domingo, 16 de junio de 2019

Abedul o mAgnolio

Obra en madera de Marcelo Díaz
Toda calle debería tener una esquina con su bar, y una pizzería con su toldo, y un vendedor de cupones con sus gafas negras, y un músico itinerante de patas largas, y una heladería, y un estanco, y una ferretería, y una hilera de castaños a los que, por primavera, se les ponga la cabeza redonda llena de flores blancas en forma de zarcillos o de endibia; y un perro husmeando, y una fuente pequeña, redonda, clásica, con diosas.
No concibo esta calle dura y rapada; esta calle sin niños cargantes, ni abuelos con la vida hirviéndole debajo de la boina, ni señoras con dos bolsas de plástico, ni un gato desconfiado debajo de un coche, ni portales con portera, ni patios, ni azoteas, ni una parada de autobús con una papelera desfondada. De cuando en cuando pasa por aquí una dama de alcurnia taconeando o algún quinceañero recién duchado que viene del polideportivo con piscina cubierta. El resto de la tropa pasa en coche y se los tragan los garajes.
Mi calle es de acero y hormigón. Si las cuentas, hay cuarenta y cinco farolas diseñadas como para jugar a tiro al plato. Hay edificios sobrios, edificios emblemáticos y edificios inteligentes. Hay un edificio todo de cristal. Hay hábitats laborales y escenarios familiares. No hay ni un nido.
Y aquí estoy. Nadie viene a olerme. Nadie me echa su aliento, ni su lágrima, ni su papel de chicle, ni su parrafada, ni su pis. No escucho el bullicio, ni el runrún, ni el canto del músico melancólico, ni el chorrito de la fuente a la hora de la siesta. Para esto es preferible vivir en la fría Escandinavia.
El concejal de urbanismo firmó el proyecto urbanístico en su fase terminal: “…perseguimos la funcionalidad, la sobriedad, la modernidad... conjunto armonioso..., equilibrio de formas y materiales..., líneas definidas..., espacios diáfanos..., y un referente natural:  abedul o magnolio con seto recortado de boj”.

No hay más que hablar. Por exigencias del proyecto, en esta calle mía tan seca sólo vive un árbol: yo. Esquelético. Enclenque. Depre. ¿Abedul o magnolio? Ya ni me acuerdo.

(De Bolas de Papel de Plata. Vitoria 2014)

sábado, 8 de junio de 2019

el MiraTrenes


Los trenes nos tragan, nos digieren, nos transforman en bolo. Salen de los túneles como los ríos de las grutas o las personas de la enajenación, con un sonido grave que luego sube una octava y por último se vuelve un sostenido. Los trenes son enormes instrumentos musicales. Son máquinas eficientes del tiempo interno donde el viajero puede contemplar el todo en el núcleo de la oscuridad y la nada en el borrón de la velocidad.

En el tren siempre viajamos al mismo punto y tenemos la misma edad. Varía el paisaje como cambian los días en los calendarios, sin alterar la esencia de la vida ni aportar grandes novedades al viajero. Pasan campos con más o menos árboles, cielos con más o menos nubes, andenes con más o menos gente. Sólo el viajero parece detenido. Como un eje que pudiera ver y pensar eternamente. Como una estrella presocrática.  Pasan imágenes coloreadas. Pasan ciudades con nombre de destino. Se ve una casa abandonada cerca de un barranco, un campesino suspendido en un gesto, un ciclista funámbulo sobre la cuerda de un camino, dos o tres pasos de alguien, maletas en el andén, un cogote y una cara fundidos en un abrazo. Podemos imaginar una historia sencilla y triste, una lágrima para un pañuelo de papel. Pasan grandes nubarrones gris marengo que parecen un dibujo emborronado con el pulgar. De repente el cielo está limpio. Se convierte en un cielo sencillo, con la luz blanca y halógena de las tardes de invierno a través de los árboles desnudos. En el gris quedan abandonadas, como dinosaurios en otra era, naves industriales en medio de un charco de cristales rotos, ciudades de barrios roñosos, las afueras de la dignidad donde reinan la vergüenza junto a la culpa y donde se busca la invisibilidad.

En alguna estación de las tantas, con un poco de suerte, el viajero encontrará la mirada abstraída de un jubilado miratrenes. Es una mirada que parece vacía y efímera, pero es un chorro de pensamiento, una biblioteca de la vida, una película que dura cien años. Es una flecha que puede ver y crear. Acertar o caer. Es una idea al otro lado del tren. Es un garfio para los ojos del viajero. Es un espejo, un ancla, un pequeño planeta poblado en medio de la nada vertiginosa.

El miratrenes ha visto al viajero. Lo ha atrapado en la velocidad. Lo ha rescatado y guardado en sus ojos detenidos, sabios como un árbol; viejos, mucho más viejos que todos los viajeros efímeros.

Los ojos del miratrenes ponen a salvo al viajero, en medio de la llanada.
(De Bolas de Papel de Plata, 2014)

martes, 16 de abril de 2019

TOdO PAsA EN LA SOmbRA


HIPÓTESIS DE TI. Fernando García Murga
(Arte Activo Ediciones. Vitoria 2019
Portada: David F. Brandon)

Presentación. Casa de Cultura “Ignacio Aldekoa”. Vitoria-Gasteiz 15 Abril 2019


Yo o mi circunstancia
No soy un ser al que le arrojaron al mundo. El mundo se ha arrojado sobre mí. Y me ha bautizado mujer. Y me ha cubierto tanto de filósofos como de asesinos; tanto de amantes como de conspiradores. En mis venas habitan palomas y serpientes. Mis huesos son trozos de madera noble y de plástico. En mis vísceras resuenan las voces de mil mujeres y los ladridos de mil perros artificiales. Mi compleja circunstancia. Mi compleja circunstancia… (F. García Murga).

Fernando García Murga ha escrito un libro que marca y cierra un círculo perfecto: Desde el silencio y su casuística (el olvido, el cansancio, la invisibilidad), hasta la vuelta de nuevo al silencio; esta vez, esa clase de silencio que deja “durmiendo en el aire” una nota musical después de haber sido talentosamente ejecutada.

Seis partes componen la obra: Prólogo, epílogo y cuatro apartados con nombre en lengua sánscrita (representando, dice su autor, las diferentes formas de aprendizaje propuestas en una teoría epistemológica india). Estas partes conforman un complejo mosaico de memoria y conjeturas, averiguaciones, rebelión, renuncias y amor: el rompecabezas que representa a la mujer.

Con una poesía disuelta en prosa, o que tiñe la prosa de poesía. El autor asume el dolor en femenino, la injustica sorda, la invisibilidad histórica de la mujer, su "despresencia".

Desde mi condición de mujer en genérico, agradezco que un hombre, que podría quedarse repantigado en su hombría, en su rol académico, o en su cabeza alimentada de cultura patriarcal, desaloje su ego, la tendencia de todos y todas, al alojamiento en lo personal, para vestirse con la piel de la mujer. Para investirse mujer. Y viajar por ella y con ella a su invisibilidad, al dolor contenido durante tantos siglos de ser apenas nadie. De ser a duras penas. Siglos de partos y lutos, desprecio y ultraje. La mujer acusada, quemada, mutilada en su placer, silenciada sin sufragio, castigada, lapidada, molida a palos, asesinada por un verdugo que quizás vive aquí al lado, en una calle de nuestro barrio.

Este es un libro salvador. De comprometido defensor. De empatías. Y, por eso, de dualidades y binomios que se trasvasan. De tú a yo. De yo a tú.
Silencio y grito. Como gritos y susurros.
Sueño y vigilia. Como ensueño y alertas.
Sosiego y rebelión. Como curación y guerra.
Poesía y prosa. Como música e historia.
Castigo y perdón. Como serpientes y palomas.
Tú – Yo
Luz – Sombra

Contrarios y contrastes se solapan, dialogan, se identifican, se completan en “la compleja circunstancia”.

La primera clave nos la dan ya las dos citas que abren el poemario. Si engarzamos la primera frase de Rosa María Roffiel y la última, de Gabriel Celaya, leemos: “En mí habitan mil mujeres…” “… que la sangre golpea buscando salida”.

Y es cierto que, al abrir este libro, expele un fogonazo de energía contenida, como el salto de un caballo salvaje que había estado embridado, o la voz que había estado enmudecida.

Si fuera una obra musical, este libro tendría una textura polifónica. De pájaros encerrados y al fin libres. Voces soprano, mezzosoprano y contralto que cantan mediante una sola boca.

Y si fuera un cuadro, sería de Francis Bacon. Por la fuerza figurativa, brillante y oscura.

James Joyce dijo que la imaginación es memoria. Y Murakami dice que “La imaginación es una combinación de recuerdos fragmentados que, combinada de forma eficaz… puede tener un carácter tanto preventivo como intuitivo y… eso debe transformarse en el motor y en la fuerza de la historia. Este libro, entregado en capítulos sánscritos, conforma la memoria histórica femenina para refrescar la memoria colectiva. Literatura fragmentaria, moderna, de cosmovisiones y epifanías. Fragmentos que se desmontan y montan para comprender la identidad. Como hace el relojero, como hace el niño con sus coches de juguete. Como hace el poeta cuando rastrea las voces que nos habitan. Fragmentos como aforismos, proverbios o tweets, en ese formato que ya eligieron los sabios de oriente, los pensadores clásicos o las voces ya modernas de Nietsche o René Char. Esa escritura concentrada y sintética, cercana al silencio y placentera al pensamiento. Sus pequeñas piezas nos llevan por las calles y ágoras a las casas, a los dormitorios, a los baños, siempre hurgando y rebuscando en la cotidianidad, desvelando las estructuras de poder, salvando a “personas entrecortadas”, iluminando las siluetas de la sombra.

Todo pasa en la sombra, dice León Felipe. Y también pasa la luz, como demuestra este libro escrito por Fernando García Murga. Un libro rabiosamente tranquilo. Lúcido, poético, intelectualista y no obstante sencillo, que va desde el silencio cómplice y culpable que pesa sobre la historia en femenino hasta el silencio limpio y hondo que deja la música de la verdad “durmiendo en el aire”.

Gracias.

(Ángela Mallén)

viernes, 12 de abril de 2019

NO DEMaSIAdO LEJOS DeL VOLCáN SNEFfeLS

El jueves fuimos al cine. Eso ya era un placer, que el jueves se volviera tarde de domingo. Vimos una película de Islandia. Al salir del cine, una señora iba diciéndole a un grupo de amigas y amigos: la primera película islandesa que veo. Y será la última. Jajaja, corearon todos los demás. Sentí la aspereza de sus carcajadas sobre mi corazón encogido. Como si me cambiaran una blusa de seda por una de esparto. La película se llama “La mujer de la montaña” (en islandés Kona fer í stríð, que significa Una mujer va a la guerra). Una profesora de canto combate con actos de sabotaje contra la industria del aluminio que contamina la naturaleza. Y es que Islandia es una isla alfombrada de lana gruesa, parda, casi dorada. Sobre ella caminaron el Profesor Lidenbrock, su sobrino Axel y el cazador Hans cuando iban en busca del volcán Sneffels, por el que penetrarían en el centro de la tierra. Las casas por allí son minimalistas, prácticas y cálidas. La mujer de la montaña tiene un alma justiciera, un medio primo solidario y una hermana gemela que vive en la espiritualidad. Engarzada en la historia, como si se tratara de un actor más en el elenco, aparece la música. Aparece literalmente, con su lirismo étnico. Toda la película es un poema épico y visual que utiliza los recursos de la imagen, la palabra y lo musical para impactar en el kokoro (mente-espíritu-corazón) con las tres claves de empresa aventurera, fina ironía y profunda humanidad que ya utilizara el maestro Julio Verne en su novela. Gana el tres por tres. Habría mucho que añadir y quizás desvelar. Sin embargo, no voy a insistir. La película está en cartel, abierta a todos los públicos; tanto para quienes sobrevaloran la visión fácil como para quienes exigen un mínimo de sano y estético goce anímico-intelectual. Varios importantes premios y nominaciones internacionales avalan la dirección de Benedikt Erlingsson o la interpretación de Halldora Geirharðsdóttir. Yo escribo estas breves líneas sólo para enmendar las carcajadas que escuché a la salida del cine.


viernes, 1 de febrero de 2019

PLAGIO. Una novela “original”


Autor: Rosauro Varo Cobos
Ediciones En huida. Sevilla, 2018
15 €

Rosauro Varo Cobos, joven pediatra cordobés, curtido en calidad de médico y cooperante en países como Costa Rica, Perú, Sudáfrica, República Centroafricana o Mozambique, ha escrito una novela imprescindible. ¿Por qué imprescindible? Porque nos confronta con la vertiginosa actualidad prestándonos una mirada caleidoscópica, intertextual, con ese parpadeo-zaping que es la única oportunidad que nos queda para comprehender el presente.

Todo lo que aloja este libro ya ha sido pensado, analizado, madurado y descifrado. Todo lo que aloja este libro ya ha sido grabado, redactado, recitado y cocinado. Todo lo que aloja este libro ya ha sido vivido, leído, oído y digerido. Todo lo que aloja este libro no es más que un plagio. Todo lo que aloja nuestro interior lo es.” Así comienza la novela, así de a palo seco. A continuación, entramos en una mente que parece ubicua a través de un diario que parece un informe policial. Y ya estamos atrapados.

PLAGIO es un rugido áspero, una “dentellada seca y caliente” a nuestro siglo lleno de zombis, replicantes e iluminados. Un canto miserere por la muerte del pensamiento lineal. El apocalipsis de la gnosis y el exorcismo de un momento histórico endemoniado.

PLAGIO es un viaje por el contenido cognitivo de la generación del milenio a través de un personaje ilustrado, descreído e incorrecto, en estado de vigilia total. Duro de roer y de pelar. Con humor sarcástico y con la fuerza expresiva de un lenguaje de la calle (entre icónico y escatológico) y de Twitter (impactante, medido), nos habla de la modernidad construida sobre el lodazal de la historia. Nos habla de este mundo nuestro que oscila entre lo “vintage” o “retro” y el Antropoceno con su gran aceleración. Los planos de la historia personal, la cotidianidad, el discurso de la historia universal, el ruido planetario... Todo se entremezcla y entrecruza. Pero no se emborracha. Resulta, como en El jardín de las delicias, en una suerte de onirismo e hiperrealismo.

El autor ha elegido el formato diario para armar y ensamblar la historia en un collage de 100 pequeñas piezas. El protagonista es un gigantón lúcido e incómodo que le retransmite su cotidianidad a un público invisible. Se nos muestra como un hombre metódico, al que parece importante la hora del día y el lugar de la casa en el que escribe, como si se tratara de un juego de “cluedo” en el que la acción se desplegara dentro de la geografía doméstica. Sin embargo, es en la mente del protagonista (ácido, verborreico, cabreísta, sobreestimulado, como un Dr. House del aquí y ahora) donde se juega un totus revolutum de meta-fantasía y ultra-consciencia.

Mediante un lenguaje, como se ha dicho, fresco, de frase corta y estilo puntillista, asistimos a un rastreo y desenmascaramiento de la hipocresía social, a una catalogación exhaustiva de sus mutaciones. Como un barrido del mundo y, al mismo tiempo, una disección con escalpelo de un corte transversal. Imaginamos una mueca de cinismo en el narrador cuando verbaliza y traduce el presente, llevándonos a una suerte de existencialismo frenético y borroso, con una nómina de personajes que emergen por un instante de sus redes o perfiles sociales y nos muestran esa clase de vida frívola y neurotizada que se oculta tras los emoticonos.

La elección de una puntuación estilo pizzicato nos obliga a acelerar el ritmo de lectura y a romper la línea de razonamiento para entrar en un vértigo de fogonazos fílmicos y golpes de memoria. “La realidad es una huida petrificada”, leemos. Y se nos requiere comprender un pensamiento atlético y una conciencia hipersensibilizada por el bombardeo de estímulos. Los personajes del siglo veintiuno (desde Slavoj Žižek a Terrence Malick, desde los “hooligans” a los colgados, intelectuales, artistas, científicos, veganos, hípsters…) son convidados a un festival de monstruos, baile de máscaras, danza de malditos. El lector también es invitado a contemplar (y creo entender que ésta es la intencionalidad del autor), desde la arquitectura emocional de un protagonista sin identidad y políticamente incorrecto, cómo la vida, la cultura y el humanismo se desintegran en la cabeza de un descerebrado.

Entre los habitantes de sus páginas, tal vez Malick llevaría PLAGIO a su terreno: conflicto entre razón e instinto, dramático, experimental, cósmico. Quizás Camus diría que se trata de un nuevo existencialismo de la vorágine. Puede que Bukowsky se rascara los sobacos, Rilke compusiera una oda inefable y Kiéslowski, un documental metafísico. En todo caso, cualquier lector de hoy lo leerá, atrapado en el filo del presente (entre el vértigo de su propia incertidumbre y el vacío), como si cambiara de cabeza y no obstante sintiera con su propio corazón.



sábado, 6 de octubre de 2018

Otoño Sin ReCarGos


Castañas por el suelo. Hojas cobre viejo. Destellos borgoña, rojo y casi lila. Crestas pajizas. Las horas fresquitas y los atardeceres dorados. La decoración del otoño ya preparada, sin retraso alguno, sin dilación ni excusa. Sin obreros ruidosos ni intermediarios interesados. Sin daños colaterales, ni salpicaduras, ni cascotes. De manera natural. Y puntual. Toda la vida cumpliéndose el excelso regalo, el don: en abril, verdes matices de hoja, yerba, brizna, aguja. En mayo, pompones amarillos de genista y kilómetros de lavanda pura para alucinar en lila. Y amapolas si es preciso. La alfombra fresca de junio, pisoteada por los turistas en agosto, reseca en septiembre. Hasta que cae el manto liviano, vaporoso, helado y blanco. El campo se silencia, la ciudad pierde sus aristas. Ya es diciembre.
En cada uno de los abriles, noviembres o eneros aparece de la nada un hábitat a estrenar.  A nuestra disposición, para nuestro uso y abuso. Y nunca sentimos la necesidad de mostrarnos agradecidos. Es tanto lo que hay hecho, sin inversión, sin manufacturas, sin pedir crédito. Sin cobro ni recargo. Sin reclamaciones ni obligaciones, Ahí, expuesto para ti, para tus ojos, tu espíritu, tu trascendencia o insulsez. Todo nuevo siempre, exquisito, de diseño. High quality. High-tech. Entregándose a ti en su sencillez, en su aparente pasividad. Sin retrasos. Sin fecha de caducidad. Belleza reciclada, conclusa y dispuesta para autoreproducirse, autoreciclarse y renacer ad eternis. Cada febrero, cada octubre.  Para tu cumple. Para tu week-end. Toda tu vida. Y la vida por los siglos de los siglos. Sin seguros. Sin cláusulas. Sin puertas. Sin antirrobos. Sin alarmas. Para ti. Para siempre. Tu milagro. Tu chollo.


viernes, 14 de septiembre de 2018

Mi VErano Sin MaNos


Amargarle las vacaciones a tus seres queridos. No saber si la culpa es tuya. Si has pecado gravemente y pagas. Si forma parte de un plan cósmico esotérico. Si el azar y la casuistica se divierten contigo. Si no hay nada detrás. Pura estadística de siniestralidad. Pasos en falso fortuitos, sin concatenación ni alevosía. Dos resbalones. Dos muñecas rotas. Una donna inmobile. Yeso. Escayola.

Ahora soy consciente de cuántas acciones mínimas y asombrosas sabían urdir mis manos. Sé lo que significa carecer de destreza. Entiendo que existe un pensamiento relacionado con la acción y, si no actúas, no piensas. Se funde. Se apaga el proceso ante la inactividad, la inutilidad, la pasividad. Por eso, todo mi organismo se resistía al parón. Los pensamientos relativos a los quehaceres cotidianos, las tareas, los compromisos, el control... bullían, hervían y peleaban por impelerme a la acción. Tardaron en rendirse. Cuando ellos sucumbieron se hizo un silencio cerebral. Y supe que mis muñecas rotas eran mi naturaleza nueva. Mi identidad. Depender. Molestar. Pedir. Entorpecer. Cansar. Hartar. Hasta que llegó la fase de las grandes sorpresas. Y descubrí que ser cuidada por los tuyos abre una puerta de amor, otra de paz, otra a un paisaje cerebral inexplorado.

Porque existe otro pensamiento más allá de la acción, alojado en lo detenido. Quizás podría llamarse contemplativo, pasmado o propio de Babia. Esa fórmula reflexiva se precipita en la parálisis y con ella el cerebro se esponja, reblandece y expande por todo el orbe. Las cosas se vuelven parte que te atañe, y crees comprender, abarcar. Ser en lo demás.

Cuando pude pasar las páginas, las hojas tiernas, vinieron los escritores a acompañarme con sus miradas quietas y pensativas: Torrborg Nedreaas desde la luna helada, Christine Lavant con la sombra de sus ángeles dementes, Mircea Cărtărescu soltando palabras como una lluvia de hojas crujientes. Busco vuelos fuera de la red, y así llego al país interior de Alfonsina Storni, a las praderas de Ruth Toledano y a los jaikus de Itziar Mínguez que le dan la vuelta al mundo. Soplan los ventiladores, aulla la reina bruja de nueva Orleans, repiquetean las historias con sus connotaciones persuasivas, acarician los poemas ajenos las puntas escayoladas de mis dedos. Y averiguo que no escribir con las manos te obliga a escribir con la cabeza, con los pulmones, los riñones y el corazón. Porque la escritura no es un trabajo manual. Es una clase de respiración, transpiración, transfusión o fotosíntesis. Te quedas manca y escribes, te quedas muda y escribes. Tal vez exista la escritura más allá de la muerte. Desde luego, la escritura coexiste en este mi verano sin manos. Entre dolores de la musculatura, declives del ánimo, indigencia personal, lecturas heterogéneas y viajes al centro de un planeta mental inexplorado.

Por eso no maldigo mi suerte. Tengo a mis dos ángeles enfermeros, cocineros, asidores. Tengo acceso al mundo de lo detenido. Y cuando regresen mis manos, les enseñaré a volar.


sábado, 2 de junio de 2018

ReSPUEsTaS A UNa MoSCa



Confesiones de una mosca. Julia Otxoa
Menoscuarto Ediciones. 2018 (100 páginas)

Julia Otxoa nos hace entrega de una colección de cuentos dignos de un establecimiento de delicatesen. Fueron escritos en un lenguaje indudablemente lírico; pero se trata de un lirismo que podríamos apellidar como crítico, onírico, surrealista, melancólico, filosófico o incluso meteorológico. Un estilismo escueto y exacto, como de narrador que informa sin retórica ni asombro, con asepsia, sobre hechos inverosímiles. Nuestro mundo conocido aparece flotando en una atmósfera alucinógena, y terminamos por comprender que esa atmósfera no es otra que el espíritu de nuestra época. Como fondo, un humor dorado, casi negro. Humor óxido, casi corrosivo. Humor en el aire. Humor a lo Buster Keaton, de cara seria e inteligente ironía. Como forma, un uso magistral de lenguajes, jergas y registros: científico, judicial, palaciego… Una expresividad precisa y rica que permite ver la brillante idea con nitidez. Un trabajo documentado y experimental. Se entrecruza y entrevera lo animado/orgánico con lo imaginado/lingüístico. Se levantan estos cuentos como macroescenarios: zocos, teatros, carpas circenses, para representar una parodia sobre la diversidad de temas que nos acucian, agobian o superan: la mercadotecnia, la injusticia social, la educación, la banca, el desempleo… Y a través de la hipérbole y el disparate se dibuja una caricatura cruda e incisiva en un tono que me atrevo a calificar de absurdo-alegre. Porque carece del punto depresivo y deprimente de los paisajes kafkianos. Porque se eleva y complementa a través de lo poético y lo satírico. Porque deja al lector preparado para la esperanza.
Discurren pues estos cuentos a modo de imágenes de cinématons que parecen emanar de una fuente psíquica y conforman una película de cinema europeo: tan críticos como el Neorrealismo italiano, tan libertarios como la Nouvelle vague. Algunos cuentos, como Anochecer en la ciudad, o Comitiva, presentan un lirismo plástico que recuerda a Anulf Rainer o Francis Bacon por su surrealismo abstracto orgánico, o la destrucción de las formas.
Los personajes cobran en su dibujo un aspecto de autómatas decimonónicos o ciber steampunk (Cita en la embajada). Otros aparecen como seres aturdidos, extraviados en un mal sueño; o angustiados por la “insoportable levedad del ser”. En todo caso, ternura hacia los absurdos destinos y avatares de personajes que recorren nuestras ciudades y habitan en nuestros edificios. Una temática que pocas veces se despega del vecindario, de la barriada.
Crítica mordaz, cáustica. Nunca histriónica. Algo tiene de Italo Calvino, quizás el ambiente de ciudades invisibles y apocalípticas. Algo tiene de esa poesía del pensamiento de la que habla George Steiner. Algo tiene también que sin duda haría disfrutar a Karl Jung: la materia de los arquetipos que conforman el inconsciente colectivo.
Quizás Julia Otxoa sea una poeta que imagina historias disparatadas para mostrarnos la necesidad de un mundo mejor. Oficina de empleo es una hipérbole de la fantasía que no obstante funciona como un teatro de sombras de la realidad. Los jueves, milagro tiene forma de esperpento valleinclanesco, grotesco y kafkiano. Corrientes literarias contiene la ironía en estado puro. En estado purista. Como todas las noches es una caricatura de trazo hiperbreve: un bosquejo de dos líneas. Hay piezas puras, escritas en estado de gracia: Dubium, Cajeros automáticos, Danza blanca, Mujeres imantadas, Infancias extrañas, Las del alba serían. Piezas inquietantes: Accidente. El relato Juegos levanta una esquina del telón minutos antes, segundos después de que se represente el gran teatro del mundo. Una nueva era muestra un juego histórico evolutivo. Un nuevo género. Sólo citaré un párrafo extraído del cuento Extravío (pág. 62), que parece escrito para que lo lean Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro y que contiene una denuncia a la que no se ha hecho alusión todavía: el latrocinio del hábitat humanista que nos convierte a todos en expatriados. “Penada con la muerte la nostalgia de la costumbre, abolidos los sueños, desarraigados de todo, de pronto un día despertamos extranjeros en un territorio desconocido y hostil. “
Una literatura pensada entre dos estados: allí donde confluye lo objetivo de la imaginación y lo subjetivo de la realidad. Escrita entre dos luces: cuando todavía no se sabe si volverá a amanecer. Una escritora que recicla la materia orgánica y la convierte en materia literaria. Minimalismo genial en el planteamiento conceptual, delineado con precisión de escalpelo y, al mismo tiempo una enorme riqueza expresiva en lo concerniente a lo formal. Y siempre, a lo largo de todo el libro, la complejidad del matiz, la claridad del mensaje, el doble guiño a la certidumbre. No en vano se abre con un cuento que le da una vuelta de tuerca a la identidad: El escalador, y se cierra con otro que riza lo poético con un trazo de ironía: Pájaro llovedor.
La lectura de “Confesiones de una mosca” resulta tan interesante como un artículo científico, tan divertida como un anecdotario en una sala de espera, tan extraña como las instrucciones de uso de un artilugio futurista, tan pura como un poema de Sylvia Plath.
Mucho néctar literario. La mosca se habrá quedado satisfecha.


lunes, 28 de mayo de 2018

AutoRRetratoS de LA autoCOnciencia

AUTORRETRATOS, Kepa Murua
El Desvelo Ediciones, 2018

Kepa Murua nos entrega un poemario hecho de desnudos psíquicos. Se trata de un juego de momentos introspectivos que comenzó hace treinta años un hombre ensimismado en el centro de un mapa / que podría ser el de mi cerebro (p.10).  La conciencia ante el espejo (p.79) habla con voz serena sobre el heroísmo del miedo, la rendición como triunfo, o la belleza de vivir el choque de los opuestos y ver la luz de sus chispas. Recorre el libro una mirada de escalpelo, un corte helado transversal que deja ver los tejidos de su nostalgia, las capas de su biografía y el vapor de las emociones. 
                                    ... Continúa En LUKE


miércoles, 9 de mayo de 2018

FUrGÓn MeRCeDeS SPRInTeR


En aquel poblado de paja y desierto, donde sólo sucedía el amanecer ocre de la arena, nadie comía hasta saciarse ni gastaba saliva en palabras. Los ancianos se sentaban en el suelo y esperaban a morirse como cepas de baobab; las mujeres agotaban su fuerza machacando raíces; los niños reían con ojos tristes y jugaban con niños fantasmas. A los hombres del poblado se los había llevado el siroco. Nadie sabía traer un futuro...

(De Bolas de Papel de Plata, A. Mallén 2014)

lunes, 23 de abril de 2018

JAjaJA

El cachondeismo es uno de nuestros patrimonios nacionales. En eso no hay por qué estar en desacuerdo: somos un país muy gracioso. Y lo cierto es que nos pase lo que nos pase y nos caiga la que nos caiga, nosotros no paramos de reírnos. A pesar de que nuestro patrimonio social se lo han llevado a los paraísos fiscales. Aun cuando los carroñeros engorden con los cadáveres de la crisis y el poder judicial ya no sea un bien público sino una propiedad privada. Siendo que los sindicatos están missing y las izquierdas, descabezadas (o descerebradas). Si bien la monarquía habita en las páginas de papel cuché y sólo resurge para hacerse unas fotos muy bonitas. Aunque nuestros pueblos fraternos se encuentren enzarzados en luchas fratricidas… Ya nos puede pasar lo que nos pase y caer la que nos caiga, nosotros, venga a reírnos. 
No sé. Reconozco que es una suerte disfrutar de nuestro creativo y agudo sentido del humor, sólo me pregunto si no deberíamos tomarnos ciertas cosas más en serio. Lo digo porque he leído comparativas de los políticos con todos los animales salvajes y domésticos. He escuchado versiones cover satírico-sarcásticas de todos los hits clásicos y actuales. ¿Cuántas fotografías caricaturizadas se producen a diario? ¿Cuántos PDFs ingeniosos y PowerPoints hilarantes intertextualizan nuestra pobre realidad informativa? ¿Cuántas grabaciones de audio y fragmentos de vídeo recorren los caminos del alucine o de la histeria? Las redes sociales y los medios de comunicación de masas arden con estas manifestaciones simpático-escapistas. Y a todo respondemos con un like o un “jajaja”.

No sé. En serio: no sé. Quizás todo se deba a que no se puede responder a los planteamientos actuales fuera de la establecida gama de los emoticonos. Quizás estemos injertando este país con una modernidad que todavía no nos merecemos. O puede que el futuro de la humanidad deba pasar por este período “anfetamínico”. Alguien puede aducir que la risa es el opio del pueblo. O que, a falta de pan, buenas son las carcajadas. De acuerdo, no hay por qué melodramatizar. Eso ya lo hicimos en otras épocas anteriores. Tampoco se trata de salir todos los días a las barricadas. Pero ¿no cabría en algunas ocasiones reflexionar, parlamentar, consensuar, cargarnos de razón, imponerla? ¿Sería mucho pedir que agudicemos otras facetas del ingenio? Es probable que algún gracioso me responda JAJAJA. Y yo me preguntaré si se trata de una risotada de guasa literal o si contiene un mínimo de ironía.

sábado, 3 de marzo de 2018

aCerCa dE un poeMariO inTuiTivo Y penSatiVo

Prólogo y reseña del poemario de Itziar Mínguez Arnáiz IDEA INTUITIVA DE UN CUERPO GEOMÉTRICO: 

martes, 27 de febrero de 2018

TheBooksmovie

Una extraordinaria iniciativa para acercar la poesía a todos los oídos. Encantada de dejar mi voz junto a tantas voces poéticas.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Proyecto VECTORES


Desde hace cinco años tengo el gusto de coordinar el Taller de Escritura Creativa de ASAFES (Asociación Alavesa de Familiares y Personas con Enfermedad Mental). El 10 del 10, Día Mundial de la Salud Mental presentamos en Vitoria el libro Como crecen los lirios en el agua que recoge nuestro proyecto llamado VECTORES. Dicho proyecto se gestó en el seno del Taller con el propósito de evidenciar que las Personas con Necesidades Especiales también deben ser consideradas con Capacidades Especiales.

Para la creación de este libro hemos colaborado un equipo de tres mujeres, tres edades y tres realidades: una ilustradora que no sabía lo buena que es, una diseñadora gráfica de formación multicultural y yo, que soy una escritora de vocación integradora. Nos gustaría presentaros nuestro proyecto para continuar avanzando en la lucha contra el estigma social de la enfermedad mental. También nosotras, abanderadas por ASAFES, queremos avanzar en la utopía y unirnos en la riqueza de la diversidad. 


A continuación, copio un fragmento del texto que leí en la ceremonia de presentación del libro:

Nuestra aventura comenzó en el año 2015, atrapados por ese tránsito de ideas e imágenes que se da entre el arte y la enfermedad mental. Es como si trabajáramos con un cerebro poroso. Porque el arte moviliza todos sus contenidos. La palabra es la materia prima de nuestra conciencia y de nuestra conciencia colectiva. La cultura es el producto de una realidad imaginada. La palabra poética va desde la sencillez primaria de la emoción a la complejidad del pensamiento abstracto. Y por eso, en este libro de poesía caben también la reflexión y la investigación.

La mecánica del trabajo en el taller consistía en adentrarnos en un poema de un poeta reconocido y escribir bajo la atmósfera de ese poema, permitiendo que ambos universos interiores, el del autor y del lector, dialogaran libremente. Los textos resultantes de estos diálogos, escritos por los componentes del taller, eran tan especiales, desnudos y verdaderos, que me atreví a compartirlos con los poetas. Y éstos nos respondieron con un gran respaldo, respeto e implicación. Sus palabras dignifican la mirada que reciben de la sociedad las personas con enfermedad mental. Con dolor mental, como me dijo la poeta Julia Otxoa.

Y mientras crecía el proyecto, las preguntas se multiplicaban. ¿Por qué estas personas reciben los mensajes poéticos de un modo tan nítido? ¿Por qué elaboran con sus pocos recursos estilísticos piezas de calidad lírica, gran emocionalidad y alto vuelo estético? La respuesta es que la enfermedad no borra el alma. Para documentarme, he recurrido a la teoría de la recepción, a la experiencia de la Casa de los Artistas “Künstlerhaus”, iniciada por el psiquiatra Leo Navratil, en Viena, y a las notas de Hans Prinzhorn cuando trabajaba en el psiquiátrico de la universidad de Heidelberg. También he consultado una extensa bibliografía en torno a la colección Art Brut, o arte crudo, no académico, que recopiló Jean Dubuffet. En este recorrido teórico, he recibido la guía de mi amiga y maestra, la psicóloga austríaca Marlene Weiterschan.

¿Qué es este libro entonces? Es un entramado de vida, sueños, miedos: el material de siempre, el humano. Es un libro de nacimientos y crecimientos. Es un libro de sorpresas inesperadas, tentaciones estéticas, aventuras mentales y emocionales. Es un libro de preguntas y búsqueda de respuestas. La diseñadora Victoria O´May Alves ha conseguido reunir todos estos fragmentos en un objeto poético de arte visual, utilizando las ilustraciones de Iratxe Otxoa para envolverlos y la letra de Mari Paz Vélez para el título de su portada.

Este libro es un abrazo entre artistas sin etiquetas. Porque el arte sólo puede darse en los límites de la racionalidad.  Allí donde se encuentran la extrema lucidez de la locura y la sinrazón del mundo en el que vivimos.
 
Este libro es nuestra modesta contribución a la lucha contra el estigma social de la enfermedad mental. Tras sus feos nombres desaparece el individuo. Ya no es un abogado, o un mecánico o una conductora de autobús… es un enfermo psíquico. Injustamente. Neciamente.

El más alto objetivo del arte es conectarse al mundo, para hacer entrega de lo mejor que encuentres dentro de ti mismo. Eso implica trabajo, búsqueda, generosidad, osadía. No ver el mundo para ti. Sino verte a ti para el mundo. Seas tú quien seas. Y eso es lo que han entendido estos autores a ambos lados de sus vectores. Y por eso la poesía ha crecido libre y delicada entre nosotros como crecen los lirios en el agua…

Victoria O´May y yo el día del nacimiento


viernes, 3 de noviembre de 2017

MiRaR

Amadeo Modigliani. Retrato de Jeanne Hébuterne

Miro detrás de mí
donde escondo lo que no quiero ver
Allí miro cuando ya nada importa
Si duele o no duele
Que me avergüence
Que sea pecado
Miro porque un día imprevisto
se acaba el juego y empieza la verdad
La verdad que está detrás de ti
y sólo puedes verla dentro de ti
Ese día miro en silencio
Sola como nunca
Valiente como nunca
Ensimismada
Y lo que veo me hace sonreir

con tristeza, ironía y ternura

Entre LLuVias

Imagen “Océano azul”: SBO
Texto: ángela mallén
Cuando llueve muy fuerte, los árboles se arrebujan y las vacas se quedan mirando al suelo debajo de los árboles. Las leyes del campo no varían, aunque lo parta en dos una autopista atestada de coches con gente dentro escuchando la prospección atmosférica en un programa de radio en carretera o la música que se descargaron de internet. Son dos realidades paralelas: el mundo detenido que aguanta la casuística de los tiempos, y el mundo del tránsito en su precario presente físico. Pareciera que el primero hubiese de conocer la experiencia de lo imperecedero, en tanto que el segundo desaparecerá en un efímero instante cósmico. Pero las cosas no son lo que parece; la vaca volverá al prado cuando escampe y rumiará la hierba con sus parsimoniosos y fuertes maxilares. Los árboles perderán las hojas para recuperarlas en primavera y se llenarán entonces de lunares dulces. En cambio, los vehículos arribarán a sus cocheras y anidarán sus tripulantes en una cotidianidad que produce un efecto de inerte vida eterna.

Nada es lo que parece. Y el caso es que todo oscila, cuelga, se mueve de un modo u otro, de un mundo a otro mundo. Entre una lluvia y otra lluvia.

domingo, 24 de septiembre de 2017

puERTas AL camPo

¿Cómo empieza una historia? ¿Cuándo? Ninguna historia arranca en una fecha determinada, sino que se remonta y adentra en un bosque de cabos sueltos de otras historias. Esta casa que levantó un agricultor con espardeñas, ahora la regenta un emigrante del otro lado del mar. Todos los viajes son al pasado. Escombros debajo de las fábricas de plexiglas, viejas chimeneas revestidas, caminos vecinales parcheados y los muros absurdos de hormigón donde se agitan consignas pintadas con aerosol en medio de los naranjales.El antiguo tendido eléctrico para bombillas de sesenta vatios soporta ahora el PLC para la señal de WiFi y todos los gadgets de las nuevas tecnologías. Detrás de las parduscas alquerías con desconchones, asoman los dientes azules e inmortales de las montañas.
Nada te hace pensar que viajas por un tiempo licuado. Que tú mismo eres ese viaje licuado. Y eso es porque sólo miras la costra contemporánea, porque sólo respiras el aire de hoy, porque sólo consumes pensamientos de una calidad zapeante y eléctrica. Porque te acostumbraste a vivir encaramado como una pequeña cabra en el filo rocoso de la historia. No sospechas que vivimos en un mundo virtual de puertas en el campo mientras tu cuerpo resbala por la piedra lisa del espacio.
Y cuando en la cabeza de unos hombres jóvenes estalla una bomba de maldad que mata a trece inocentes en Barcelona, a ochenta y cuatro en Niza, a siete en Londres… Entonces suenan de nuevo las preguntas: ¿cómo empieza una historia?, ¿cuándo? Si la vida es una maraña de cabos sueltos, ¿hay que ponerle puertas al campo? ¿El aquí y ahora no debería ser un acto de conciencia luminoso y pacífico? ¿Algún día seremos capaces de ver la fuerza del instante vivo y el legado del tiempo que nos une, a todas las personas, en su vigorosa corriente?

(Trenet Valencia-Castellón. Agosto 2017)

domingo, 17 de septiembre de 2017

pEnsanDo un pocO frenTe al Mar

Yo no fui una niña de la guerra, sino una niña de la guerra fría. De la guerra sorda que libraban los pueblos pobres. Tenía poco más de cinco años cuando se puso en marcha un tren que en mi pueblo se llamaba El Catalán y en Cataluña, El Sevillano. Era un tren negro como el humo, cuyos departamentos de primera tenían asientos de cuero verde y los de tercera asientos de tablas. Todos comíamos tortilla de patatas y pollo de fiambrera. Recuerdo los ojillos colorados de mi tito Francisco y los ochenta mil besos de mi tita Florinda que me explotaron en la cara. Recuerdo la estación de Lora y el cartelón anunciando Anís La Cordobesa con una mujer de Julio Romero de Torres. Recuerdo el silbato, los maletones a cuadros atados con guita y a mi madre que no me soltaba la mano para que no me pillara el tren o quizás el futuro. De eso hace ya mil quinientos años, pero parece que fue ayer.

Yo no lo sabía, pero éramos emigrantes. Durante un tiempo viviríamos de los modestos ahorros, de la ilusión de los adultos, de su melancolía, de su duro y nuevo trabajo, del instinto de supervivencia. Y yo, la niña-chica, ¿de qué vivía? Del asombro. Del pánico. De la enorme, enorme extrañeza. De la maleabilidad infantil. De la carencia de prejuicios. Del potencial de aprendizaje. Dicen que se hablaba mal de los charnegos, de los andaluces, de los extremeños. Dicen que se les vampirizaba su fuerza de trabajo. Yo no digo ni que sí ni que no. Digo que nuestra vecina se llamaba Señora Pepita Busquets de Miró. Digo que  ella me buscó un colegio. Digo que por las tardes me preparaba la merienda y me ayudaba a hacer los deberes. Digo que con ella y con los niños del patio y del vecindario aprendí a hablar catalán. Y perdí el acento andaluz. Y en verano, en mi pueblo decían que hablaba "fino". La niña nostálgica se había vuelto aplicada y aceptada en Cataluña. No era un lugar nefasto. Era la segunda patria que después también añoraría
.
Mis padres y mis hermanos fueron acogidos. Fueron años duros pero no difíciles. Todos crecimos allí juntos. Nadie de mi familia guarda malos recuerdos. Pero la vida sigue, los años pasan. Y los grandes hombres del país se encargaron de manipular y rapiñar la realidad de todos hasta que nadie la reconoce. Somos pueblos hermanos. Pueblos en edad de emanciparse o de enrollarse o de casarse. La gente de aquí como la de allá o acullá es la misma gente. Con la misma proporción de indeseables, encantadores, ladrones, graciosos, amargados o genios. ¿Alguien piensa que los insultos son una opción y que la generalización hace honor a la verdad? Decir catalán, como decir andaluz, vasco, gallego o madrileño no es decir casi nada. La casa llamada España es la casa de la multiplicidad. La casa de la multiculturalidad. Tenemos esa suerte. Nadie que sea listo, que sea honesto, que sea generoso, que sea divertido, que sea solidario, que sea moderno, que sea legal puede desear que la pluralidad se convierta en pobreza y la polifonía en uniformidad. Amo a mis amigos catalanes, singulares a más no poder. Quiero verlos felices, libres, saludables y comprendidos. Amo a mis congéneres andaluces, peculiares como ellos solos. A todos y cada uno de los pueblos que nos componen, complementan y enriquecen. Juntos estaremos bien siempre que no haya hegemonías. Separados estaremos bien siempre que no haya odio sino admiración. Allá por los ochenta, ya lo decían los guasones: España es Una, porque si fuera Dos todos estaríamos en la otra.

Es fácil reflexionar con sosiego frente al mar y difícil no perder el hilo en el tornado del día a día. No obstante, me impongo el ejercicio de pensar en el respeto a las verdades íntimas, a los derechos sociales, a las necesidades de nuestros días, a las versiones históricas, a la capacidad de decidir por uno mismo y a todas esas cuestiones básicas estén o no estén contempladas todavía en nuestra Constitución (que por cierto contiene productos caducados, como los frigoríficos que no se abren).

sábado, 3 de junio de 2017

¿dÓnde estÁ "FUERA" eXactaMente?

Chagall. The Traveller
Fuera de onda.
Fuera de lugar.
Fuera de manada.
Fuera de contexto.
Fuera de tiempo.
Fuera de tus casillas.
¡Fuera de aquí!

¿Qué es “FUERA”? 
¿Dónde está FUERA exactamente? 
¿Adónde me tengo que dirigir para llegar a FUERA?

¿Es FUERA un lugar, un estado de ánimos, una convicción, una devoción, una determinada configuración mental, un ritmo, una hora, una casa, una calle, una ciudad, un país, un continente, un planeta, una galaxia?

¿Es FUERA una condición que alguien me impone?

¿Por dónde se llega a FUERA?
¿Por qué se llega a FUERA?
¿Vengo yo de FUERA?
¿Quién puede enviarme a FUERA?
¿Quién es el dueño de “DENTRO”?

sábado, 29 de abril de 2017

OBJETOland

Texto para la exposición "Hecho de Memoria", de Sebastián Bayo Oñoro.
Sala Luis de Ajuria, Vitoria-Gasteiz
Del 28/4 al 20/5