domingo, 8 de marzo de 2020

bONSÁiS



Más pequeñas aún eran tus manos,
venosas y morenas;
más pequeñas aún que dos bonsáis,
que dos árboles complejos, contraídos.

Amasaban pestiños, panes de harina blanca,
tortas de piñonate. Tus manos
pelaban ajos tiernos, patatas tempraneras,
largas pencas de acelga.
Planchaban dobladillos, las mangas y los cuellos.
Encalaban la casa por encima del friso.
Lavaban los visillos, las dos colchas morunas,
las medias con costura.
Limpiaban las orejas del sillón.
Cosían los ojales, jaretas y festones.
Zurcían calcetines.
Bordaban iniciales en la mantelería, tus manos.

Buscaban sus abrazos a mi espalda:
dos ardillas partiendo su avellana.
Me dieron el adiós con La muerte del cisne. Tus manos.
Con el largo pañuelo de Isadora Duncan.

Bajé de tus bonsáis a una calle agitada.
Era un día de agosto.
La puerta de casa se cerró. Lacró. Selló. Borró.

(De La noche en una flor de baobab)

miércoles, 27 de noviembre de 2019

PoesiApp


Tentativas de definición de este libro:

PoesiApp, de Juan L. de la Cruz (AAediciones, 2019), es una bitácora de la vida, un cuaderno de viaje que se retransmite de modo poético por WhatsApp. Se trata sin duda de un género nuevo.

Son las notas de una vuelta al mundo sin salir del alma y un informe de regresos sin que el viaje cese.

PoesiApp es un microtratado filosófico de oscura pureza y de antigua ternura.

Una propuesta comunicativa que reúne fábulas en formato tweet, confesiones del tamaño de un aforismo, odas a la belleza que funcionan como un eslogan, perlas de plegarias, píldoras de opinión, mensajes S.O.S retóricos y tratados filosóficos hiperbreves.

PoesiApp es un despliegue conceptual escrito a ritmo taquigráfico con lenguaje sincopado.

Un poemario que te descargas como una aplicación y se lo instala el lector como un programa para reformatear su pensamiento en clave poética. 

La poesía es una vieja dama que nunca se ha muerto. Que lleva miles de años viva. Y no sabemos si es una hechicera, o una vampiresa, o una diosa, o una activista, o una prostituta, o una niña rubia, o una delegada comercial, o una camionera, o una agente de seguros, o una profesora de Berkeley. O todas a la vez. Siempre ha latido en los corazones aventureros. Siempre ha soñado en los ojos de los Ulises y de las Penélopes. Se alzaba con los puños de las revoluciones. Ha sabido rezar odas, pronunciar sonetos, cantar romances, componer liras, dibujar caligramas, esgrimir epopeyas, lanzar pareados, llorar epitafios, musicar la vida y preservar el alma. De este modo llegó hasta nuestro presente, sin permitir que las edades del mundo la debiliten.

Su fuerza grabó la piedra, garabateó pergaminos, conoció la imprenta. Pero ahora, en este milenio nuestro de electricidad y de silicona, su fuerza anidó en un móvil y tomó la red. Y rejuveneció una vez más. Y se reencarnó en PoesíaApp.

Imagina al poeta caminando de puntillas por las teclas de su smartphone, como si sus dedos fueran bailarinas que pulsaran la poesía de tecla en tecla, de ladrillo en ladrillo. Imagina al poeta adelgazando sus dedos para que puedan pinzar poesía. Letra por letra, como si fueran insectos que no deben dejar de volar en streaming por el software de tu cabeza, por el hardware oculto en tu corazón.

Enhorabuena al poeta por bailar en la nube con esta vieja dama eternamente joven.

(Palabras de Ángela Mallén en la presentación de PoesiApp, de Juan L. de la Cruz. Vitoria-Gasteiz, 25 de noviembre 2019. Salón de grados UPV)





viernes, 8 de noviembre de 2019

EL ENOJO DE LA CLASE POLÍTICA

                  Wäre es da nicht doch einfacher,
die Regierung löste das Volk auf und
wählte ein anderes?

(¿No sería en ese caso más simple
para el gobierno disolver al pueblo
y elegir a otro?)
(Die Lösung / La solución.
Bertolt Brecht)


El pueblo español está castigado a repetir cien veces las Elecciones. Porque no se ha preparado bien el tema y no ha contestado correctamente a la pregunta. Una pregunta fácil, con pocas alternativas.

Es cierto que las nuevas tendencias políticas internacionales han penetrado en la red nacional haciendo que las opciones se multipliquen y con ello se haga un poco más compleja la tarea de acertar la respuesta. También debería tenerse en cuenta que los nuevos representantes políticos son jóvenes e inexpertos y no han sabido explicar del todo bien la lección. Pero, por muchas excusas y pretextos que el pueblo busque o elabore, nunca será eximido de este severo castigo. ¿Cuándo entenderán las personas convocadas a las urnas que lo que está en juego queda por encima de sus insignificantes mentalidades? No se puede votar a la ligera, de manera caprichosa, dejándose llevar por el colorido de las insignias o el atractivo de los programas. Hay que saber separar el grano de la paja. Hay que prepararse el tema.

Y, como no podía ser de otra manera, la clase política está enojada, muy decepcionada. No esperaban tener que darle al pueblo un suspenso general. Es evidente que los partidos no pueden arriesgarse a un nuevo fracaso en sus estrategias, y por eso, el pueblo ha debido pasar de ser sólo sufrido a ser también castigado. Un castigo ejemplar, para que el electorado aprenda de una vez a repartir y dosificar bien sus votos. De seguir la gente como hasta ahora, haciendo el burro y el vago, la clase política presentará una nueva iniciativa según la cual serán los partidos quienes elijan la papeleta que depositaría en las urnas cada miembro de su electorado. De hecho, con el primer bloque que logre la mayoría para formar Gobierno, dicha iniciativa podría convertirse en proyecto de Ley que entraría en vigor tras registrarse en el Congreso y ser ratificada por el Senado.  Por último, y para dejarlo todo bien atado, el claustro de líderes políticos determina, por mayoría cercana a la unanimidad, que sólo en el caso de que el resultado de futuras Elecciones fuera incorrecto y por ello mereciera la calificación de INSUFICIENTE, se disolvería al pueblo y se elegiría a otro. Quizás andemos cerca de tener que aceptar la sugerencia de Bertolt Brecht.

martes, 1 de octubre de 2019

eN LA LuZ dE La “HERMOSA NADA”

Bartleby Editores. Madrid 2019. 112 pág.
Primero se da una atmósfera, y de ella devienen los mundos. Esa es la lógica de toda génesis. Y así también parece haberse generado el espléndido poemario de Rosa Lentini, “Hermosa nada”. Tenemos una atmósfera psíquica, a cuya luz trabaja el pensamiento sobre una urdimbre orgánica. Tenemos una partitura lírica compuesta de aullidos lejanos y susurros internos. Tenemos un enjambre de conceptos semánticamente depurados que logra una imaginería figurativa y desfigurativa a la manera de Francis Bacon. Sin embargo, aunque estemos en la fórmula de Bacon en lo que se refiere a lo inquietante e intenso, somos invitados a evocar la abstracción poética de Dubuffet y el purismo geométrico de Piet Mondrian. El lector recibe de este modo una propuesta multidisciplinar: poesía de lenguaje icónico -casi fílmico por su composición escenográfica- y también una partitura que expresa con energía el eco de la tristeza y con dulzura el resplandor de la memoria, del modo en que un cuarteto de cuerda interpreta el Opus 10 de Claude Debussy.

Hay mucho de anglófilo en la obra de Lentini. Algo que nos hace pensar en un intercambio de aliento con ciertas poetas americanas, como si de algún modo Sharon Olds pensara en Rosa Lentini mientras escribía “Vuelvo a mayo de 1937”. También Tess Gallagher podría estar haciéndole un guiño cuando habla de “escribir con la mente profunda” o cuanto dice “Por un momento, la profundidad del mundo / me devuelve la mirada.” Y es que “Hermosa nada” nos plantea un catálogo de la memoria bajo el resplandor de las epifanías. Lo cotidiano, su objetividad de aristas, el silencio de escenario vacío y la memoria que opera de manera desnuda, cruda, analítica, en busca de una trascendencia sigilosa.

Rosa Lentini nos entrega un trabajo de precisión a la manera de Wisława Szymborska cuando ésta escribía: “Pobres difuntos, inocentes difuntos, engañados, falibles, ineptamente precavidos…”. A lo que Lentini responde desafiante: “La piel que me impedía crecer cae al suelo” (pág.9). Y entonces levanta la mirada, ese gesto, y da con ella en la diana más recóndita del otro, en su brillo, su oscuridad, su núcleo, su muerte. Saber mirar universos interiores, de eso se trata aquí. Traducir el diálogo mudo que emprenden las miradas difíciles. Conversar con las sombras: la madre que se une a las aves del silencio, el padre y su “salto hacia el gran río”. Dramaturgia contenida por un hilván maestro y el bosquejo de una escenografía en la bruma. “Nada está menos en calma que el tiempo detenido/ de un cuarto de hospital” (Pág.18). Constatar que los colores del cielo tiñen las emociones. Probar una tesis: hay que crear un alma para hablar con los ausentes. Un alma que duda entre lo divinizado y lo mineral. Porque las gigantes estatuas sucumben a la fragilidad y luego a la transparencia. Porque la familia, anhelo de caricias, corazones en formol, se vuelve liquen entre las brechas. “Día tras día invento la historia de su amanecer y de su ocaso” (Pág.41). Durante muchas páginas continúa el monólogo de seda abriéndose paso en una naturaleza boscosa de evocaciones y sombras chinescas. Hasta que cae el luto de gigantes en la lejanía, “todo gigante es un ser alejado”, y ya estamos en sus grandes manos.

“Hermosa nada” es una apuesta audaz y milimétricamente calculada. Como una carambola sobre terciopelo negro. Un viaje a un no-lugar donde reposan “las almas con sus recuerdos grabados a fuego” (pág. 62). Toda esa intensidad en calma, todo ese  trabajo de tensión-distensión que emprende la voz poética para analizar y comprender, como quien desmonta y luego ensambla un artilugio complejo  en busca del misterio de su movimiento. Tal vez obediente a lo que nos dijo María Zambrano: “La poesía descubre con la voz el secreto”.

Una poesía “con poder catártico”, dice de ella Ricardo Cano Gaviria; situada “en los confines de la narrativa”, añade Ana Nuño. “Una poesía con mayúscula, en la que todo tiende a ser tentativa de consumación”, opina Javier Lostalé. “Intensa palabra poética, sea en el deslumbramiento o en la desolación”, escribe J.A. Masoliver Ródenas. En todo caso, Lentini establece ante el lector un diálogo elíptico brillante con las siluetas de Mallarmé, Celan y Pizarnik “Renacido a partir de nada, o de casi nada / el sueño de una mudanza que se pierde / sobre un océano sin ruidos” (Pág. 39).

Escribió Chantal Maillard: “Sin embargo, / sin embargo…/… La lucidez es una chispa, un / estado de conciencia / en las multiplicadas estancias… /…Yo soy el infinito proyecto de mí misma / por encima de mí / me sobrevuelo”.  Rosa Lentini se sobrevuela en su “Hermosa nada”, por encima de las estancias y del autoconcepto. No expresa exactamente la calma, sino la vuelta a la calma después de destilar, asimilar, balancear y estabilizar el material simbólico de un paisaje anímico recorrido a vista de pájaro “mientras la noche esconde en la noche su lámpara de hielo” (Pág 98).

Y se hizo la luz de la “hermosa nada”.

domingo, 16 de junio de 2019

Abedul o mAgnolio

Obra en madera de Marcelo Díaz
Toda calle debería tener una esquina con su bar, y una pizzería con su toldo, y un vendedor de cupones con sus gafas negras, y un músico itinerante de patas largas, y una heladería, y un estanco, y una ferretería, y una hilera de castaños a los que, por primavera, se les ponga la cabeza redonda llena de flores blancas en forma de zarcillos o de endibia; y un perro husmeando, y una fuente pequeña, redonda, clásica, con diosas.
No concibo esta calle dura y rapada; esta calle sin niños cargantes, ni abuelos con la vida hirviéndole debajo de la boina, ni señoras con dos bolsas de plástico, ni un gato desconfiado debajo de un coche, ni portales con portera, ni patios, ni azoteas, ni una parada de autobús con una papelera desfondada. De cuando en cuando pasa por aquí una dama de alcurnia taconeando o algún quinceañero recién duchado que viene del polideportivo con piscina cubierta. El resto de la tropa pasa en coche y se los tragan los garajes.
Mi calle es de acero y hormigón. Si las cuentas, hay cuarenta y cinco farolas diseñadas como para jugar a tiro al plato. Hay edificios sobrios, edificios emblemáticos y edificios inteligentes. Hay un edificio todo de cristal. Hay hábitats laborales y escenarios familiares. No hay ni un nido.
Y aquí estoy. Nadie viene a olerme. Nadie me echa su aliento, ni su lágrima, ni su papel de chicle, ni su parrafada, ni su pis. No escucho el bullicio, ni el runrún, ni el canto del músico melancólico, ni el chorrito de la fuente a la hora de la siesta. Para esto es preferible vivir en la fría Escandinavia.
El concejal de urbanismo firmó el proyecto urbanístico en su fase terminal: “…perseguimos la funcionalidad, la sobriedad, la modernidad... conjunto armonioso..., equilibrio de formas y materiales..., líneas definidas..., espacios diáfanos..., y un referente natural:  abedul o magnolio con seto recortado de boj”.

No hay más que hablar. Por exigencias del proyecto, en esta calle mía tan seca sólo vive un árbol: yo. Esquelético. Enclenque. Depre. ¿Abedul o magnolio? Ya ni me acuerdo.

(De Bolas de Papel de Plata. Vitoria 2014)

En AGITADORAS

sábado, 8 de junio de 2019

el MiraTrenes


Los trenes nos tragan, nos digieren, nos transforman en bolo. Salen de los túneles como los ríos de las grutas o las personas de la enajenación, con un sonido grave que luego sube una octava y por último se vuelve un sostenido. Los trenes son enormes instrumentos musicales. Son máquinas eficientes del tiempo interno donde el viajero puede contemplar el todo en el núcleo de la oscuridad y la nada en el borrón de la velocidad.

En el tren siempre viajamos al mismo punto y tenemos la misma edad. Varía el paisaje como cambian los días en los calendarios, sin alterar la esencia de la vida ni aportar grandes novedades al viajero. Pasan campos con más o menos árboles, cielos con más o menos nubes, andenes con más o menos gente. Sólo el viajero parece detenido. Como un eje que pudiera ver y pensar eternamente. Como una estrella presocrática.  Pasan imágenes coloreadas. Pasan ciudades con nombre de destino. Se ve una casa abandonada cerca de un barranco, un campesino suspendido en un gesto, un ciclista funámbulo sobre la cuerda de un camino, dos o tres pasos de alguien, maletas en el andén, un cogote y una cara fundidos en un abrazo. Podemos imaginar una historia sencilla y triste, una lágrima para un pañuelo de papel. Pasan grandes nubarrones gris marengo que parecen un dibujo emborronado con el pulgar. De repente el cielo está limpio. Se convierte en un cielo sencillo, con la luz blanca y halógena de las tardes de invierno a través de los árboles desnudos. En el gris quedan abandonadas, como dinosaurios en otra era, naves industriales en medio de un charco de cristales rotos, ciudades de barrios roñosos, las afueras de la dignidad donde reinan la vergüenza junto a la culpa y donde se busca la invisibilidad.

En alguna estación de las tantas, con un poco de suerte, el viajero encontrará la mirada abstraída de un jubilado miratrenes. Es una mirada que parece vacía y efímera, pero es un chorro de pensamiento, una biblioteca de la vida, una película que dura cien años. Es una flecha que puede ver y crear. Acertar o caer. Es una idea al otro lado del tren. Es un garfio para los ojos del viajero. Es un espejo, un ancla, un pequeño planeta poblado en medio de la nada vertiginosa.

El miratrenes ha visto al viajero. Lo ha atrapado en la velocidad. Lo ha rescatado y guardado en sus ojos detenidos, sabios como un árbol; viejos, mucho más viejos que todos los viajeros efímeros.

Los ojos del miratrenes ponen a salvo al viajero, en medio de la llanada.
(De Bolas de Papel de Plata, 2014)

martes, 16 de abril de 2019

TOdO PAsA EN LA SOmbRA


HIPÓTESIS DE TI. Fernando García Murga
(Arte Activo Ediciones. Vitoria 2019
Portada: David F. Brandon)

Presentación. Casa de Cultura “Ignacio Aldekoa”. Vitoria-Gasteiz 15 Abril 2019


Yo o mi circunstancia
No soy un ser al que le arrojaron al mundo. El mundo se ha arrojado sobre mí. Y me ha bautizado mujer. Y me ha cubierto tanto de filósofos como de asesinos; tanto de amantes como de conspiradores. En mis venas habitan palomas y serpientes. Mis huesos son trozos de madera noble y de plástico. En mis vísceras resuenan las voces de mil mujeres y los ladridos de mil perros artificiales. Mi compleja circunstancia. Mi compleja circunstancia… (F. García Murga).

Fernando García Murga ha escrito un libro que marca y cierra un círculo perfecto: Desde el silencio y su casuística (el olvido, el cansancio, la invisibilidad), hasta la vuelta de nuevo al silencio; esta vez, esa clase de silencio que deja “durmiendo en el aire” una nota musical después de haber sido talentosamente ejecutada.

Seis partes componen la obra: Prólogo, epílogo y cuatro apartados con nombre en lengua sánscrita (representando, dice su autor, las diferentes formas de aprendizaje propuestas en una teoría epistemológica india). Estas partes conforman un complejo mosaico de memoria y conjeturas, averiguaciones, rebelión, renuncias y amor: el rompecabezas que representa a la mujer.

Con una poesía disuelta en prosa, o que tiñe la prosa de poesía. El autor asume el dolor en femenino, la injustica sorda, la invisibilidad histórica de la mujer, su "despresencia".

Desde mi condición de mujer en genérico, agradezco que un hombre, que podría quedarse repantigado en su hombría, en su rol académico, o en su cabeza alimentada de cultura patriarcal, desaloje su ego, la tendencia de todos y todas, al alojamiento en lo personal, para vestirse con la piel de la mujer. Para investirse mujer. Y viajar por ella y con ella a su invisibilidad, al dolor contenido durante tantos siglos de ser apenas nadie. De ser a duras penas. Siglos de partos y lutos, desprecio y ultraje. La mujer acusada, quemada, mutilada en su placer, silenciada sin sufragio, castigada, lapidada, molida a palos, asesinada por un verdugo que quizás vive aquí al lado, en una calle de nuestro barrio.

Este es un libro salvador. De comprometido defensor. De empatías. Y, por eso, de dualidades y binomios que se trasvasan. De tú a yo. De yo a tú.
Silencio y grito. Como gritos y susurros.
Sueño y vigilia. Como ensueño y alertas.
Sosiego y rebelión. Como curación y guerra.
Poesía y prosa. Como música e historia.
Castigo y perdón. Como serpientes y palomas.
Tú – Yo
Luz – Sombra

Contrarios y contrastes se solapan, dialogan, se identifican, se completan en “la compleja circunstancia”.

La primera clave nos la dan ya las dos citas que abren el poemario. Si engarzamos la primera frase de Rosa María Roffiel y la última, de Gabriel Celaya, leemos: “En mí habitan mil mujeres…” “… que la sangre golpea buscando salida”.

Y es cierto que, al abrir este libro, expele un fogonazo de energía contenida, como el salto de un caballo salvaje que había estado embridado, o la voz que había estado enmudecida.

Si fuera una obra musical, este libro tendría una textura polifónica. De pájaros encerrados y al fin libres. Voces soprano, mezzosoprano y contralto que cantan mediante una sola boca.

Y si fuera un cuadro, sería de Francis Bacon. Por la fuerza figurativa, brillante y oscura.

James Joyce dijo que la imaginación es memoria. Y Murakami dice que “La imaginación es una combinación de recuerdos fragmentados que, combinada de forma eficaz… puede tener un carácter tanto preventivo como intuitivo y… eso debe transformarse en el motor y en la fuerza de la historia. Este libro, entregado en capítulos sánscritos, conforma la memoria histórica femenina para refrescar la memoria colectiva. Literatura fragmentaria, moderna, de cosmovisiones y epifanías. Fragmentos que se desmontan y montan para comprender la identidad. Como hace el relojero, como hace el niño con sus coches de juguete. Como hace el poeta cuando rastrea las voces que nos habitan. Fragmentos como aforismos, proverbios o tweets, en ese formato que ya eligieron los sabios de oriente, los pensadores clásicos o las voces ya modernas de Nietsche o René Char. Esa escritura concentrada y sintética, cercana al silencio y placentera al pensamiento. Sus pequeñas piezas nos llevan por las calles y ágoras a las casas, a los dormitorios, a los baños, siempre hurgando y rebuscando en la cotidianidad, desvelando las estructuras de poder, salvando a “personas entrecortadas”, iluminando las siluetas de la sombra.

Todo pasa en la sombra, dice León Felipe. Y también pasa la luz, como demuestra este libro escrito por Fernando García Murga. Un libro rabiosamente tranquilo. Lúcido, poético, intelectualista y no obstante sencillo, que va desde el silencio cómplice y culpable que pesa sobre la historia en femenino hasta el silencio limpio y hondo que deja la música de la verdad “durmiendo en el aire”.

Gracias.

(Ángela Mallén)

viernes, 12 de abril de 2019

NO DEMaSIAdO LEJOS DeL VOLCáN SNEFfeLS

El jueves fuimos al cine. Eso ya era un placer, que el jueves se volviera tarde de domingo. Vimos una película de Islandia. Al salir del cine, una señora iba diciéndole a un grupo de amigas y amigos: la primera película islandesa que veo. Y será la última. Jajaja, corearon todos los demás. Sentí la aspereza de sus carcajadas sobre mi corazón encogido. Como si me cambiaran una blusa de seda por una de esparto. La película se llama “La mujer de la montaña” (en islandés Kona fer í stríð, que significa Una mujer va a la guerra). Una profesora de canto combate con actos de sabotaje contra la industria del aluminio que contamina la naturaleza. Y es que Islandia es una isla alfombrada de lana gruesa, parda, casi dorada. Sobre ella caminaron el Profesor Lidenbrock, su sobrino Axel y el cazador Hans cuando iban en busca del volcán Sneffels, por el que penetrarían en el centro de la tierra. Las casas por allí son minimalistas, prácticas y cálidas. La mujer de la montaña tiene un alma justiciera, un medio primo solidario y una hermana gemela que vive en la espiritualidad. Engarzada en la historia, como si se tratara de un actor más en el elenco, aparece la música. Aparece literalmente, con su lirismo étnico. Toda la película es un poema épico y visual que utiliza los recursos de la imagen, la palabra y lo musical para impactar en el kokoro (mente-espíritu-corazón) con las tres claves de empresa aventurera, fina ironía y profunda humanidad que ya utilizara el maestro Julio Verne en su novela. Gana el tres por tres. Habría mucho que añadir y quizás desvelar. Sin embargo, no voy a insistir. La película está en cartel, abierta a todos los públicos; tanto para quienes sobrevaloran la visión fácil como para quienes exigen un mínimo de sano y estético goce anímico-intelectual. Varios importantes premios y nominaciones internacionales avalan la dirección de Benedikt Erlingsson o la interpretación de Halldora Geirharðsdóttir. Yo escribo estas breves líneas sólo para enmendar las carcajadas que escuché a la salida del cine.



viernes, 1 de febrero de 2019

PLAGIO. Una novela “original”


Autor: Rosauro Varo Cobos
Ediciones En huida. Sevilla, 2018
15 €

Rosauro Varo Cobos, joven pediatra cordobés, curtido en calidad de médico y cooperante en países como Costa Rica, Perú, Sudáfrica, República Centroafricana o Mozambique, ha escrito una novela imprescindible. ¿Por qué imprescindible? Porque nos confronta con la vertiginosa actualidad prestándonos una mirada caleidoscópica, intertextual, con ese parpadeo-zaping que es la única oportunidad que nos queda para comprehender el presente.

Todo lo que aloja este libro ya ha sido pensado, analizado, madurado y descifrado. Todo lo que aloja este libro ya ha sido grabado, redactado, recitado y cocinado. Todo lo que aloja este libro ya ha sido vivido, leído, oído y digerido. Todo lo que aloja este libro no es más que un plagio. Todo lo que aloja nuestro interior lo es.” Así comienza la novela, así de a palo seco. A continuación, entramos en una mente que parece ubicua a través de un diario que parece un informe policial. Y ya estamos atrapados.

PLAGIO es un rugido áspero, una “dentellada seca y caliente” a nuestro siglo lleno de zombis, replicantes e iluminados. Un canto miserere por la muerte del pensamiento lineal. El apocalipsis de la gnosis y el exorcismo de un momento histórico endemoniado.

PLAGIO es un viaje por el contenido cognitivo de la generación del milenio a través de un personaje ilustrado, descreído e incorrecto, en estado de vigilia total. Duro de roer y de pelar. Con humor sarcástico y con la fuerza expresiva de un lenguaje de la calle (entre icónico y escatológico) y de Twitter (impactante, medido), nos habla de la modernidad construida sobre el lodazal de la historia. Nos habla de este mundo nuestro que oscila entre lo “vintage” o “retro” y el Antropoceno con su gran aceleración. Los planos de la historia personal, la cotidianidad, el discurso de la historia universal, el ruido planetario... Todo se entremezcla y entrecruza. Pero no se emborracha. Resulta, como en El jardín de las delicias, en una suerte de onirismo e hiperrealismo.

El autor ha elegido el formato diario para armar y ensamblar la historia en un collage de 100 pequeñas piezas. El protagonista es un gigantón lúcido e incómodo que le retransmite su cotidianidad a un público invisible. Se nos muestra como un hombre metódico, al que parece importante la hora del día y el lugar de la casa en el que escribe, como si se tratara de un juego de “cluedo” en el que la acción se desplegara dentro de la geografía doméstica. Sin embargo, es en la mente del protagonista (ácido, verborreico, cabreísta, sobreestimulado, como un Dr. House del aquí y ahora) donde se juega un totus revolutum de meta-fantasía y ultra-consciencia.

Mediante un lenguaje, como se ha dicho, fresco, de frase corta y estilo puntillista, asistimos a un rastreo y desenmascaramiento de la hipocresía social, a una catalogación exhaustiva de sus mutaciones. Como un barrido del mundo y, al mismo tiempo, una disección con escalpelo de un corte transversal. Imaginamos una mueca de cinismo en el narrador cuando verbaliza y traduce el presente, llevándonos a una suerte de existencialismo frenético y borroso, con una nómina de personajes que emergen por un instante de sus redes o perfiles sociales y nos muestran esa clase de vida frívola y neurotizada que se oculta tras los emoticonos.

La elección de una puntuación estilo pizzicato nos obliga a acelerar el ritmo de lectura y a romper la línea de razonamiento para entrar en un vértigo de fogonazos fílmicos y golpes de memoria. “La realidad es una huida petrificada”, leemos. Y se nos requiere comprender un pensamiento atlético y una conciencia hipersensibilizada por el bombardeo de estímulos. Los personajes del siglo veintiuno (desde Slavoj Žižek a Terrence Malick, desde los “hooligans” a los colgados, intelectuales, artistas, científicos, veganos, hípsters…) son convidados a un festival de monstruos, baile de máscaras, danza de malditos. El lector también es invitado a contemplar (y creo entender que ésta es la intencionalidad del autor), desde la arquitectura emocional de un protagonista sin identidad y políticamente incorrecto, cómo la vida, la cultura y el humanismo se desintegran en la cabeza de un descerebrado.

Entre los habitantes de sus páginas, tal vez Malick llevaría PLAGIO a su terreno: conflicto entre razón e instinto, dramático, experimental, cósmico. Quizás Camus diría que se trata de un nuevo existencialismo de la vorágine. Puede que Bukowsky se rascara los sobacos, Rilke compusiera una oda inefable y Kiéslowski, un documental metafísico. En todo caso, cualquier lector de hoy lo leerá, atrapado en el filo del presente (entre el vértigo de su propia incertidumbre y el vacío), como si cambiara de cabeza y no obstante sintiera con su propio corazón.



sábado, 6 de octubre de 2018

Otoño Sin ReCarGos


Castañas por el suelo. Hojas cobre viejo. Destellos borgoña, rojo y casi lila. Crestas pajizas. Las horas fresquitas y los atardeceres dorados. La decoración del otoño ya preparada, sin retraso alguno, sin dilación ni excusa. Sin obreros ruidosos ni intermediarios interesados. Sin daños colaterales, ni salpicaduras, ni cascotes. De manera natural. Y puntual. Toda la vida cumpliéndose el excelso regalo, el don: en abril, verdes matices de hoja, yerba, brizna, aguja. En mayo, pompones amarillos de genista y kilómetros de lavanda pura para alucinar en lila. Y amapolas si es preciso. La alfombra fresca de junio, pisoteada por los turistas en agosto, reseca en septiembre. Hasta que cae el manto liviano, vaporoso, helado y blanco. El campo se silencia, la ciudad pierde sus aristas. Ya es diciembre.
En cada uno de los abriles, noviembres o eneros aparece de la nada un hábitat a estrenar.  A nuestra disposición, para nuestro uso y abuso. Y nunca sentimos la necesidad de mostrarnos agradecidos. Es tanto lo que hay hecho, sin inversión, sin manufacturas, sin pedir crédito. Sin cobro ni recargo. Sin reclamaciones ni obligaciones, Ahí, expuesto para ti, para tus ojos, tu espíritu, tu trascendencia o insulsez. Todo nuevo siempre, exquisito, de diseño. High quality. High-tech. Entregándose a ti en su sencillez, en su aparente pasividad. Sin retrasos. Sin fecha de caducidad. Belleza reciclada, conclusa y dispuesta para autoreproducirse, autoreciclarse y renacer ad eternis. Cada febrero, cada octubre.  Para tu cumple. Para tu week-end. Toda tu vida. Y la vida por los siglos de los siglos. Sin seguros. Sin cláusulas. Sin puertas. Sin antirrobos. Sin alarmas. Para ti. Para siempre. Tu milagro. Tu chollo.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Mi VErano Sin MaNos


Amargarle las vacaciones a tus seres queridos. No saber si la culpa es tuya. Si has pecado gravemente y pagas. Si forma parte de un plan cósmico esotérico. Si el azar y la casuistica se divierten contigo. Si no hay nada detrás. Pura estadística de siniestralidad. Pasos en falso fortuitos, sin concatenación ni alevosía. Dos resbalones. Dos muñecas rotas. Una donna inmobile. Yeso. Escayola.

Ahora soy consciente de cuántas acciones mínimas y asombrosas sabían urdir mis manos. Sé lo que significa carecer de destreza. Entiendo que existe un pensamiento relacionado con la acción y, si no actúas, no piensas. Se funde. Se apaga el proceso ante la inactividad, la inutilidad, la pasividad. Por eso, todo mi organismo se resistía al parón. Los pensamientos relativos a los quehaceres cotidianos, las tareas, los compromisos, el control... bullían, hervían y peleaban por impelerme a la acción. Tardaron en rendirse. Cuando ellos sucumbieron se hizo un silencio cerebral. Y supe que mis muñecas rotas eran mi naturaleza nueva. Mi identidad. Depender. Molestar. Pedir. Entorpecer. Cansar. Hartar. Hasta que llegó la fase de las grandes sorpresas. Y descubrí que ser cuidada por los tuyos abre una puerta de amor, otra de paz, otra a un paisaje cerebral inexplorado.

Porque existe otro pensamiento más allá de la acción, alojado en lo detenido. Quizás podría llamarse contemplativo, pasmado o propio de Babia. Esa fórmula reflexiva se precipita en la parálisis y con ella el cerebro se esponja, reblandece y expande por todo el orbe. Las cosas se vuelven parte que te atañe, y crees comprender, abarcar. Ser en lo demás.

Cuando pude pasar las páginas, las hojas tiernas, vinieron los escritores a acompañarme con sus miradas quietas y pensativas: Torrborg Nedreaas desde la luna helada, Christine Lavant con la sombra de sus ángeles dementes, Mircea Cărtărescu soltando palabras como una lluvia de hojas crujientes. Busco vuelos fuera de la red, y así llego al país interior de Alfonsina Storni, a las praderas de Ruth Toledano y a los jaikus de Itziar Mínguez que le dan la vuelta al mundo. Soplan los ventiladores, aulla la reina bruja de nueva Orleans, repiquetean las historias con sus connotaciones persuasivas, acarician los poemas ajenos las puntas escayoladas de mis dedos. Y averiguo que no escribir con las manos te obliga a escribir con la cabeza, con los pulmones, los riñones y el corazón. Porque la escritura no es un trabajo manual. Es una clase de respiración, transpiración, transfusión o fotosíntesis. Te quedas manca y escribes, te quedas muda y escribes. Tal vez exista la escritura más allá de la muerte. Desde luego, la escritura coexiste en este mi verano sin manos. Entre dolores de la musculatura, declives del ánimo, indigencia personal, lecturas heterogéneas y viajes al centro de un planeta mental inexplorado.

Por eso no maldigo mi suerte. Tengo a mis dos ángeles enfermeros, cocineros, asidores. Tengo acceso al mundo de lo detenido. Y cuando regresen mis manos, les enseñaré a volar.


sábado, 2 de junio de 2018

ReSPUEsTaS A UNa MoSCa



Confesiones de una mosca. Julia Otxoa
Menoscuarto Ediciones. 2018 (100 páginas)

Julia Otxoa nos hace entrega de una colección de cuentos dignos de un establecimiento de delicatesen. Fueron escritos en un lenguaje indudablemente lírico; pero se trata de un lirismo que podríamos apellidar como crítico, onírico, surrealista, melancólico, filosófico o incluso meteorológico. Un estilismo escueto y exacto, como de narrador que informa sin retórica ni asombro, con asepsia, sobre hechos inverosímiles. Nuestro mundo conocido aparece flotando en una atmósfera alucinógena, y terminamos por comprender que esa atmósfera no es otra que el espíritu de nuestra época. Como fondo, un humor dorado, casi negro. Humor óxido, casi corrosivo. Humor en el aire. Humor a lo Buster Keaton, de cara seria e inteligente ironía. Como forma, un uso magistral de lenguajes, jergas y registros: científico, judicial, palaciego… Una expresividad precisa y rica que permite ver la brillante idea con nitidez. Un trabajo documentado y experimental. Se entrecruza y entrevera lo animado/orgánico con lo imaginado/lingüístico. Se levantan estos cuentos como macroescenarios: zocos, teatros, carpas circenses, para representar una parodia sobre la diversidad de temas que nos acucian, agobian o superan: la mercadotecnia, la injusticia social, la educación, la banca, el desempleo… Y a través de la hipérbole y el disparate se dibuja una caricatura cruda e incisiva en un tono que me atrevo a calificar de absurdo-alegre. Porque carece del punto depresivo y deprimente de los paisajes kafkianos. Porque se eleva y complementa a través de lo poético y lo satírico. Porque deja al lector preparado para la esperanza.
Discurren pues estos cuentos a modo de imágenes de cinématons que parecen emanar de una fuente psíquica y conforman una película de cinema europeo: tan críticos como el Neorrealismo italiano, tan libertarios como la Nouvelle vague. Algunos cuentos, como Anochecer en la ciudad, o Comitiva, presentan un lirismo plástico que recuerda a Anulf Rainer o Francis Bacon por su surrealismo abstracto orgánico, o la destrucción de las formas.
Los personajes cobran en su dibujo un aspecto de autómatas decimonónicos o ciber steampunk (Cita en la embajada). Otros aparecen como seres aturdidos, extraviados en un mal sueño; o angustiados por la “insoportable levedad del ser”. En todo caso, ternura hacia los absurdos destinos y avatares de personajes que recorren nuestras ciudades y habitan en nuestros edificios. Una temática que pocas veces se despega del vecindario, de la barriada.
Crítica mordaz, cáustica. Nunca histriónica. Algo tiene de Italo Calvino, quizás el ambiente de ciudades invisibles y apocalípticas. Algo tiene de esa poesía del pensamiento de la que habla George Steiner. Algo tiene también que sin duda haría disfrutar a Karl Jung: la materia de los arquetipos que conforman el inconsciente colectivo.
Quizás Julia Otxoa sea una poeta que imagina historias disparatadas para mostrarnos la necesidad de un mundo mejor. Oficina de empleo es una hipérbole de la fantasía que no obstante funciona como un teatro de sombras de la realidad. Los jueves, milagro tiene forma de esperpento valleinclanesco, grotesco y kafkiano. Corrientes literarias contiene la ironía en estado puro. En estado purista. Como todas las noches es una caricatura de trazo hiperbreve: un bosquejo de dos líneas. Hay piezas puras, escritas en estado de gracia: Dubium, Cajeros automáticos, Danza blanca, Mujeres imantadas, Infancias extrañas, Las del alba serían. Piezas inquietantes: Accidente. El relato Juegos levanta una esquina del telón minutos antes, segundos después de que se represente el gran teatro del mundo. Una nueva era muestra un juego histórico evolutivo. Un nuevo género. Sólo citaré un párrafo extraído del cuento Extravío (pág. 62), que parece escrito para que lo lean Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro y que contiene una denuncia a la que no se ha hecho alusión todavía: el latrocinio del hábitat humanista que nos convierte a todos en expatriados. Penada con la muerte la nostalgia de la costumbre, abolidos los sueños, desarraigados de todo, de pronto un día despertamos extranjeros en un territorio desconocido y hostil. “
Una literatura pensada entre dos estados: allí donde confluye lo objetivo de la imaginación y lo subjetivo de la realidad. Escrita entre dos luces: cuando todavía no se sabe si volverá a amanecer. Una escritora que recicla la materia orgánica y la convierte en materia literaria. Minimalismo genial en el planteamiento conceptual, delineado con precisión de escalpelo y, al mismo tiempo una enorme riqueza expresiva en lo concerniente a lo formal. Y siempre, a lo largo de todo el libro, la complejidad del matiz, la claridad del mensaje, el doble guiño a la certidumbre. No en vano se abre con un cuento que le da una vuelta de tuerca a la identidad: El escalador, y se cierra con otro que riza lo poético con un trazo de ironía: Pájaro llovedor.
La lectura de “Confesiones de una mosca” resulta tan interesante como un artículo científico, tan divertida como un anecdotario en una sala de espera, tan extraña como las instrucciones de uso de un artilugio futurista, tan pura como un poema de Sylvia Plath.
Mucho néctar literario. La mosca se habrá quedado satisfecha.



lunes, 28 de mayo de 2018

AutoRRetratoS de LA autoCOnciencia

AUTORRETRATOS, Kepa Murua
El Desvelo Ediciones, 2018

Kepa Murua nos entrega un poemario hecho de desnudos psíquicos. Se trata de un juego de momentos introspectivos que comenzó hace treinta años un hombre ensimismado en el centro de un mapa / que podría ser el de mi cerebro (p.10).  La conciencia ante el espejo (p.79) habla con voz serena sobre el heroísmo del miedo, la rendición como triunfo, o la belleza de vivir el choque de los opuestos y ver la luz de sus chispas. Recorre el libro una mirada de escalpelo, un corte helado transversal que deja ver los tejidos de su nostalgia, las capas de su biografía y el vapor de las emociones. 
                                    ... Continúa En LUKE


miércoles, 9 de mayo de 2018

FUrGÓn MeRCeDeS SPRInTeR


En aquel poblado de paja y desierto, donde sólo sucedía el amanecer ocre de la arena, nadie comía hasta saciarse ni gastaba saliva en palabras. Los ancianos se sentaban en el suelo y esperaban a morirse como cepas de baobab; las mujeres agotaban su fuerza machacando raíces; los niños reían con ojos tristes y jugaban con niños fantasmas. A los hombres del poblado se los había llevado el siroco. Nadie sabía traer un futuro...

(De Bolas de Papel de Plata, A. Mallén 2014)