un barco de papel. No es la
estrella Polar que se queda quieta en un punto del cielo, sino la luz inquieta
que va en busca de los náufragos."
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| J.Otxoa |
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| J.Otxoa, A.Mallén |
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| Fragilidad de la ortodoxia. J.Otxoa |
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| Azar. J.Otxoa |
domingo, 10 de mayo de 2015
en La ciUdaD blAnca
Doce torres para una ciudad blanca. Doce
torres para una ciudad blanca bajo el sol,
de sábana enjuagada con añil,
de colcha de arabescos y caliza.
Desde lo alto de las torres
(góticas, mudéjares, barrocas)
éramos nosotros dos mosquitos en la ola de calor.
Yo era el insecto más pequeño. Aún no dominaba
mis élitros, mi hálito,
mínimo de larva,
mi impulso para alzar
un cuerpo microscópico...
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| De "Cuentos diferentes para niños diferentes" |
sábado, 11 de abril de 2015
ReEdición "Bolas de Papel de Plata"
"Bolas de Papel de Plata" alcanza su reedición. O reencarnación. Me
impresiona que tantas personas desconocidas hayan leído estos cuentos salidos
de mi cabeza. Ahora están también en las suyas. Eso crea una especie de
parentesco. Doy las gracias de corazón, a tod@s. También a mi editor y a la distribuidora.

miércoles, 1 de abril de 2015
PlAzAs
Si una plaza me
canta, puedo bailar.
Si toca el
violoncelo, puedo volar.
Si calla,
guardo silencio.
En cada plaza
nace una emoción
y siempre me
convierto en una paloma.
La plaza borra los caminos que te traen
e inventa un laberinto para que te pierdas.
Cada plaza
vive a su manera.
La piazza Roma ondula su fontana
exhuberante.
La praça de Lisboa viaja en sus tranvías
amarillos.
La de
Budjejovice es rubia como la cerveza.
Cuando la
plaza es un placer,
se esconde
entre los muslos de París.
Tal vez
encuentres la plazuela
que alguien
olvidó en la noche.
En el fondo
del mar donde te ahogaste
hallarás la glorieta que
creías perdida.
Hay plazas que
alambican la eternidad del cielo,
otras donde
los hombres perdieron una guerra,
plazas con campanarios
que padecen de vértigo.
No juzgues si
te cierran todas sus ventanas,
si rebosan sus
muros de lluvias y de orín,
si repican o
doblan sus campanas de bronce.
Las plazas
necesitan a su caminante.
Y si la plaza
gira
y gira,
como los
carruseles de Avignon,
debes mirar al cielo, girar dentro de ella,
y bailar con la plaza la música de tu presente.
domingo, 29 de marzo de 2015
En la ciudad babilónica
La vida nos ha reunido, a Maite y a mí, de nuevo. Y nosotras hemos hecho posible, de nuevo, la amistad. Por eso hemos juntado nuestros trabajos: su cuadro y mi poema. Y eso nos hace conscientes de cuánto significa la mirada amiga. Cuánto contiene. Cuánto comparte.
Entrad a ver nuestra preciosa criatura: Espacio LUKE
Entrad a ver nuestra preciosa criatura: Espacio LUKE
viernes, 20 de marzo de 2015
El hombre del saco
Los hechos son
sonoros, pero entre los hechos
hay un
susurro. Y ese susurro
es lo que me
impresiona.
Clarice Lispector
Me aventuré a
bajar a esta ciudad quieta donde percibo el peligro incitante de las cárceles
abiertas y de los versos de Paul Celan.
El sol no ha salido ni una vez siquiera en todo este día inseparable del
cielo nublado. Una lluvia aceitosa abrillanta las calles vacías y unta de sebo
el ánimo. Ante la escalerilla neoclásica
de la estación se extiende una explanada de primorosos jardines nutridos de
fosfatos y de nitratos. Debo caminar muchos metros bajo un manto inclemente de
lluvia hasta alcanzar la primera marquesina,
muy barroca, de un hotelito con
portero uniformado. Sobre mi cabeza
flota alguien que soy yo, sigue mis pasos, me observa. Si no fuera porque no veo una fuente
angelical de luz, diría que me he muerto.
Por el centro
de la calle se acerca un tranvía decorado con frutas exóticas y eslóganes
publicitarios: Silhouette, Gerne
Brille tragen. Arrastra un sonido
que parece un ulular. De improviso embrida y, entre chirridos y chispas, nace
un hombre. El hombre brota de la lluvia.
Veo salir su flaca pierna y su anguloso rostro de ojos empañados que parecen no
mirar, o no pretender ver, o no creerse lo turbio que ve. Si digo que sale, es porque sale: de lo obscuro a la precaria
claridad. Emerge de la borrasca, con un
pitillo mojado entre los labios, y murmurando algo en el idioma alemán. A mí no se dirige, ni me percibe. O mi rastro no es el que sigue, o soy etérea.
Sobre el lienzo gris del cielo boreal, se van pintando sus rasgos en un
óleo tenebrista que no aclarará hasta los meses primaverales de bonanza y de
luz. Embriagado, tambaleante y lloroso. ¡Qué imagen fijada en la desolación! Me
acerco a él como a una paloma herida. No
lo arrullo por no ahuyentarlo, pero me
corporizo y lo salvo cortésmente:
_ Kommen Sie! Die Straßenbahn hätte Sie fast
überfahren.
Las palabras
te llevan a las presas, nunca fallan. La
vida se llena de indicios a seguir si detectas palabras. Soy galgo viejo, Isadora. Todo comienza por
la pituitaria y fluye como un compuesto hormonal, bien áspero como la piel del
cinabrio, o bien dulce como la papaya. Este caso es la excepción: tengo que
explicar a un hombre que surge de la calle nublada, sin presentimiento, ni
indicio previo, ni palabra que desentrañar. Se presenta el pobre hombre inodoro
e innombrable.
A tientas sí
es posible descifrar. Los ciegos hablan de volúmenes y de sensaciones
minimalistas. Los sordos también conocen música gráfica e iconos sonoros, aprenden a extraer palabras del aire como los
magos sacan los naipes. Pero sin olfato, todo se tambalea. Vives sin preludios, sumiéndote, rehuyendo,
perdida en un laberinto coloro, sabroso y caído del cielo. Lo mismo que este
pobre hombre en el que embarranco y para cuya definición no dejó huella que
olisquear. No dispongo de las palabras. No están terminadas o no fueron
empezadas. Nadie las deseó ni las
encargó, ¿quién iba a querer emplearlas,
ni para quién iban a ser? Palabras sin husmo, mal negocio. Atar cabos,
conectar cables sueltos, machihembrar. De algún modo tendré que componer la
crónica del hombre mórbido y solo, visto
y no visto.
_ Stützen Sie sich auf meine Schulter.
Nadie más se
acerca, nadie penetra en el círculo de la compasión. Se deslizan por las líneas adyacentes. Las
monjitas nos enseñaban a ser misericordiosas. No magnánimas, sino
misericordiosas. Señoritas caritativas y luego señoronas caritativas. Atentas al necesitado, a ver quién lo
socorría antes, quién hacía más el bien, quién se ganaba la canastilla. Pero yo
me comprometo porque llevo en mi bolso un billete de tren. Mi coartada
perfecta. Mi gran escapada. Lo acerco renqueando y tambaleándonos hasta el bar
de la estación, que está a pocos metros. Desando lo andado, regreso a la
madriguera. Acompañar al desvalido a una
mesa de bar se parece a ser madre. Dilatas. El desvalido busca tu vientre.
Puede que se alimente de tu placenta. Y siempre te hablará de ella.
Su ella
tiene nombre de walkiria. Reingard se llama, al igual que las hadas
germánicas de cuerpos como armarios, aún cuando por la cintura parece que
Reingard se cimbrea como los juncos meridionales. Le oigo pronunciar su nombre
como quien alcanza a saciar su sed. Se
lo lleva muchas veces a la boca enjugándose los labios:
_Reingard
es tan estúpida que no entiende nada de nada, ¿sabe usted? La inmadura de
Reingard ya escarmentará. Reingard no
sabe elegir a su hombre. No tiene idea de eso. No voy a contestar a la llamada
de esa loca de Reingard… Ahora dice que
a Italia, un sitio como otro. Primero a
Italia y luego adónde, con Pietro, que no es mejor que otro. Míreme,
¿soy yo mejor? Nadie es
mejor. Reingard puede irse con quién
quiera a donde le dé la gana. Ya puede irse Reingard a presumir a otra parte.
Conmigo que no cuente. Tres años son por lo menos dos mil días. En todos me
pedía algo. Dos mil cositas para Reingard,
que si esto que si aquello.
Reingard ya estará hablando en italiano. A ella qué más le da: italiano
o mandarino o Plattdeutsch. Se pone a hablar y nadie sabe que nació en Pekín.
Lejos, ¿eh? No está mal. Pues de allí viene la maldita, de exportación. Se la
trajo su madre de pequeña. Ella dice que no se acuerda, pero bien que habla con
los chinos y bien que conserva la piel de china. Por la noche tenía los dedos
brillantes la primera vez que la toqué. Su madre se llama igual, pero yo a esa
no quería ni verla. Ella a mí menos. Querría un samurai para su muñequita. ¡Que
se la lleven los demonios de la China!. Yo a Reingard la llamaba mi Gar, mi
“gar nichts”. La tomaba entre los brazos y se me quedaba en “gar nichts”, en un
“lychee”. Se me venía como un gato, y
era más lista que el hambre. ¡Sabe Dios por dónde anda!, no sé ni si estará en
Florencia. Yo fui a Florencia con todos los del Departamento, hace cinco años,
o cuatro. Hasta los médicos se apuntaron, y unos cuantos pacientes, los más
potables. A los pacientes los enfermeros los llamamos clientes, porque siempre
hay que darles la razón. Todos estuvimos por Florencia bebiendo Amaretto y
viendo iglesias. Por allí andará mi Gar. Pietro le dirá Rigardina, o Reinnetta.
A lo mejor a ella le gusta que la vuelvan a bautizar. A lo mejor se hartó de
que yo la llamara Gar, aunque bien que se reía, como todos los chinos. Yo
creyendo que toda la gracia era mía y lo mismo se estaba riendo igual que
siempre. Ya estará otra vez dando sus clasecitas. Ella dice que no le gusta
vivir de nadie, que se arregla sola. Pues andando. Cuando llegaba reventada de
las clases me decía: “dame un masajito”. Eso también sería la influencia oriental, ni lo había pensado.
Y yo me ponía hasta contento, lo que es la costumbre. Me decía: “parece que
estás haciendo un Strudel, ji, ji, ji”. Su risita que enseguida me hacía
efecto. Y nos poníamos a jugar mi Gar y yo como dos pequineses. Sabe Dios qué
se le habrá perdido en Florencia, a mi
Reingad…
-
Reingard es nombre de walkiria. _Se lo digo para robarle el nombre de la
boca. ¿Reingard estará ya reconstituida y musculosa? ¿Su cimbreo se habrá vuelto pavoneo? Los
hombres altos son los más abatidos.
Parecen de trapo cuando sufren y adelgazan. Dan ganas de sustentarlos y apuntalarlos. Es de buen samaritano servirles de
articulación y de consuelo. Tomo su mano
izquierda entre las dos mías. A él sólo
puede curarle una geisha la complacencia perdida. Mi sonrisa es tan sedante como un frufrú,
perdura más tiempo que una dinastía.
_ Me
voy. Aquí ya no se me ha perdido nada. _Le está diciendo a la pared el pobre
enfermero con la única sonrisa que tiene.
Sus ojos pasan en un vehículo por
un puente eléctrico de cobre. Se le forman unas arruguitas en las comisuras de
la boca, donde guarda besos muertos y mariposas asfixiadas. -He repartido las cosas de estos tres
años, ¿para qué las quiero? Los muebles
se los llevaron los del ayuntamiento y los libros se los he dado a los
clientes. De todas formas sólo me los leía por darle a ella conversación. De
los cedés no me gustaba ni uno, tanto violín. Me llevo este saco de plástico
con un tubo de su pasta dentífrica. Mi Gar nicht se cepillaba los dientes
cuatro o cinco veces al día, y luego se limpiaba con hilo de seda los dientes
pequeños separaditos. Esta pasta de dientes es la suya. Huele a como ella se
reía…
No deja de
perorar el hombre del saco. Ahora le
compro un billete de lejanías. Puede que
el ticket le devuelva la sobriedad o puede que haga de él un efecto
chinesco. En todo caso permaneceré a
su lado hasta que se lo lleve dentro el tren que circula entre la esperanza y
el miedo. ¿Qué otra cosa se puede hacer?
Es noche cerrada. Todavía sigue
farfullando el hombre, pero ya no le acuden palabras para revelar la imagen de
su desdicha ni para describir los ojos de Reingard, que son grises como un agua
helada en cuyo seno se conservan bacterias que dan la vida y bla, bla, bla. Yo
le he supurado esas palabras. Yo, que seré en su memoria un ángel de
borrachera, un desenlace cuya cara nunca
se ha visto. De haber querido, podría
haber sido su demonio. Dejárselo al tranvía, que despertara de los vahídos, que
se confrontara con la ridícula relatividad de su pérdida. La china se le fue a
Florencia. A Florencia, un sitio
concreto e incluso hermoso. El hombre plañidero no ha tenido que desplazarse al
tanatorio. No ha tenido que mirarle la
jeta a la eternidad.
Este bar
guarda cierta semejanza con las cantinas de los puertos, con los tangos y con
los tugurios de Montparnasse. Hay mucho hombre y alguna mujer pintarrajeada.
Por encima de los medios visillos ahumados puedo ojear el reloj de la estación.
Parece que las ventanas lleven gafas de leer.
Acaban de dar las doce. ¡Pues no hace ya tiempo que la noche ha
caído! Ahí llega mi tren. Es un expreso
de los que me gustan, de los que cantan y se mecen como un barco de nombre
extranjero: el Eilzug nach Freiburg. Todo lo que me va a quedar del
enfermero borracho, incluso la parte minuciosa de su Reingard, cabe en este
boceto de candilejas.
sábado, 28 de febrero de 2015
Lirios de agua
La palabra no es de nadie y es de todos. Nos llena y nos vacía. Nos une
y nos individualiza. Cada palabra contiene un pasado, construye un puente e
inventa un porvenir. La palabra conserva potencia bélica y poderes curativos.
Roza nuestros labios, conoce el camino a nuestro corazón. No arrojemos las
palabras como proyectiles, juntémoslas como pedacitos de espejo que reflejan los mundos. La
palabra nos hace crecer delicadamente, como crecen los lirios de agua.
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| Diego Rivera |
jueves, 18 de diciembre de 2014
La rEvista Áurea
Acabo de recibir La Revista Áurea. Es un honor para mí compartir páginas con poetas que admiro y respeto. Muchas gracias por incluirme.
jueves, 11 de diciembre de 2014
BolaS de Papel de PLata en EspacioLukE
Los escenarios de la realidad producen en
ocasiones la experiencia del extrañamiento, cuando las cosas apenas tienen
significado y cobran un punto onírico. En otras ocasiones la realidad nos
presenta una imagen nítida y los habitantes de esa realidad se vuelven nuestros
confidentes y nos revelan sus secretos y parecen pedirnos perdón, absolución,
amor.
lunes, 1 de diciembre de 2014
GrAciAs
De vez en cuando menguo. ¿Eso es posible?, se pregunta cualquiera mirándome de arriba abajo. "Posible" es una mala palabra, porque da pie y una no sabe nunca a qué da pie la palabra "posible". (Esa puerta trasera. Esa gatera. "Posible"). Menguo y menguo hasta más no poder. Un ratón es mayor que yo. Una pulga incluso. No sabría explicarlo, si alguien quisiera preguntármelo. Pero cuando me falta un tris para desaparecer, o quizás después de desaparecer, alguien agita ante mí un cristalito, un espejito. Y de la nada, de dentro de la nada, emerge mi reflejo. ¿Qué hago yo aquí? Esta es otra pregunta peligrosa, sin embargo me la formulo porque me envalentono por haber renacido. El peligro estimula para enfrentarse al jardín de senderos que se bifurcan. Los ojos se abren como por primera vez y todo comienza de nuevo. Gracias a Luis Arturo Hernández.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
tarDe dE liBroS
Lugar: Librería Primado, (Avd. Primado Reig, 102. Valencia)
Día: Viernes 7 de NoviembreHora: 19:30
Tarde de libros. Y los libros nunca te dejan solo, aunque los escribas en soledad y los leas en soledad. Ellos te llevan más lejos: a lugares remotos, profundos, internos o imaginados. Ellos te llevan más cerca de ti mismo y de tu gente, más cerca de tu verdad y de tu sueño. Ellos viven en ti, por ti y para ti.
Gracias a la Librería Primado por ser tierra franca para los libros. Gracias por ser una librería con librero dentro (Miguel), algo tan raro y valioso como una ostra con perla. Gracias a tod@s por acompañarnos.
Los autores somos Juan L. de la Cruz, Roberto Lastre y yo. Esta vez hemos escrito prosa poética, novela y narrativa breve.
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